domingo, 15 de marzo de 2015

Lope


Siempre amanece con el 1 entre los dedos. Intento acostarme mirando al 55, o al 13, o al 27, o al 34, pero el 1 desea hacerse notar y adquiere el protagonismo del instante: el tiempo que se tarda en dar una vuelta al anillo.

Esta mañana hacía frío. Un golpe rugoso en la frente despejaba las dudas, la virtud del extraño es esconderse, la realidad del justo es el silencio. Por más que se intente, aquello que merece la pena es muy limitado. Las personas sacan conclusiones y emiten sentencias que definen como certeras aunque estén equivocados. Nadie conoce la realidad como los pájaros o las nubes. Ningún mortal es exacto, ni cabal, ni siquiera inocente. Son muchos los motivos de la desviación hacia la causa propia.

La única verdad es seguir siendo considerado, y equitativo. Sigo leyendo a Lope:

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.


jueves, 12 de marzo de 2015

François Rabelais


Vi a Alejandro Magno remendando calzas, pues de este modo se ganaba allí su pobre vida.
Jerjes pregonaba la venta de mostaza.
Rómulo era salinero.
Numa, vendedor de clavos.
Tarquino, tacaño.
Pisón, paisano.
Sila, barquero.
Ciro, vaquero.
Temístocles, vidriero.
Epaminondas, espejero.
Bruto y Casio, agrimensores.
Demóstenes, viñador.
Cicerón, atizador de fuegos.
Fabio, enfilador de rosarios.
Atajerjes, cordelero.
Eneas, molinero.
Aquiles, tiñoso.
Agamenón, lameollas.
Ulises, segador.
Néstor, buscador de oro.
Darío, pocero.
Anco Marcio, calafate.
Camilo, galochero.
Marcelo, desgranador de habas.
Druso, abridor de almendras.
Escipión el Africano, recorría las calles comprando posos de vino que guardaba en un zueco.
Asdrúbal era farolero.
Aníbal, huevero.
Príamo, ropavejero.
Lanzarote del Lago era descuartizador de caballos muertos y todos los caballeros de la Tabla Redonda eran jornaleros.
Trajano cazaba ranas.
Antonino era lacayo.
Cómodo fabricaba fruslerías de azabache.
Justiniano, juguetero.
Héctor, mal cocinero.
Paris era un pobre mendigo andrajoso.
Aquiles, empacador de heno.
Nerón tocaba la vihuela.
Julio César y Pompeyo construían navíos.
El papa Calixto era barbero de montes velludos.
El papa Urbano, tragaldabas.
Cleopatra, vendedora de cebollas.
Helena, alcahueta de criadas.
El papa Bonifacio VIII era chupón.
El papa Nicolás III, papelero.
El papa Alejandro, cazador de ratas.
El papa Sixto untaba los cuerpos de los sifilíticos.


La visión del infierno de François Rabelais.


Puta vida





Mis hijos se reían de los primeros versos de esta canción. Chino, dime que yo ahora ya no necesito un cambio.


Desde mañana en Plasencia





domingo, 8 de marzo de 2015

Mucho batir de palmas


HERACLES: A partir de ahí te rodeará un soplido de flautas y contemplarás una hermosísima luz, como aquí, y ramas de mirto y alegres procesiones de hombres y mujeres, y mucho batir de palmas.

DIONISO: Y esos ¿quiénes son?

HERACLES: Los iniciados…


Aristófanes: Las ranas.



lunes, 2 de marzo de 2015

La jaula blanca


La pequeña bombilla de la lámpara de mesa acompaña en silencio a la llama de la vela. Se crea un equilibrio que solo rompe el humo del tabaco cuando golpea las hojas del cuaderno marrón. Limpio las gafas. Bostezo de vez en cuando. En las últimas semanas he dormido poco: la Zambrano, Perdona la franqueza, la conferencia sobre Platón y lecturas. Me apasiona preparar en el caos las lecturas. Acudir siempre al centro desde el borde del eje.

La jaula blanca con un gorrión sobre el tomo sexto de las Obras Completas de María. Nada se mancha, ni siquiera la tapa brillante con ojos de alimento.

Muevo los anillos. El 13 era inicio, ahora acudo al 55. Levanto la cabeza y compruebo que Pérez Galdós sigue a la altura de la vista. Tomo la jaula blanca por el aro superior y traslado al pájaro de un lugar a otro.

Abro la puerta y el pájaro no sale, se acurruca en la base para seguir creyendo. Para seguir siendo pájaro.

Hoy el movimiento de sus alas ha apagado la llama de la vela. La pequeña bombilla sigue encendida. La virtud de la armonía radica en poder vislumbrarla, nunca en la obsesión por su grandeza.