lunes, 27 de abril de 2009
Las Limitaciones del Lenguaje
COMENZAMOS a hablar cuando el presente
deja de presentarnos en reuniones sociales.
Comenzamos a hablar cuando el murmullo del viento
nos asusta en la noche
y comprobamos, más de una vez,
si las ventanas están bien cerradas.
Comenzamos a hablar cuando acariciamos,
con dulzura,
el cuerpo de una joven que se ha dejado amar
y en su defecto,
cuando las tachaduras del poema
ocupan más espacio en tu cabeza.
Comenzamos a hablar cuando suena el teléfono
aunque sea tontamente,
y nos decimos cosas en la mutualidad
del mismo afecto.
Comenzamos a hablar si nuestros padres
han envejecido un poco hoy
y entonces,
comenzamos a hablar.
Comenzamos a hablar si sabiamente
volvemos a la infancia
y descubrimos
que comenzar a hablar es promover
las limitaciones del lenguaje.
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24 comentarios:
JAVIER:
Extraña cosa es el lenguaje, que nos hace libres manteniéndonos encerrados en una jaula.
Salu2
El lenguaje, nunca nos hace libres, nunca.
Siempre nos debemos a él, y estamos a su merced.
Bella estampa la que propones, de la jaula, muy bella, y el lenguaje saliendo entre los barrotes.
Un fuerte abrazo y buenas noches Dyhego.
JAVIER:
Discrepo.
Conocer el significado de las palabras, saber utilizarlas, saber expresarnos, eso nos hace libres.
No es lo mismo decir: "me ha dado una cosa", que decir "noto palpitaciones, o es la tensión, o es el estrés, o es una indigestión o es un desengaño".
Luego está lo inefabale: esa sensación que no sabemos explicar por más sinónimos y ejemplos que pongamos.
Salu2. Sueñe usted con ese paisaje maravilloso donde se juntan el Mediterráneo y el Atlántica. Nunca he estado en Huelva pero me imagino que debe ser una gozada.
Cuando comenzamos a hablar es cuando nuestra vida se pone "al filo de la espada". A veces el lenguaje nos encamina hacia una libertad controlada, otras, nos hace prisioneros de nuestras propias palabras.
Es difícil emparejar el fiel de la balanza cuando la balanza no es siempre nuestra.
A buen entendedor, pocas palabras...
Con cariño, Javier.
Comenzamos a hablar cuando la comunicación empieza y termina en uno mismo.
Cuando emisor y receptor es la misma persona.
Comenzamos a hablar sin sentido, con instinto.
Los sonidos del hipotálamo.
Besos.
En efecto, el lenguaje manifiesta dos claros típos de limitaciones.
1 Las que sufre quien anhela expresar algo de tanta intensidad o complejidad, que le hace sentir que cuantas palabras escoge son parciales e incompletas, apenas un remedo de lo que quisiera decir.
2 Las del que quisiera hablar durante horas sin expresar absolutamente nada (p.e. nuestros políticos), pero, para su desgracia, sus palabras expresan más de lo que desearía y, luego, debe arrepentirse de ellas.
Comenzar a hablar es, también, decir "el juguete se ha rompido". Luego, todo lo que va viniendo son irregularidades.
Un abrazo, querido Javier.
¿Cuándo comenzamos a escribir, querido Javier? Esa es la clave por la que se me deriva el poema. Muy bueno, por cierto.
Saludos
Comenzamos ha hablar cuando abrimos el corazón y nos mostramos tal y como somos.
Hay veces que deberiamos hablar y callamos y otras deberiamos de callar y hablamos.
Un abrazo
Magnífica reflexión, Javier.
"Comenzar a" implica que más tarde las palabras cesarán y luego llegará el silencio, lo que no se puede decir o lo que se sobreentiende. Para mí, esta es la mejor poesía .
Un saludo
No sé por ahí, pero en muchos pueblos se dice "empezaron a hablar" cuando se empieza una relación, es muy curioso.
En cualquier caso, Javier, buena reflexión. Y tras las palabras, el silencio, que casi es todavía mejor ;-). A veces, digo.
Un abrazo
Aurora
Profundo poema, Javier, hace tiempo que estoy convencido de que el silencio es mucho más elocuente que las palabras. Antes que hablar, prefiero escribir.
Un abrazo.
Dyhego, Huelva y Cádiz. Eso de ver África en Zahara es un placer.
Acepto sus "discrepaciones".
Un fuerte abrazo amigo.
Pocas palabras Liliana, pocas palabras.
Pero no por ser buen entendedor, sino porque lo dices tú muy clarito y "mu" bien, mujer.
Un fuerte abrazo, desde el comienzo...
Hola Parsimonia. Gracias por el álogo.
¡Deformación profesional, u "oposital"!
Emisor y receptor.
Sabes, Parsimonia, la realidad es que no existen, ni el emisor ni el receptor. Existe la palabra y sobre ella no hay interlocutores válidos, ni no válidos.
Eso creo.
Un abrazo.
Querido Juan Carlos, siempre tendemos a lo mismo, como manifiesta en su opción 2.
Siempre.
La realidad, es que un poema, cuando escribo un poema, en lo último que pienso es en la política, el ARTE está por encima de todo ello.
Recibe un fuerte abrazo con admiración.
Un abrazo Juanma. Rompido, routo o destrozaito.
Todo vale, pero nada permanece.
Un abrazo.
Gracias Julio, gracias por tus palabras inmerecidas. Tienes razón, mucha, comenzar a hablar es comenzar a escribir "cuando no hay más remedio".
Un fuerte abrazo y descansa.
Toda razón Marian, toda razón, pero es tan difícil, y tú como buena poeta lo sabes.
Un abrazo alogado.
Gracias Miradme al menos, muy profundo y exquisito.
Muy agradecido.
Un fuerte abrazo con mi admiración.
Aurora, tú y Julio estais llegando al final.
Se escribe y se pretende, y mira por donde soy de pueblo, Puerto Real.
Es así Aurora, es así.
Repito, gracias Aurora y gracias Julio.
No hay más remedio, no se puede aguantar.
Un abrazo.
Pd. ¿Y Dublín, había Rioja?
Gracias José Miguel Ridao, gracias.
Yo también prefiero escribir a hablar.
Un fortísimo abrazo.
Pd. ¿Y ese mono, se va pasando?
Yo soy de pocas palabras decir,
¿para qué, hablar por hablar?
Ultimamente las suelo escribir,
gracias a ello puedo reflexionar.
Javier, gracias por este post que ha hecho que estas humildes palabras haya podido improvisar. Un abrazo.
Gracias Emma, nada es humilde si se hace con el corazón.
Un fuerte abrazo.
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