martes, 24 de noviembre de 2009

La muerte y la esperanza



Juana era la tía de mi padre. Habitaba el ala sur del caserón de Marqués de Comillas. Enviudó joven y desde entonces su compañía eran las monjas y los árboles.

Cuando tuve tres años organizó una boda. No conocía a la novia, y fríamente, sigo sin conocerla. En el patio de pilistras y naranjos y bien caída la tarde, aquello era una mezcla de sacramentos irrenunciables.

Pantalón corto, pelota en mano, y ella con muñeca antigua. Más que una boda parecía un desfile.

Nunca entendí esa boda. Intenté recordar y escribí varios poemas. Nunca la comprendí.

Mi tía falleció hace muchos años, con el mismo moño blanco y las horquillas saliendo del cabello, queriendo escapar de la vejez. De luto riguroso tenía la tez muy clara, y los mofletes rojos, sana como una pera su vitalidad era una adivinación.

Me acordé de la boda en los camerinos, cuando tocaba el bajo. Pasé a la Custom. Más eléctrica, más tocable, más sacramental.

Cierro los ojos y observo a mi padre comiendo cañaillas. El ritmo del bajo hace que vuelva a cerrar los ojos. El sentido de ritmo, el tono, la esperanza. En el fondo un verso es la consecución de notas musicales. Y un poema es la canción de nuestra vida, de la boda que nunca existió por los juguetes.


28 comentarios:

Siab-MiprincesaAzul dijo...

Me ha gustado mucho lo del poema q es la canción de nuestra vida...
un beso!!

Olga B. dijo...

Extrañas bodas.
Pareces triste al recordarla mientras tocabas el bajo. Cerrar los ojos y pensar en música.
Buenas noches, gaditano.

Máster en Nubes dijo...

Pilistras y cañaillas, ¿que son?
Tu tía me ha recordado a otras tantas. Las tías viudas o solteras eran una institución antes. Un fuerte abrazo, estos recuerdos me gustan.

Aurora

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Un abrazo Siab.

Muchas gracias por el álogo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Buenas noches Olga.

Desde luego. Siempre que la recuerdo, tal vez por mi falta de conciencia, acabo triste.

¡Es la vida!

Gracias.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

La pilistra es un arbusto macetero del Sur.

La cañailla, está muy buena, muy buena. Con un poquito de limón, y fuera de su concha.

Un abrazo Aurora.

Paloma dijo...

Me has llenado el alma de niñez y me ha encantado conocer a tu tía Juana acompañada de árboles y monjas y vitalmente adivinada.

Mi admiración.

Rosna dijo...

Con su permiso Sánchez san , precioso homenaje a su tía , me trae recuerdos tambíen .
La vida es poema ... bello , bello sentir ,vivir y amar .
Rosna

mangeles dijo...

Yo iba a preguntar lo mismo que Aurora jejee, así que ya no pregunto.

No acabo de pillar "el fondo" del texto.

Creo que las bodas en una casa eran algo muy excepcional. Supongo que era una familia muy acaudalada, porque los sacerdotes se negaban a dar los sacramentos fuera de las iglesias (a no ser claro a enfermos o difuntos).

Lo que sí se puso de moda por aquellas fechas, eran las comuniones en las casas adineradas. Yo cantaba en el coro de la iglesia y tuve que ir a cantar a una, y vi por primera vez en mi vida, claveles azules...fué maravilloso...me encantaron.

Besos.

Pd.: Eras tú el del pantalón corto?

maile dijo...

Últimamente parece que le asaltan los recuerdos, mi querido Javier, y le dejan un tanto melancólico.
Los recuerdos forman parte de nuestra sabiduría y la melancolía puede dar a la pluma un brillo especial y hermoso.
Me gusta usted cuando recuerda.

Besos.

Dyhego dijo...

JAVIER.
No entiendo el texto, lo siento.
Salu2.
¿Qué es una "cañailla"?

José Miguel Ridao dijo...

¡Cuánta razón tienes en que un poema es la canción de nuestra vida!

Un abrazo.

P.S. Mira que no saber éstos qué es una cañaílla... Diles también qué es un cañaílla.

Dyhego dijo...

JAVIER:
Ya me he informado sobre las pilistras y las cañaíllas.
Sigo sin entender quién era la novia: ¿tu bitía Juana? ¿Otra señora de la familia?
Salu2.
Una vez me invitaron a cañaillas (lo llamaron de otra forma pero no sabría decirlo; y me comí dos por educación).
Salu2

mangeles dijo...

¡Ya he encontrado el fondo¡ Literatura, todo literatura...

Lo siento, es que me lo creo todo..joo

Más besos

Liliana G. dijo...

Ya veo que cuando la música se enreda entre las cuerdas de un bajo, surge la nostalgia del pasado...
Una boda sin nombres es el perfecto ardid de la memoria para volver siempre sobre aquella imagen.

Vida, muerte, esperanza... son parte del mismo poema.

Besos, Javier.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Muchas gracias Paloma.

Un abrazo.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Gracias Rosna.

Un enorme placer Yuriko.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Era yo, Mangeles, era yo.

¡Aquellos años inciertos, donde vivir era un arte!

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Un enorme placer Maile.

Gracias.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Diego, ¿ya?

Javier Sánchez Menéndez dijo...

¡No hay que ser malo José Miguel!

¿Vale con ser cabrón?

Javier Sánchez Menéndez dijo...

La novia era una niña de tres años, y yo era el novio.

¿Ya Diego?

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Mangeles, es Literatura, y verdad.

En los recuerdos, todo es verdad.

Gracias.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Había nombres Liliana, uno era el mío, del otro, ni me acuerdo.

Un beso.

Dyhego dijo...

JAVIER:
Gracias.
A veces se me pega la espesura de los alumnos, jejeje (de alguna forma me tendré que justificar ¿no?). A veces, el contacto con los niños te deja "tocao del ala". Cuando mis hijos eran pequeños... iba a soltar un rollo, pero te lo ahorro.
Por cierto, echo de menos aquellas entradas que hacías del niño que perdió a sus padres.
salu2 y suerte en tus próximas corridas... (literarias)

Dyhego dijo...

JAVIER:
Gracias.
Había escrito un álogo anterior a este pero se fue al carajéter.
Salu2.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

¡El éter es tan potente, Diego!

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Gracias, siempre literarias.

Un abrazo.