miércoles, 4 de septiembre de 2013

Moda y complementos




Los indolentes buscan unificar a las personas justas con las personas útiles. Lo bello será bueno, con orden y eficacia, la proporción del ser radica en su vergüenza.

Desde hace muchas semanas no suena el teléfono y si lo hace no respondo. Me gusta comprobar los números que han hecho las llamadas por mera curiosidad. La admiración es privacidad y su ausencia diálogo. Prefiero la imaginación al entendimiento, la filosofía a la pretensión, la poesía a la no poesía.

No debemos interpretar, el arte obedece a los géneros supremos que siempre son opuestos. De la generación del caos proviene la fortaleza, del tono la invasión y el vértigo, del ritmo la pureza de la palabra auténtica.

Ordeno libros. En la definición de unidad hay desorden, desorden del mundo.

Hablo con Saúl aunque él no esté presente. Sigue respondiendo en su lenguaje, en sus palabras no hay patriotismo. Por complacer a mis superiores cambiaré la leyenda de la entrada a casa. Quitaré el azulejo que anuncia SILTOLÁ y en su lugar pondré:

MODA y COMPLEMENTOS

La poesía es una causa artesanal, la única que existe en realidad. Perseguir la verdad es la meta del justo, sin nadie que intervenga. Y si hay alguien nunca será conocimiento superior.

Sobre "Libre de la tormenta"




Se puede leer AQUÍ.


martes, 3 de septiembre de 2013

La educada justicia




La forma y la proporción de las bellotas ayudan a reforzar la idea de bien, de armonía. Bendita geometría la de los girasoles en su búsqueda de la luz, de la verdad, de la virtud.

A pesar que los indolentes animan a mirar hacia arriba bajo la cabeza para divisar el suelo, a los seres que permanecen anclados a la tierra y sin esperanza de liberación. Allí no se observa la geometría, como una línea vertical que nunca será auténtica.

Contemplo las sombras en el piso y recuerdo la poesía plana, aquella que no posee naturaleza y es imitación. La no poesía se humilla con bajeza, con el exceso de una precisión errónea.

Después del incidente me despido de todos los números que completan el origen. A cada uno otorgo un presente. Saúl también se marcha en su presencia física, permanecerá su educada justicia.

Me abrazo a los indolentes y entonces miro la luz, que es lo bello y lo bueno. El sol se cubre por unas nubes que expresan el uso correcto del lenguaje.

Si no vais a volver dejadme la señal.

Con la educación de una formación militar cruzan el porche hacia la puerta de salida. Ninguno mira para atrás.

Tomo el espejo e intento reflejarme. No aparece nada. Vuelvo a hacerlo por oposición y no hay actividad en los sentidos. Es la raza mortal que muestra su ridículo.

 

El discurso y el orden





La madrugada se ha visto interrumpida por el llanto desesperado de un niño. Era un congojo, no concebía esperanzas. Acudí al indolente número 30, el que ejerce la curación con las propias manos. Sus dedos reflejaron luces, una iluminación blanca. Sin apoyar las manos en el niño el indolente paseo las palmas por su cuerpo. El niño remitió en su locura y siguió dormido con placidez.

Lloramos para crecer, amamos para aprender. Y seguimos las causas que las normas contienen, la identidad personal es miseria en sí mismo, orden universal, ausencia de reconciliación.

Siempre viene la luz en la locura, es el tránsito estable, la gloria de la contemplación.

Aunque deseo partir la fuerza que trasladan los indolentes me apasiona. Ellos son la esperanza, el discurso y el orden, la auténtica poesía.

Los indolentes pretenden enseñar aquello que empezaron, administran el razonamiento, todos nacemos de nuestros contrarios, es el caos, lo que podía haber sido, no ser para ser.

Apenas oigo nada, falta estabilidad, dignidad, venganza. Fumo para vaciar el cenicero de colillas.

domingo, 1 de septiembre de 2013

El enfrentamiento




El gato negro apareció esta mañana con media cola. No sé si tuvo un accidente o un enfrentamiento, lo cierto es que su larga y gruesa cola negra estaba cortada y no era el mismo. Por más que intente pasarla por mi pierna retrocedo un poco y evito el roce. Se acabaron los sobresaltos, las inclinaciones, aquellos escalofríos que decían terminar con la veracidad.

La encina que tiene la parra de adorno ha muerto. Todas las ramas secas, las hojas marrones y la vida en el suelo. Se ha muerto la encina de la parra, la que posee babas en demasía. Lo considero un robo, casi una leyenda.

A pesar de la muerte de esa encina las otras comienzan a dejar caer bellotas en el suelo, son bellotas pequeñas, bellotas minúsculas. Los pájaros, el viento o la fuerza y su ausencia hacen que caigan.

He visto huellas en el porche esta mañana, eran huellas de pies descalzos. Lo comprobé esta mañana. Era muy temprano. Me asusté al observarlas y me sobresalté al pisarlas. Debió ser un pie muy similar al mío. O tal vez en la noche salí sin entenderlo a pisar la húmeda fuente de la soledad. Los ladrones no madrugan, o no se acuestan o llegan tarde.

Hay tierra en la base del tronco de la encina muerta. Creía que eran hormigas pero resultó un gusano violento que aprovecha la debilidad para robar la vida.

Miénteme. Hazme sentir sin miedo en esas despedidas que tocan los ojos.

Me preguntas por algo que destruyo y es tu vida. Ni deseo ni quiero, tampoco poseo, solo habito la más oscura de las asimetrías.