viernes, 5 de abril de 2013

A un lado y a otro




HAY un trabajo gustoso que reproduce todas las obligaciones, una forma de actuar que recorre las venas al atardecer. Alma, virtud, naturaleza, unidad. Dejo a un lado los libros de poesía, en el otro los cuadernos marrones. En el centro existe un hueco inmenso, infinito y neutral. Anochece. Preparo cena a Sócrates sin daño, evito querer a las definiciones.

La limpieza del hogar es belleza de espíritu. No queda ni un solo insecto. Deben andar afuera, entre los árboles, en la tierra, sustentados por el aire y por ese poco de hoja que sobresale. El tronco de la encina a la que abrazo posee en su centro un hueco generoso.

La parte exterior de la corteza, ese lugar público donde habitan las arañas, muestra su dureza y la indefinición.

Ha subido el ángel negro a la lámpara. Miro los dedos. Llevo dos anillos. Siento la sangre que recorre las venas. ¡Qué trabajo gustoso!

 

jueves, 4 de abril de 2013

Por si os apetece...


...se puede ver AQUÍ.

Dos menciones de "Libre de la tormenta"


Se pueden leer AQUÍ.


Un proceso justo




UN masón con coleta ha intentado arrebatarme el banco de San Clemente. Sharleen, Crisipo y Nacho me acompañaban en la lucha. Al final, quien posee el mandil, se ha marchado.

Aquellos que me ayudan han recibido una lección de poesía de Platón.

Todos los que desean arrebatar acaban percibiendo la injusta virtud de Cicerón. Tiendo la ropa al sol. Se seca en porciones, ejercicios de inutilidad que no percibe la tela. No concebimos la fuerza del sol, cuanto tenemos a nuestro alrededor no es originario, acaso transparente.

No existe el pasado porque en el ayer ya estamos, y hoy es presente. La ceniza del tabaco que hemos fumado cae ahora en agua con el leve chasquido de la melancolía. El pasado nunca existió, recorría los besos sobre la bicicleta blanca a los ojos del pájaro que todo lo define.

En el banco de San Clemente formulé las primeras incógnitas que resolvieron Platón y otros poetas. En el banco de San Clemente declaré el amor a las nubes y a las estrellas. En el banco de San Clemente llevé los dos anillos que frotaba en el pantalón vaquero, el brillo luminoso del resplandor se hizo sombra en el banco de San Clemente.

Y un masón con coleta miraba con premeditación al único y válido interlocutor, su pasado, aquello que no existe.

No juzgarás el deseo del prójimo mientras no reproduzcas tu propia muerte en un proceso justo.

 

martes, 2 de abril de 2013

Las brigadas no literarias




HUBO una vez un búho que visitó mi casa por la noche. Nos sentamos en el porche y, entre gusano y MM, comenzó a definirme su visión del centro indudable:


UN poeta no puede confundir la religión con la literatura. Hacerlo es un error que lleva al lado oscuro. Se convierte en alguien con ausencia de criterio literario y hacedor de palabrería hueca y sin fondo.

Su oscuridad es recalcitrante. Formará parte de las brigadas no literarias que circulan por los hemisferios de la mera instrucción.

El fondo es esencia, la forma es presencia. Defender la imposibilidad no es argumento, ni principio, ni analogía, es alteración y error.


Dando un sorbo al MM fresco y agarrando con fuerza en la mano izquierda Poemas y antipoemas, repetí: Las brigadas no literarias, los recalcitrantes. Los recalcitrantes.

lunes, 1 de abril de 2013

Los dos anillos




EL día que murió la poesía estaba matando hormigas y arañas. Me avisaron con un telegrama celeste que trajo el ángel negro. Tuve que firmar en un libro con los cantos dorados. Entonces me fijé en los dedos del ángel: estaban los anillos, los dos.

La lagartija rápida, aquella que se esconde en los troncos de leña, también se ha dado cuenta de la existencia de las joyas en los dedos del ángel y ha soltado carcajadas burlescas. ¡Luego te enterarás! –dije con sorna-.

La poesía depende de sí misma para fortalecerse. Ni siquiera de los poetas. La poesía es como la lagartija rápida, vence en las derrotas. La poesía es razonamiento, nunca imitación. Fábula es el criterio que solidifica la materia primera en el entorno circular del centro indudable.

El alma de la poesía es su justa presencia, la conciencia coherente. Los paseos por Roma con Nacho en 1984 proporcionaron la lógica de la palabra, la visión de la araña, el trabajo de la hormiga o la rapidez de la lagartija.

Dos rabilargos crueles pican los dedos del ángel negro para quitarle los anillos. El ángel se resiste. Los pájaros abandonan el nuevo género de la desesperación. Mantiene los aros. La continencia no será autodominio, es suerte, caos, desconcierto.

Por las venas fluye el ímpetu, la juventud, la cuna y sepultura de este confuso laberinto. Han pasado los años, vagando ha transcurrido el tiempo. El llanto de A. interrumpe la fijación de los ojos del ángel en un nuevo anillo que poseo. La poesía es justicia, lo justo es superior a lo injusto pero no es convencional, es extraordinario. El caos siempre será justo. Lo antinatural nunca será desconcierto, mejor desencanto.

Han llamado a la puerta. Bajo rápido de la azotea para no subir nunca más. El ángel negro trae dos anillos. Dice que ha muerto la poesía.