domingo 29 de enero de 2012


HAY un poema en un libro de Leopardi que suelo recitar en los momentos tristes. Ocurre que en la felicidad, ese estado de gracias que recorre las horas de los iniciados, repito algunos versos.

Desde la silla donde estoy sentado (que soportó las últimas horas de Pound) contemplo la puerta de madera y unos cuadros antiguos con marcos clásicos, un viejo botellero hoy vacío, cinco velas, varios pitos de carnaval y un dibujo sobre mi persona que envió Mora Fandos por correo y llegó en buen estado.

Estoy en Recanati. Homero, Dante, Catulo y un poco de Confucio me acompañan. De Recanati a Venecia hay poco tiempo en coche. Estos italianos conducen de sobremanera.

Se anega el pensamiento, es una inmensidad. Leopardi no es la muerte, es la poesía. La muerte no es un mal, libera al hombre de todos esos males. Con los bienes, la muerte se lleva los deseos.

Es como los matices. Cuando encuentras uno y logras atraparlo, se lleva los desvíos. El anhelo de Safo, el alma y sus batallas.

Hay un poeta que ama el mes de junio. Hasta Unamuno le veneró. Yo lo veo sin pesimismo, hombre de bien, amores imposibles, lo que ocurre en la vida. Porque todo es igual y tú lo sabes.

sábado 28 de enero de 2012

Luis Alberto de Cuenca




Juan Manuel Bonet




Antonio Colinas





SEVILLA es una ciudad inculta, ordinaria y cateta. De día nos pela el alma y de noche la tibia. No hay misión inconfesable, ni argumentos, ni pasión. Se debe definir como una torre muy alta donde habitan los no sinceros.

Aprendo del silencio. Cada día más, es la esencia del arte, el oficio de saberse equilibrado y armónico.

Sevilla es la ciudad donde no se debe vivir, donde no se sabe existir. Su belleza se describe pero no se recomienda. Su pasión se desata pero nunca culmina.

La belleza siempre tiende a esa fórmula cerrada de círculos y propósitos. Me siento ahora con dificultad en una silla y observo la verticalidad. El nacimiento de la ignorancia es un lugar inacabado, con ausencia de todo, como esta ciudad dormida que no entiende (nunca lo hará) que los maestros vienen y pasan a su lado sin hacer ruido.

Se conoce lo que se revela, pero los sevillanos no están dotados de presencias y de correlación. Ellos están sobrados del punto de la causalidad, lo que es a priori. Necios, vagos e ignorantes. Sevillanos al fin y al cabo. 

Y así es todo lo indescifrable. Cuando se vive en la angustia se pierde el centro. Desaparece el lenguaje, se escapa la palabra.

Al filo de la aurora aparece Sevilla. Te cambio un acto humano por una respuesta. Un problema por la suerte. Se hace tarde. La pasión por la vida se baña en el Guadalquivir. ¡Qué silencioso diálogo! Tengo mucho frío.