viernes, 7 de agosto de 2009

La creación evidente



Para poder descubrir el principio de todas las cosas, la esencia misma de una naturaleza deseada y deseante pero nunca conforme, se deben adoptar unas aptitudes en la vida que conllevan sacrificio. Y es tanto el sacrificio que muchos quedan en ese camino. Y publican artículos en medios de comunicación, editan algún libro, le saludan en su pueblo al pasear por las calles. El grado de satisfacción temporal es grande, aunque el autor (artista) sepa que son humos de poco futuro.

Nos conformamos con la evidencia, aunque todos buscamos la esencia. Incluso esa evidencia llena a algunos. Y nuestra obra quedará enmarcada en los recortes de nuestros hijos y nietos. En esa familia hubo una vez un artista, un poeta, un músico. Pero ya el círculo se ha cerrado, el entorno es reducido y limitado. Y la esencia se limita exclusivamente a algo temporal y perfectamente localizado.

La creación exige un gran sacrificio. La creación es ruptura. Abandonas tu vida para poder entregar a los demás tu propia creación, la búsqueda de una forma sin fondos y de un fondo sin formas.

Fondo y forma. Esencia y evidencia. Y la decisión se debe realizar conscientemente. Es sí o es no, pero algo debes hacer. El silencio y la inactividad no son válidas en este momento. La actuación comienza, pero sin espectáculos públicos. Internamente.


jueves, 6 de agosto de 2009

Aleph



El mundo conocido es sólo uno. No hay más mundos por descubrir. El Aleph por tanto es una ficción de Borges, o la cardinalidad de los conjuntos numerables.

Tenía tantas ganas de descubrir el Aleph que quedé planchado al saber que su existencia era imposible. Pero además de ser imposible es innecesaria. No lo necesitamos en absoluto para poder vivir, para poder salvar la propia numeralidad.

El mundo por descubrir es exclusivamente el de cada uno de nosotros, nuestra existencia o nuestro propio yo. Pero no valen los deseos, ni siquiera las definiciones afectivas. Valen las formas.


lunes, 3 de agosto de 2009

Murakami-Mishima-Capote



He desayunado con el gato de Murakami. He almorzado con el amante de Mishima. Y he cenado con el camaleón de Capote. Hoy llevo un día completo. Muy completo. Hasta me duele la cabeza y el estómago no deja de molestar. Mezclar los alimentos es hacer experimentos literarios absurdos.

La muerte es mal compañera, mal consejera. Prefiero un libro de poemas de Vázquez Montalbán, por ejemplo Una educación sentimental. O tal vez de Cela, Pisando la dudosa luz del día. La noche conviene decapitarla en la sombra, en su propia eternidad.

Ese verso quiere salir pero no puede nacer. No debemos forzar los entresijos del poema. Las cesáreas literarias suelen provocar prematuros innatos. Y este género se presta a los sietemesinos.

Seguimos buscando el principio de todas las cosas, pero hoy no espero que amanezca.


El hortelano



El hortelano, era un gilipollas. Vendió su parcela (que la hicieron urbana por cierto) a cambio de paz y tranquilidad. Menudo cabrón.

Había intentado hacer un huerto ecológico entre tanto árbol, y le salió rana. Los bichos se comieron su cosecha, él no quería nada de sulfatos ni abonos, y acabó como acaban los tiesos, como una mojama.

De ahí que se comprara un perro, al que ordenó y mandó, el famoso dicho. Y el pobre perro ni comía (tenía que cuidar y acabar con los bichos) ni dejaba comer.

Se quedó sin cosecha, el buen o mal hortelano. Para su pena, y dicha.


domingo, 2 de agosto de 2009

Come pero no deja comer



Lope de Vega ya nos enseñó los amores desconcertantes, en sus desconcertantes sonetos, entre Diana y Teodoro. Pilar Miró llevó la obra al cine. El perro del hortelano, da para mucho. Pero no quería ni hablar de Lope, ni de la Miró, sino del dicho.

Dicen que el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Pero eso no es cierto del todo. Ni del todo ni de parte.

Veamos. Si el perro comiera y dejara comer no sería el perro del hortelano, no sería perro. Si en cambio no come, pero deja comer, sería imbécil. Y si come, pero no deja comer, sí sería un buen perro.

No sé si lo habéis entendido a la primera. Para ser perro debe ser, y en primer lugar ser un buen can, que come, pero nunca deja comer. Así, es en su integridad lo que esperamos de él. Dejar de ser, es perder su condición canina, y por tanto existiría imaginariamente en la mente de aquellos que han forjado pura literatura, pero nada más.

Cuando utilizamos el dicho y lo aplicamos a una persona para referir una actitud, lo estamos haciendo equivocadamente. Ya que esa persona, al dejar de comer dejaría de existir.

Por tanto la expresión correcta sería: “El perro del hortelano, que come, pero no deja comer”.

Esta carga de talentos se ha producido hace unos días en una discusión entre un perro y un camaleón. Mientras el camaleón argumentaba el porqué de sus cambios de color, el perro le explicaba orgulloso que tenía un dicho popular, pero estaba equivocado. El camaleón se puso rojo, dio media vuelta y se marchó cabizbajo.


sábado, 1 de agosto de 2009

Duquesa de las Olas



En la playa, cada día hay más top-lís. Esas peras a la deriva. De todos los tamaños. De todas las clases y marcas. Conferencias, de San Juan, Williams, limoneras, del Comicio, Concord, de Agua, arrugás…

Hoy he conocido a una señora. Mayor, muy mayor. Bajó a la playa con albornoz celeste. Zapatillas de baño a juego y silla reglamentaria. Sin sombrilla, como las buenas soportadoras de sol de atardecer.

Cada paso que daba llamaba la atención. De pronto todos los que estábamos allí volvimos el rostro a su presencia. ¡Qué elegancia! ¡Qué pleitesía! Cada paso era un arte, y todos, los órdenes griegos.

Se sienta en su silla, y una niña que le acompaña fue a jugar a la orilla. ¡Es un gusto verla! Pregunto y me dicen que se trata de la Duquesa de las Olas, enviudó a los cincuenta, y ahora veranea en mi Urbanización.

De esos labios sólo pueden salir palabras de éxtasis. Gloria bendita, ¡qué dirían en mi pueblo!. Pero habló. Y soltó por esa boquita, con comisura de labios de Chanel, auténticas burradas.

- “Caroline, te he dicho sienes y sienes de veces que no jociques en la arena, hija puta”.

Y así se despachó la Duquesa a su nieta ante nuestra sorpresa. Los conocidos del lugar ya la habían oído en otras ocasiones, y no se molestaron. Yo, en cambio, sí, quedé perplejo. Tanta gracia había muerto. Tanto señorío acababa de agonizar.

Se quitó su albornoz celeste, y top-lís. Joder, ¡qué fuerte! Peras de agua mineral de Solares, la que sólo sabe a agua. Y a la altura del ombligo, para no defraudar. Y del tanga de leopardo, otra sorpresa. Nudo en la delantera. Y me dicen que fue muy moderna en su juventud. Que se puso una anilla en el papo, cuando no existían los piercing. Y ese nudo, lo tiene, porque el papo le llega a la rodilla.

Duquesa de las Olas, me has defraudado. Una barbaridad.



(Selu, lo del papo es tuyo, miarma. Con todo tu arte.)