domingo, 1 de septiembre de 2013

El enfrentamiento




El gato negro apareció esta mañana con media cola. No sé si tuvo un accidente o un enfrentamiento, lo cierto es que su larga y gruesa cola negra estaba cortada y no era el mismo. Por más que intente pasarla por mi pierna retrocedo un poco y evito el roce. Se acabaron los sobresaltos, las inclinaciones, aquellos escalofríos que decían terminar con la veracidad.

La encina que tiene la parra de adorno ha muerto. Todas las ramas secas, las hojas marrones y la vida en el suelo. Se ha muerto la encina de la parra, la que posee babas en demasía. Lo considero un robo, casi una leyenda.

A pesar de la muerte de esa encina las otras comienzan a dejar caer bellotas en el suelo, son bellotas pequeñas, bellotas minúsculas. Los pájaros, el viento o la fuerza y su ausencia hacen que caigan.

He visto huellas en el porche esta mañana, eran huellas de pies descalzos. Lo comprobé esta mañana. Era muy temprano. Me asusté al observarlas y me sobresalté al pisarlas. Debió ser un pie muy similar al mío. O tal vez en la noche salí sin entenderlo a pisar la húmeda fuente de la soledad. Los ladrones no madrugan, o no se acuestan o llegan tarde.

Hay tierra en la base del tronco de la encina muerta. Creía que eran hormigas pero resultó un gusano violento que aprovecha la debilidad para robar la vida.

Miénteme. Hazme sentir sin miedo en esas despedidas que tocan los ojos.

Me preguntas por algo que destruyo y es tu vida. Ni deseo ni quiero, tampoco poseo, solo habito la más oscura de las asimetrías.