miércoles 29 de febrero de 2012


AHORA estamos desnudos, repletos de la mansedumbre, gloriosos por el hecho de ser, de estar, de padecer. Somos las bienaventuranzas. Las razones de vivir consigo mismo. Nos sentimos la mitad de alguien que nos aprecia y nos quiere.

Demostramos pretéritos, hasta el pluscuamperfecto se ha quejado de vicio, pero amamos la vida.

Ahora tenemos lo que debemos tener y somos lo que debemos ser. Hablamos del amor con la madrugada, con la mañana, con las nubes y con los rabilargos.

Mientras llega la vida florece la poesía. Y ahora, ahora que ocurren todas estas cosas, ahora estamos muertos.

martes 28 de febrero de 2012


AQUELLO que se toma prestado se agradece, se reconoce. El fin es la asimilación pero también la ocultación. Respeto, hablabas de respeto y sonaba la música de alguien. Seguro que era un clásico, un soberano, un poeta.

Amamos lo que podemos observar, imaginar y recordar se superponen y confunden. Impresión/expresión.

Todo lo que nos llega es recibido con los brazos abiertos. Respeto. Respiras varias veces. Observas las nubes, los pájaros, los árboles. Las naranjas están muy lejos, es complicado que puedas encontrarlas.

Cuanto descubrí intenté plasmarlo en La muerte oculta (1996). Ahí, escondidos entre los versos, se encuentran los matices, la fórmula mágica del respeto. Pero siguieron llegando frutas: manzanas, peras, castañas o bellotas. Y todas engañaban. Era la apariencia de la carne, la inducción al equívoco, la contaminación de la razón de la palabra.

Llegaba la ilusión con tonterías, dejabas aconsejarte de algo o alguien por el simple hecho del dictamen de ese órgano que se regulaba a sí mismo como competente. Las sanciones resultaban los silencios, los premios eran las tutelas.

Y ocurrió un día, de verdad, que la razón de la palabra intervino en todos los negocios florecientes, e hizo justicia. La mutua repercusión de las frutas. Y en el centro del bosque. En la azotea de Moguer. Buscando los anillos.

Mientras paseaba con la nube que tiene forma de poema alejandrino y escuchaba a la tía Juana, aprendí que el respeto es la base de la razón de la palabra. El respeto es veneración, pero también deferencia. Dejemos la ostentación para los necios.

lunes 27 de febrero de 2012


HE robado naranjas. Me alejaba de toda referencia y apareció un árbol. Estaba repleto, hasta las ramas vencían su propia mediocridad. Lo ajeno nunca puede tomarse para sí, tampoco la fuerza, la emoción. Las referencias engañan, condicionan. ¿Has probado a apartarlas de tu vida? Sin ellas no existimos pero la pureza del lenguaje, la razón de la palabra siempre viaja desnuda. Somos naturaleza. Esencia, calidad, fuerza, origen. Somos el privilegio. El principio debe resultar puro, libre, exento, correcto, exacto.

Si consigues robar una naranja sin ser observado habrás conseguido un matiz. Si lo dices, lo plasmas y hasta lo resucitas tendrás un desvío. Lo extraño y lo vicioso.

La razón de la palabra es pura, natural, como lo es la referencia que no debes tomar. Ni siquiera engañado por los desvíos faltos de rectitud.

La palabra no necesita engendros, desea insatisfacciones. Toda referencia conduce a la mentira. Es una negación de la propia palabra. Vuelve la condición, la ley de la superposición mutua. ¿Es tuyo o es ajeno? ¿Seguro?

He tomado una a una todas las naranjas y las he arrojado al centro del bosque. El ruido que emitían mientras las lanzaba era el mismo sonido que reportan los libros que arden. La rabia no era rubor, era un castigo, la sanción que se impone al poeta que adopta referencias en exceso.

Pero robé naranjas. No una, fueron varias. El exceso se sale de las reglas. Debemos abandonar las referencias, las citas, los catálogos, las enumeraciones. Lo ajeno no es nuestro, nunca será impuesto. Son naranjas amargas.

domingo 26 de febrero de 2012


SIEMPRE somos naturaleza.


SIENTO vergüenza. Son dos días y uno lo dejas para más adelante. La sombra que ha preguntado dice que se ha separado de su mujer. Bueno él o buena ella. La ley de la satisfacción compleja.

Cada día presumo menos de las referencias. No acudo a ellas. No puedo hacerlo. La referencia es el mito que habita en las entrañas. Pero que nunca deja de ser un mito. Y el mito es un atasco. Un atraso. La ley de la insatisfacción.

Mencionar a Catulo, a Parra o a Valente dispone de esas incógnitas reales y complejas. Prefiero no decir nada. Como si viajara en barco con Luis y las hermanas Braun. Lo demás es silencio. Lo oculto en el silencio.

Un  amigo ha dado un portazo a la ley de la vida. Me ha mirado con aire, ha sonreído, ha cerrado la puerta y, desde lejos, ha pedido disculpas. Que se jodan los feos. Los versos de los otros nunca serán los míos. La naturaleza de la propiedad no tendrá referencias.

Un sabio de Valencia se ha cargado al carguero. Susana le esperaba. El turco adormecía. Y tengo frío. Se hace tarde y tengo frío. Es de noche, se hace tarde y tengo frío. Sin naturalidad niegas las condiciones, tus propias condiciones. No hay oportunidad al fracaso. No me regaló nada. Debo el tiempo a Moguer, a la azotea, a los anillos. Es muy tarde.

Visto de negro las virtudes y a Jorge lo dejo para más adelante. A Manu para otras ocasiones, a María le he enviado un mensaje, a Natalia la veré pronto en la tele –como casi en costumbre-. Se hace tarde.

La naturaleza del ser humano no quiere a los gordos, a los mentirosos, a los horrendos, a los desesperados, a los satisfechos, a los que añaden palabras al diccionario, a los humildes, a los que desean estar a bien con todos y no están con ninguno, a los que no deben lo que quieren, a los fingidores, a los que se apellidan de esta o de aquella manera. Los mismos. Los del más allá. Los dolientes que serán diletantes.

La vida es naturaleza y la naturaleza es falsa, mentira. Leer por leer o por condicionar. JB era un buen hombre. La mitad de cualquiera sin llegar a ser nadie. Alguien nos condiciona. La palabra que figura en el verso no dejará señales. Reprochará talentos.

¡Quién pudiera morir y estar vivo otra vez para contarlo! Corto las venas, tomo cajas de pastillas. Muero. No soy yo. La poesía es una vergüenza. La falsedad, mentira, la ley de la satisfacción personal.

Compleja, personal, insatisfecha. ¿Vida? Deja de pajearte. No hace falta que mientas para decir te quiero. Amo la poesía.