jueves, 5 de abril de 2012

Para no decirte adiós


AUNQUE la mayoría de los textos que configuran Fábula están escritos entre los años ochenta y los noventa, no puedo negar que la muerte de mi madre ha provocado un trastorno visceral y equidistante. Lo ha desconfigurado todo.

No me reprimo, no puedo hacerlo. Leo a Platón, a Leopardi, a Hölderlin, a Rilke. A Novalis lo dejo para las discusiones. Las mismas que mantenemos don Nicanor y un pobre aprendiz de la nostalgia.

Abrazo a Manu, a Jorge le recrimino sus actitudes palaciegas (él sabrá) y a Natalia le digo que en la tele está muy guapa. Simplemente eso. Madrid en primavera es un ardor incierto y primitivo. ¡Qué maravilla!

Llevo toda la vida llamando a mi madre por la noche, en la naturaleza. Y la naturaleza me dice que el teléfono no existe y que en la casa que habitaba ahora viven las sombras. ¡Qué descarado! Un misterio que nunca resolveré y una gota en el vaso que rebosa. Los primitivos flamencos. Los aduladores. Los inciertos.

Respiro humo y polución. Viajo con mi maleta de colores (el regalo de María) hasta el hotel que está cerca de Atocha. Una argentina muy bella me hace el check  out. Ya no tiemblo, desespero.

Me piden poemas y respondo que no tengo, que el poeta no fabrica, crea. Lo hago con pasión, con desencanto, con desconcierto. Hablo conmigo mismo de los muertos y a los vivos los dejo para mañana. Se hace tarde y tengo frío. El mismo frío que tenía mi madre el día de su muerte. La tapé con la colcha, con aquella colcha blanca que indicaba servicio andaluz de salud.

Tembló mientras negaba. Con su rostro asentía, desesperaba. Llegaba su hora y lo sabía. Nunca aprendió a soñar. Es muy tarde y hace frío. ¡Has destrozado mi vida y lo sabes!

 

miércoles, 4 de abril de 2012

Se está haciendo tarde (nueva versión corregida y aumentada)





Naturata


ME he sentado en la hierba a leer a Leopardi. No hay escrito menor del conde Taldegardo. Su obra es infinita. La naturata oscura y verdadera se acerca a la naturaleza que todos deseamos. Pero para él su obra era menor, sin importancia. Solo aciertan los grandes, los bienaventurados. Los que asumen con fuego a su propio infinito.

Madre en el parto, en el querer madrastra. Consuelos y piedades. Es el Romanticismo, la clave de la poesía, la continuación de Platón y de los presocráticos. Es el Romanticismo.

El dolor de cabeza se necesita para crear, para leer, para vivir. Sin él estarás muerto. Leopardi se miraba y observaba el fracaso, la agonía permanente. Nunca reconoció a su propio infinito que buscó como Novalis. Encontraron cosas, razones, sentimientos, hallaron a la naturaleza, la madre de las madres.

Me he sentado en la hierba a escuchar como habla, en diferentes lenguas, está a mi lado, pálido, triste, da impresión de menor pero es un grande. El físico engaña, como lo hacen las moscas.

Dan dolor de cabeza




DON Nicanor me envía, dedicado de su puño y letra, una edición de Poemas y antipoemas. “Queda pendiente la dedicatoria”, indica. Pronto estaré a su lado. Abel me regala la segunda edición de Poemas y antipoemas (Nascimento, Santiago de Chile, 1956). El libro de la primera edición de 1954 lo he comprado. No tiene precio. Magnífico estado de conservación.

De Leopardi prefiero sus verdades. Por ejemplo, sus escritos menores. Como en Hölderlin. De los escritos mayúsculos, sin dedicatorias pendientes, se aprende de la vulgaridad, del estilo desenfadado y de las costumbres para otros impropias.

La armonía está presente en las reuniones sociales, en los ecos de familia y en la propia mansedumbre. Quien hubiera mantenido relaciones extremas ajenas a su estado social, figurarán en pleno desencanto, lejos del desconcierto, de la realidad.

Platón lo dice claro: quien habitara entonces en las sombras no dispondrá de armonía ni de criterio.

Don Nicanor ha dibujado tres cruces. Las mismas que se observan en el Nascimento. Lo indecible es la falsa imagen del misterio. La auténtica razón, la diferencia. Lo que pudo haber sido, la realidad del otro. Viene la libertad con sus lamentos y lo observa todo. De Leopardi sus escritos menores. De Hölderlin su ambigüedad. Del vaso con hielo y wiskhy, el olor de las velas.

Lloro con piedad y es la cierta ignorancia, la misma realidad y diferente argumento. Dice don Nicanor que el hombre, como el sapo, salta con las mentiras. Y debe ser así. No saltar implicaría que lo falso es real y la verdad misterio.

“Queda pendiente la dedicatoria”. El hermano de España desea, ardientemente, estrechar en los brazos un aire y una lágrima. Quema la lágrima, la presencia es ausencia. Pero, no olvides, de Leopardi, los escritos menores. Los mayores dan dolor de cabeza.

martes, 3 de abril de 2012

La carencia


DOY vueltas en torno a la verdad y me habitan las sombras. Odio a los injustos, admiro la carencia. Llueve y hace frío. El tacto es presente y es futuro. El tacto, como el tono, nunca será pasado.

lunes, 2 de abril de 2012

El laberinto de la tormenta


LA oscuridad de Parménides es la propia claridad del poema. Es la necesidad, la naturaleza como historia crítica. Tengo escritos unos números en un cuaderno marrón. La portada de ese cuaderno indica LVA en mayúsculas. Son las claves para entender La vida alrededor como la primera obra de Fábula.

Es la duda del Teeteto de Platón. La alegoría.

En este tiempo anochece antes. Las tardes son más frías y las nubes pasan más deprisa. La visita es efímera. En el Critias entendemos que hablar de los poetas es muy difícil.

He llamado a un joven poeta, inédito. Mandó hace unas semanas un libro que he leído. Llevo retraso pero son muchos los que diariamente envían. Lo he leído y me atrae, me gusta, me aprisiona. El joven autor posee ese poco de ti que va contigo. Tiene oficio.

La conversación ha sido corta. Me interesa publicarlo. No hay oscuridad en sus versos. Es la necesidad de Parménides en la naturaleza. No hay poema opaco ni están escritos en hexámetros.

Miro a la mesa y hay tres velas encendidas. Llevan toda la tarde ardiendo. El fuego es el espejo de la verdad y el misterio. La naturaleza de la confusión libre, el laberinto de la tormenta. Me acerco al comedor y soplo a las velas. Se apagan con el humo. El olor a cera aromática es intenso. Apenas huele a tabaco.

Con las manos agarro los cristales que soportan la cera. Arden. El calor es necesidad, es naturaleza. El joven poeta no pide nada a cambio, sus versos son buenos. Siempre se aprende de lo ajeno. Arrojo a la papelera los folios de un intento fallido. Vuelvo a leer los versos del joven poeta.

En la naturaleza la oscuridad es el misterio que nadie reconoce. El argumento que alguien intentó culminar. La verdad y sus sombras. La claridad del poema de Parménides. La analogía de JRJ. Los objetos estables, tus versos, los poemas. El valor de la razón de la palabra.

domingo, 1 de abril de 2012

Colegio Santo Ángel de Puerto Real (1969)




Puerto Real 1967


PARA los presocráticos la búsqueda era el origen de lo que podía haber sido. He tardado muchos años en encontrar la foto de la tía Juana en su patio vegetal de Marqués de Comillas, en Puerto Real.

Tras el reciente fallecimiento de mi madre y los desagradables momentos que uno debe aliviar con los recuerdos apareció una foto. De 1967. Con la tía Juana en su patio. Unas semanas antes de la boda que tanto me aprisiona.

Encontré a la tía Juana muchos años después en un autobús de línea. Ya había fallecido. Hablé con ella largamente, tal vez intentaba que recordara algo de nuestra historia, pero nada. Era Juana pero no era Juana.

Es el confuso laberinto de la verdad y su honra. Se hace tarde y llega el frío. Me pierden los recuerdos, será la edad, será el misterio. Es la histeriagrafía.

Ahora busco la foto de hizo José Antonio, el restaurador de imágenes sagradas, en la azotea de Moguer. El patio de 1967 y la azotea de Moguer son los ángeles negros que visitan mi sombra todos los días.

Noviembre de 1966. Cumplía dos años.


Año 1967. Con la tía Juana en el patio de Marqués de Comillas (Puerto Real), semanas antes de la boda.