miércoles, 11 de noviembre de 2009

Post Card



Enviamos palabras de muy diversas formas. Con una carta, un mensaje telefónico, una mirada, la caricia, el llanto, una palabra. Siempre la palabra.

No es una manifestación de alejamiento, ni una compasión. Es un envío real, reconocido. Enviamos, no dejamos de hacerlo. Queremos, necesitamos, aguardamos el momento justo y el proceso comienza su comunicación.

Un poema, un verso, un fonema tal vez, y esos ojos, cerrados, oscuros, tristes. Culpas lo que no fue, lo que dejó de ser por una simple misiva.

Nos decimos adiós, sin el viva la vida, y quemamos las cartas como si fueran hojas secas.

Me marcho, es tarde ya, tengo que escribir otra carta, y no lleva destino.


22 comentarios:

MarianGardi dijo...

A veces ni siquiera escribimos, sólo recordamos.

Un beso

mangeles dijo...

¡Pues, viva la palabra¡

Besos de miércoles.

maile dijo...

¿ Enriquecen el tono, la mirada, la caricia, y le dan su verdadero sentido a las palabras, o es al contrario ? ¿Buscamos las palabras más hermosas para expresar algo hermoso o utilizamos las que resultarían más hermosas para otros?
No me gusta que una mirada fria mate la calidez de una palabra. Debería estar prohibido.

mirambella dijo...

Que bonito Javier. Las palabras se las lleva el viento, dicen. Mentira, nos quedan en el alma, tanto las dichas , como las escritas, como las calladas. Tus cartas, tus palabras, son hermosas. Besos.

L.N.J. dijo...

Me recuerdas a Patxi Andion, cosas mias, nada más.

En fin.

Dyhego dijo...

JAVIER:
Con razón aquel-la bel-la don-na italian-na cantaba: "parole, parole, parole, parole..."
Salu2 (¿esto se considera palabra, número, palabrúmero...?

Capitán dijo...

Debe haber todo un mundo al que van las cartas sin destino, buscando quién las reciba.

Olga B. dijo...

Enviamos (y recibimos) palabras de muy diversas formas. A veces son tan contundentes que nos dejan "tocados", y no siempre para bien.
Y luego, lo no dicho se ha dicho, queda escrito en el recuerdo, no siempre se puede dar marcha atrás.
Por eso, debemos poner cuidado en nuestras cartas pendientes: que digan lo que queramos decir, y que lo que queramos decir sea justo. Para qué hacer otra cosa, si son cuatro días.
Un beso, gaditano.

José Miguel Ridao dijo...

... o un álogo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Tienes razón Marian, y el recuerdo es la duda.

Un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Muchas gracias Mangeles.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Creo que es al contrario Maile, siempre al contrario.

Opino también que debería estar prohibido, pero mira por donde, que nunca lo está.

Gracias.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Gracias Mirambella, un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Lou, cosas tuyas, ¿tal vez la barba?

Gracias.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Diego, la palabra y el número unidos, son una bomba.

Gracias.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Me encantaría saber dónde van, y leerlas, Capitán.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Olga. Mucho cuidado, mucho, a veces calladitos estamos mejor.

Te lo dice un gaditano.

Un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

O un decálogo, José Miguel.

Un abrazo.

Liliana G. dijo...

Gran verdad, Javier, las cartas pueden ser quemadas pero la culpa queda siempre, es mentira que a las palabras se las lleva el viento, no hay nada que arrase con ellas...

¡Ah! No siempre aguardamos el momento justo para comunicarnos, allí reside la madre de todos los males.

Cariños.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Es así Liliana, a veces no llegamos, o tardamos más de la cuenta.

Y esa insignificancia, derrumba una existencia.

Un abrazo.

Mery dijo...

También enviamos mensajes con el gesto, con los ojos, con un beso lanzado al aire...
Una entrada muy bonit, linda, que decís por el sur.

Un abrazo

Javier Sánchez Menéndez dijo...

¡Decimos tantas cosas por el Sur!

Gracias Mery.