sábado, 31 de julio de 2010

Hechos verídicos (1)



ZP va a un colegio para charlar de su mandato.

Después de hablar, les dice a los niños que le pregunten lo que quieran.

Un niño levanta la mano y ZP le pregunta:

- ¿Cómo te llamas?
- Luisito.
- ¿Y cuál es tu pregunta, Luisito?

- Tengo 3 preguntas:

1ª ¿Por qué España tiene la cantidad de parados que tiene?
2ª ¿Cree usted que sería presidente si no hubiese habido bombas?
3ª ¿Por qué prohíbe que se publiquen los SMS que envió el 13-M?

Justo entonces suena la sirena del recreo. ZP dice a los niños que continuarán después.

Cuando acaba el recreo ZP pregunta:

- ¿Por dónde íbamos? ¡Ah!, es verdad, por el turno de preguntas.

- ¿Alguien quiere preguntarme algo?

Otro niño levanta la mano. ZP le pregunta:

- ¿Cómo te llamas?
- Manolito.
- ¿Y cuál es tu pregunta Manolito?

- Tengo 5 preguntas:

1ª ¿Por qué España tiene la cantidad de parados que tiene?
2ª ¿Cree usted que sería presidente si no hubiese habido bombas?
3ª ¿Por qué prohíbe que se publiquen los SMS que envió el 13-M?
4ª ¿Por qué la sirena del recreo sonó 20 minutos antes?
5ª ¿Dónde está Luisito?


viernes, 30 de julio de 2010

The Face (tres) (Tercera Inclinación)



Odio el existencialismo, tan oscuro, vulgar y poco verdadero. Vivimos en las sombras, aunque sabemos que ahí fuera, muy cerca, está la luz. No podemos acudir a esa claridad, no queremos hacerlo. En la sombra nos hacemos fuertes, nos crecemos.

La proyección oscura nos hace escribir, nos dota de recursos necesarios para enfrentarnos a una vida que no deseamos.

El cambio nos pone nerviosos, esa decisión nos aprieta. La tercera inclinación soluciona, de forma temporal exclusivamente, las manifestaciones. Pero ¿temporalmente, nada más? Sí, de manera escasa. No necesitamos más. Esta vida es muy corta para intentar hacer algo grande, algo eterno, algo existencial.

El compromiso es la rutina, y no intentes cambiarlo. No modifiques tus hábitos, que aunque te acortan la vida hacen sentirte pleno. La plenitud es sinónimo de infelicidad. Sin existencialismos se soportan las obligaciones, los empeños.

Ahora que todo el mundo compra oro, puedes volver a vender tu alma, aunque sea de estaño, lo compran todo. Y la contrapartida es la eficacia, lograr ese efecto redondo que a nadie determina.

El existencialismo es la indeterminación. Y la tercera inclinación es el cadionismo, la unión de la música y la literatura, la auténtica poesía.

Una mañana un joven muy certero, intentó saltar de la primera a la tercera inclinación, sin pasar por la segunda. No hubo desazón, su cuerpo adquirió unas reducidas dimensiones en un instante, en el tiempo que tardamos en decir love. Así el joven ocupó el espacio de las sombras de manera existencial. Sin ser, sin estar.


The Face (dos) (Tercera Inclinación)



Quiero determinar un sentido único y exclusivo, deseo hacer valer todas aquellas cosas que aprendí con el paso de los años. ¡Es difícil! Todo se escribe para justificar lo que supone el sentimiento, para saber a ciencia cierta cuál es la definición de amor y cuál la de justicia. Pero ya he dicho que es complicado.

Decidir es de cobardes, hacer de necios. Así pasan los días. Sigues diciendo cosas maravillosas que se caen por su propio fundamento. Es una inspiración, temporal y falsa. Al menos eso veo. ¿Qué hay en el fondo? ¿Qué acontece en el alma?

Lo que dices se acaba, se termina, y ambos nos cansamos. Arrastramos los pies y no dejamos huellas, presentimos, recordamos.

La cabeza está repleta de recuerdos verdaderos. Todo era cierto, y digo era, que es pasado. El presente es un futuro inmejorable, tántrico y muy mal compañero.

Me he cansado de historias, de breves cuentos de principio y fin. Lectura facilona, de maruja. Se necesita acción, pero acción de vida: escaparte de noche y hacer burradas, hacer burradas de noche y acabar comiéndote las burradas en la noche. Es lo mismo y es distinto.

Se hace siempre la verdad, se dice la mentira. La persona vive repetitivamente, por impulsos cansinos, es la rutina, aunque sin ella la vida deja de ser muerte.

Tengo tan claro en la mente la justificación que apenas digo nada. Me escondo tras las calabazas y callo, el silencio interfiere. El silencio determina. El silencio es palabra. Dejemos los sms a un lado y volvamos a lo cierto, que nunca es lo verdadero.


jueves, 29 de julio de 2010

Ictus 15



Grandes cuernos
tienen en Cataluña
los políticos.


The Face (uno) (Tercera Inclinación)



Has dicho cosas muy bonitas, propias del desconcierto. Pero has utilizado señales de humo para transmitir lo que has querido siempre. Te faltó el rostro y la palabra. Siempre has sido sincera, debo reconocerlo, pero la sinceridad es manipulable. Oír lo que se deseó oír, y hablar a entrelíneas. Un pasado salvaje y un mutismo en las cuestiones.

Al final, las cosas eran preciosas. Intentando, tal vez, salvar el horizonte insalvable. Miramos el presente sin mirar atrás, y dejamos en el camino las obsesiones y los capítulos inconclusos del sentimiento.

No quiero repetir lo que había sido, lo que fue, y lo que pudo ser. Nadie se acuerda de mí, un rostro sonriente y unas manos grandes y torpes (nunca has dicho en la oscuridad que mis manos fueran torpes).

Ahora respiras hondamente, te acojonas un poco, e intentas pasar página de vida. ¡Tienes todo un cuaderno! ¡Un cuaderno de apuntes!

¿Recuerdas el principio? Siempre había un no por encima de todos los presentes. Y ese no determina, ese no nos va haciendo, poco a poco, efímeros, vulgares y bestias.

Ahora sufro. Pero ese sufrimiento es aceptable. Determinar la franqueza es hacerle velas al gato. Es negro, gordo y lento. Siempre anda en medio como tú. Por más que lo pensé, nunca di una patada al gato, a mi vida, unas cuantas.

Salgo a la calle a buscar ese consuelo y hace cuarenta grados a la sombra. Me reprimo.

Un detective para saber dónde respiras ahora, y el informe no tiene páginas. ¡Menuda cara! ¡Menudo rostro pálido! Te quedarás blanca, y calva, y pondrás unos kilos de más. Es la edad.

Nos quedaremos solos y sonreiremos, eso sí sonreiremos. Es mentira, pero la falsedad consuela, como lo hacen las berenjenas.


miércoles, 28 de julio de 2010

El mejor pecado de la histeria



Espero que disfruten de todo cuanto acontece este verano. Además del calor hay que destacar el calor, un sofocante y deseado calor que te impregna la ropa de desconcierto y rutina.

Es vulgar, muy vulgar, quitarse la ropa a la hora de meterte en la piscina, pero lo cierto es que queda poco remedio para determinar que la ropa sobra.

Calor y ropa. Parece una película de Hitchcock. Y en el fondo, sobra la forma más que la propia ropa. Una vulgaridad, lo cierto.

Ofrecen pijotas ilegales, y recuerdo a los jóvenes poetas. Los pobres (pijotillas), morirán sin saber que es la poesía, aunque confíen en Carmelo, en Julio, en Cabanillas. ¡Pobrecillos! Desamparados los que lloran porque mamarán de la lujuria de la ciencia, y seguirán tocándose los bowling.

Desamparados los aprendices porque nunca aprenderán, y seguirán pasando calor en verano.

Me acuesto que es tarde. Leo un poema de Olga B. y reconozco que no me he equivocado en nada (mira que uno es imperfecto), genial. Ha sufrido, ha mamado, y ha conseguido lo que se ha propuesto. Poema cerrado, que dirían los amantes del calor.

He probado las pijotas ilegales y no me veas como están. No digo una burrada para no herir, pero este Cádiz tiene el mejor pescado de la historia. El mejor pecado de la histeria.


lunes, 26 de julio de 2010

Cadión (Epílogo)



Un epílogo no es una justificación, es una vuelta de tuerca a los principios y a las ideas que han sido definidas. Un epílogo nos es obligado, ni siquiera apetece, pero dada la avalancha de comentarios personales hay que dejar claras las pautas del origen.

El mundo es susceptible a los acontecimientos. Ha dejado de ser provechoso para recibir alabanzas. Si se critica justamente provoca jaquecas, y además se mueven por intereses de la exclusividad.

A todos nos gusta que doren la píldora, pero la deben dejar en paz. La alabanza es irreal mientras no exista el fundamento.

Todos estamos muertos, desde el momento en que elegimos la profesión de poeta, el mundo sobra. Pero aquellos que permanecen enfrascados en sus sombras y necesitan escuchar para seguir, esos, han bajado a la tierra de los necios.

La pureza es sinónimo de muerte, y la muerte de desconcierto. El poeta mundano vaga por los territorios del absurdo. Sigue fielmente cada palabra, cada señal, cada encuentro. Dejemos la verdad para otro tiempo, en este no cabe la esperanza.

Solía decir dios que el tiempo es el mejor aliado de la literatura, el tiempo indefinible. Le gustaba defender la justicia literaria como aliada del verdadero tiempo. Ahora, desde la muerte, las cosas se ven como él decía. Una realidad deja de ser abstracción para convertirse en alejamiento.

No echaré en falta nada porque no he tenido nada. No echaré en falta a nadie, porque he estado acompañado de sombras, nadie es auténtico, nadie es verdadero.

Encontraré la plenitud en la esencia, y seguro que la poesía se complica, pero también se desnuda.

¡Qué susceptibles están los líricos! Un mero comentario que no saben interpretar y difunden la falsedad por las esquinas. Claro, si en fondo el filósofo tenía razón de ser, razón de masas. Es la especulación, la culación literaria. La mentira y el engaño superpuestos en origen hacia lo no auténtico.

Ahora pasaremos del mundo, dejaremos que Siltolá crie malvas (malvas rojas a ser posible) y al resto de los atareados le invitaremos, formalmente claro está, a que les den por el mismísimo y ancho portal trasero. ¡Al carajo! Con permiso de Fernando M. ¡Váyanse mucho al carajo!


Cadión (Elogio de la Irreverencia) (y 66)



Sesenta y seis días estuve viviendo con dios. Sesenta y seis libros de poemas leímos juntos. Sesenta y seis MM nos hemos tomado, y hemos discutido otras sesenta y seis veces.

Sesenta y seis días llevo muerto. Vino dios para decirlo, pero permaneció conmigo para hacer compañía. Para que todo no resultara tan violento. Estoy muerto. Es la realidad.

También fallecieron hace años el jardinero, el pastor, los vecinos, aquellos poetas que nos visitaron, Luis, Antonio, Claudio

La única pena que siento ahora es no poder llevar a la práctica la tercera inclinación. Aquellos que leen y recuerdan, sabrán que la tercera inclinación es la unidad de la música con la literatura. No he podido terminar algo que en algún momento comencé.

La muerte es la solución, la liberación. Volveré a ver a dios y a leer con él, a discutir, a charlar, a comentar. Defenderemos juntos los intereses de la sinceridad y todo será un único intercambio.

La muerte es la vida, y sesenta y seis suman doce, y doce tres. Un número primo, e indivisible por sí mismo, como la eternidad, como las personas del verbo.

La vida ha dejado paso a la sinceridad y en Siltolá habitarán los rabilargos. Los hijos dejarán de ser hijos para convertirse en recuerdos aislados y deseados.

Sesenta y seis. Un número y una vida. Un encuentro, pero también un desconcierto.


sábado, 24 de julio de 2010

Un breve resumen



Un breve resumen. Muy breve y escueto, como los poemas de aquel que se llamaba poeta.

Zapatero está enfermo, muy enfermo. Por el bien del estado debería estar encerrado en un centro de minusvalía psíquica. Se ha cargado España. Y lo ha hecho a dos manos, pero es que está muy malito. No sirve.

Rajoy
es listo, inteligente. Pero también es flojo y vago y no presenta ninguna confianza para los inversores (de este país y extranjeros). No sirve.

Y entonces ¿qué pasa con España? Pues nada, la clase política mundial está en baja forma, en muy baja forma. Vivimos los peores momentos de una etapa de la historia. Lo que queda es esperar. Resignación y angustia, que lo peor está por venir. Pero por favor, no se aburran ustedes, que nos vamos a divertir, una barbaridad (por los cojones).


Aurora Pimentel Igea



Quiero enviar un abrazo muy fuerte a Aurora Pimentel Igea. La vida, a veces, nos presenta inconvenientes que suelen ser convenientes. Certeros o no, la vida es una mezcla de sentido y sensibilidad, de pasión y ciencia.

Ahora, cuando menos queremos leer, cuando no disponemos de ganas de nada, nos presentan pruebas de azar de las que nadie sale con fuerzas.

Aurora, te envío un fuerte abrazo.


jueves, 22 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LXV)



La esperanza se ha venido abajo. Como si fuera Platón leyendo a Anaxágoras. En la antigüedad, las ceremonias de boda duraban varios días. Los funerales también.

Me pide el jardinero que oficiemos una misa por el alma de dios. Y le respondo que de acuerdo, pero debe realizarse a la sombra del árbol, donde están las cenizas. Deseo que sean los rabilargos quienes dirijan la ceremonia. Y en la más estricta intimidad.

Cogeremos un libro al azar, un libro de poemas. Y mientras los pájaros destrozan el huerto, leeremos los versos.

No hace falta tributar honores, la palabra que todo lo cura es la palabra de la adivinación. Mientras existan los afligidos existirá la encarnación.

TRR se ha pasado al discurso corto. Breve pero no escaso. Condensa en pocas palabras su grandeza literaria. E. Moro me ha enviado una antología interesante, que agradezco y leo con curiosidad. ¡Cuántos poetas, y tan distintos, en un mismo y único libro! Como si de una encarnación múltiple se tratara.

Por la noche juego a los opuestos. Recuerdo a Pitágoras. Los principios se representan a sí mismos, y con sus opuestos ocurre exactamente igual. Nunca fue dios el principio primario. Nunca ocurrió eso en mi casa. Se dejaba ver como las columnas, como los sinónimos. Su vida fue un aforismo, por la escasez de palabras.

Un cuerpo infinito nunca puede ser simple. Pero él renunció. Bajó su esperanza hasta lo privativo, dejo de ser atributo para convertirse en poeta. Es la discordia que nos hace pequeños, y perdemos nuestras referencias. Hoy he perdido la esperanza.


Cadión (Elogio de la Irreverencia LXIV)



Las manos me huelen a cloro. No mido las porciones, ni siquiera las distancias. He inundado la piscina de pastillas de cloro. No sé actuar. No soy consecuente.

María
tiene 19 años. Trabaja de teleoperadora y cobra seiscientos euros al mes. Realiza horas extras los fines de semana para criar a su hijo de dos años que vive con su madre. El padre del niño salió corriendo una vez, y aún le esperan. Por las tardes María ejerce la prostitución en un hostal de mala muerte. Se droga para olvidar. Se droga para no pensar.

Su hijo vive permanentemente con la abuela. Le traslada cariño pero ella se castiga por el hecho.

Lola es un poco más joven que María. Hija de una familia de la clase media acomodada. Su padre le acaba de regalar un coche deportivo. Tiene muchas amigas. Usa el Tuenti. Le quieren. Lola ha abortado dos veces. Una hace un par de años y otra recientemente.

La ley del aborto no la comparto. Entiendo el aborto en unas circunstancias concretas y tras estudios de los profesionales. Los dieciséis años me parecen una locura. Busco ofensas con clase para no llamar de una forma a Zapatero ni de otra a la Bibi (por mucho que sea paisana) pero no las encuentro.

Zapatero es como Pushkin y Bibiana es como Onegin. ¡Menudo duelo!

Ridao me dice que hoy ha visto en la playa a un lector empedernido de libros con los diarios de Trapiello. Tenía arte la cosa porque al acercarse ha descubierto que aunque las tapas eran del poeta, el interior era de Interviú. ¡Lo que inventan algunos! Nadie lee en la playa.

El olor a cloro es insoportable. Ya llega hasta las entrañas. Me baño para limpiarme pero no consigo apartarlo. ¡Menuda tontería! Una vida y un sentido. Dos abortos y una eternidad.

¡Si dios estuviera conmigo! –me repito-. No encuentro respuesta, sólo sacrilegios. Ridao tiene razón, y mi vida un enorme olor a cloro.


martes, 20 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LXIII)



Ha muerto dios. Se ha complicado una cosa con otra y no ha podido salvar la distancia entre la línea y el círculo. La eternidad es más inmensa. El océano más azul.

La noticia ha sentado mal a todos, salvo a un tal Dostoievski. “¡Ahora todo está permitido!” Es lo que repite por donde anda, o por donde caen sus libros.

Es curioso, pero en el velatorio no hay poetas presentes. El pastor, que no para de llorar y aferrarse a su entendimiento, el jardinero, los vecinos. Mañana plantaremos en Siltolá un Eleagnus angustifolia, un árbol del paraíso. Frondoso, verde, de reducido tamaño. Le gustaba mucho a dios el tono gris de algunas de sus hojas, y a veces con el fruto, hacía un cóctel en el MM.

A la sombra del árbol enterraremos sus cenizas. Dispersas junto a las raíces.

La vida es un límite justo entre la poesía y la esperanza. La muerte es su contemplación.

Ha pasado desapercibido totalmente. Apenas unos íntimos y la más absoluta sencillez. Es la muerte de los sabios.

Voy a salir unos días. Tengo que afrontar la nueva realidad de la conversación incompleta. Quiero hacer un viaje, un largo y generoso viaje. Su cuerpo descansará del fuego en la tierra, el agua hará crecer y el aire se romperá en los límites trasladando su voz, su respiración, sus risas.

Decimos adiós con la esperanza de que vuelvan a brotar las cosas que están bajo el sol. No podemos oponer los sentidos con los pensamientos, ni siquiera sus objetos.

Una realidad es firme, ha muerto dios.


Cadión (Elogio de la Irreverencia LXII)



El deseo de mal al prójimo es algo muy personal. Tan único como el verso hilado. A los cabrones del remordimiento hay que ponerlos en su sitio, aunque cueste destrozar la paciencia.

Los poetas son disidentes, del espacio y del tiempo. Todo lo que sobra estremece. Por eso es conveniente apostolizar.

Los médicos dicen que dios está muy mal, muy malito. “Su padre está muy malito”. Hoy es más hombre que nadie. Entro a verlo y observo máquinas y tubos. Vuelvo a oír su respiración mecánica.

Nunca he deseado el mal de dios, ni siquiera lo he imaginado. Quedo huérfano de compañía. Atrás quedaron los MM en el porche y las peleas con el jardinero.

Se ha abierto un vacío inmenso en mi interior. Un hueco como el que dejaron los poetas del cincuenta.

No tengo ganas de leer, no puedo hablar apenas. Recuerdo el primer encuentro y su visita. ¡Qué mierda!

Me riñen por unos proyectos literarios de Siltolá, y me dicen que hay nombres importantes, muy importantes. ¿Son tan importantes? ¿Dónde comienza la importancia y acaba la dulzura?

Los nombres importantes me resbalan. Cuando mueran, dejarán de ser importantes, de eso estoy seguro. Y dios haría lo mismo que yo. Lo mismo.

Tal vez, esos que hablan a oscuras y en la noche, deberán recordar que Siltolá es una isla, una forma de vida, un encuentro. No es remordimiento ni grandeza.

No se puede desear el mal a la poesía, aunque a veces sea mala. La paciencia la gasto con derroches, y sin estremecimientos.


domingo, 18 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LXI)



La primera vez que vi a Sharleen guiñé un ojo, y con el dedo índice le hice la señal de ven, ven hacía aquí. Ella con su mirada bellísima respondió con un corte de mangas. ¡Menuda burrada! Era la Spiteri.

Han inducido un coma a dios. Me han explicado cosas que no entiendo. Repiten palabras como neumonía, insuficiencia y lóbulo pulmonar o alveolos. Estoy hecho un lío. Intenté entrar en la UCI para saludar pero el resultado es manifiesto.

Odio el mundo y sus contemplaciones. La maldad es sinónimo de adviento. No dejo de llevar las manos a la cabeza e intentar evitar una catástrofe, pero no puedo. Ya estoy cansado. El odio supera los sentidos.

Deseo el mal al prójimo con advenimientos, sin reservas. Me putean y puteo. Sí, dios ha sabido darme libertades.

Le veo tendido. Deseo el mal al prójimo. Esto es una faena. El pastor, sin las ovejas, ha venido al hospital. Se habla de suicidio, pero es una enfermedad sin detenimiento. Fracasos, luchas e impresiones. ¡No sé qué haré sólo! Es ley de vida.

Ahora es un hombre, un simple y llano hombre. No puede hacer nada. La Spiteri sonríe. Toco su rostro y es dulce. No es el de dios.

Gracias a todos. Gracias. Por la lectura en las noches de calor. Por la presión de los consejeros del miedo. Por todo lo que no puedo contar, y en cambio rio. Gracias.

Nunca he caminado al revés. Nunca asumo el hecho. Y el tiempo sí se puede contar. Se puede sufrir. Se puede tocar.

Está enfermo dios. Muy enfermo. No lo veo, ni siquiera escucho su respiración. Veo una inmensa piscina de whiskey y me sumerjo.

La vida es un sentido diferente. Como si Platón y Aristóteles hicieran castillos de arena, y las olas, destruyen la vida, esa vida. ¿Qué hago?

Muere dios entre los hombres y como hombre. El whiskey se acaba. La Spiteri sonríe. Y vengo sin saber dar la vuelta, sin querer costar lo próximo. ¡Es la vida! ¡Juan Carlos escribe algo, por favor!

La balanza hace que el tiempo pueda determinar. La Spiteri sonríe. Es la vida. ¡Joder! ¡Es la vida!


sábado, 17 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LX)



Está enfermo dios. Ha pasado la noche con el pastor y como han bajado las temperaturas ha cogido frío. Se ha querido hacer el hombre en un país de maricones y poetas. Tenía que hacerse el hombre y dejar la eternidad en entredicho.

Está muy enfermo. Le he acostado y he abrigado bien su cuerpo. Me ha dado pena. También he sentido miedo, su impotencia me asusta.

He recibido una carta con un libro de poemas. Un poeta joven y famoso. Ganador de un premio importante. Tomo el libro con interés (había leído reseñas en diversos medios). ¡Basura! ¡Pura basura! Falta todo, falta el todo, ni siquiera existe la nada.

Tengo muchas ganas de equivocarme un día, pero la joven poesía es como las comparsas de Antonio Martín y de Quiñones en los últimos años, no aportan nada al Carnaval, aburren, están muertas.

Correcta formalidad (exageradamente correcta), pero la poesía es plana, muy plana. Un leve destello, muy de cuando en cuando, y poco más.

Voy a ver a dios. Se ha dormido. Pongo la mano en su frente y arde. He llamado a urgencias. Estoy más que asustado. Cabreo mi vida con la vida, ahora que quería enterrar a Cadión en Cádiz ocurre esto. Y no es un final esperado, ni siquiera creído. No habla dios, cierro despacio la puerta de su cuarto y me impide concentrarme. No puedo escribir, ni leer.

Hoy han llegado los libros de Cotta, de Romano, de Suso y de Ignacio. Quería leerlos en papel, pero no puedo. Los mosquitos revolotean el porche y los observo, pero no hago nada. Mi vida cambia por momentos. Entro de nuevo en el cuarto y la respiración de dios es muy extraña. Vuelvo a llamar a urgencias. El 112 es como Salvamento Marítimo, son para una urgencia. Una vez estuve en mi barco desde las cinco de la tarde hasta las tres de la mañana esperando que aparecieran. Es la urgencia de la vida.

Uno se acostumbra a estar de vacaciones
. Es un verso de un poema antiguo. Lo recuerdo ahora. No me acostumbro a esta enfermedad. Llega urgencias. Dicen que se llevan al hombre. ¡Al hombre! Me dejarán con la eternidad. Los vecinos se acercan, no es normal ver una ambulancia en Siltolá.

Entro en el cuarto de dios y escucho la respiración. No hay nadie en la cama. Me visto y les acompaño.


jueves, 15 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LIX)



Decir las cosas con su nombre molesta. ¡Aparta de mí a este imbécil que no para de decir tonterías! ¿Tonterías? ¿Dónde está el límite entre la realidad y la fantasía? ¿No será que muchos no quieren escuchar?

Acostumbrados a alabanzas del género lírico, no se vive más allá de los sueños. En esta vida hay que ser prudente. Con la mayoría de edad te conviertes en generador de opiniones, en gel de baño. Mucha espuma que acaba por el desagüe.

Los entornos, reales como la sombra del acebuche, son erróneos. Veamos. Un poeta mayor de edad tiene sus gustos y hasta sus caprichos. Como se ha convertido en generador de opiniones, se acude a él para pedir consejo, recibir alabanzas y a veces, hasta le dedicas el libro con ternura, sin olvidar la fecha y el lugar con caligrafía a lo cisne, como la de Atencia.

El poeta mayor “recomienda”, y recomienda su entorno. Si aplicamos la cadena del Network Marketing, en pocas semanas se habrá generado un espíritu de respiración asistida, la aparición en las cumbres de lo efímero.

Así se ha vivido durante muchos años. La poesía de la experiencia generó entornos multiculturales, hasta se incluyeron elementos de reprochado pasado. La diferencia hizo lo mismo. Eso ocurrió en nuestra lírica.

La poesía de la experiencia y la poesía de la diferencia eran poesía de la dependencia.

Con el paso del tiempo, la cadena se rompe, y lo hace por las pocas fuerzas de los eslabones. Aún siguen los mayores de edad recomendando humo y alabando miserias, que hoy por hoy, no se fundamentan en nada.

La poesía de la independencia irrumpió en nuestro país en los últimos quince años. Se buscan entornos, pero entornos independientes (que siguen siendo erróneos por el hecho de ser entornos), y en menor medida. No hay eslabones. La cadena es de alambre.

Un joven poeta comenta su soledad en la vida, necesaria en la creación. Afortunados los solos por que ellos vivirán con las alabanzas de la justicia.


Cadión (Elogio de la Irreverencia LVIII)



Esto va llegando a su fin. Entre la vanidad de García Martín y el desatino de algún otro poeta, me olvido de las palabras de dios. El único, el grande, uno y trino como los rabilargos. Esto se acaba. Cadión regresa a La Caleta. Enterrado en la brillante arena salpicada de gaviotas celestes.

Set era la clave de la historia. Dice dios que tenía preparado un inicio alternativo a la creación. Se arrepiente de haber tomado la costilla para hacer irrumpir a la mujer en una historia donde el final comenzó con su propia aparición. Está muy arrepentido. Ahora que vive entre nosotros piensa que se lo pasa mejor con los hombres. Pero esto suele ocurrir por ignorancia.

Set fue siempre la clave, la llave. Apenas hemos dado importancia a un nombre. Set y Enós siguieron. Ellos fueron la creación alternativa, fruto de ella, el resultado, una imperfección manifiesta y un derroche de vanidad en la poesía.

Set nos salvará del mundo femenino. Enós de las víboras. Todavía se escucha el leve canto junto a la encina. Descubrió dios quien era realmente cuando oyó su nombre por primera vez, cuando se entiende a sí mismo.

Hace tanto tiempo que ocurrió todo esto y parece que fue ayer. Lo escucho relatar nuestro principio con verdadero entusiasmo. Apura el MM, y hasta fuma un puro, regalo de una boda a la que nunca acudo.

Hoy ha sido un día muy poético. Repleto de vanidad. Abelardo, Iwasaki, Badosa. Algunos que toman el verano para engañarse de un descanso incierto. Desde que vivo con dios veo a la mujer con otros ojos. Con ojos vanidosos. Ojos poéticos.

Le he pedido a dios que se marche. Ahora debo partir. Las cenizas de Cadión hay que repartirlas por La Caleta. Intenta justificar el principio de eternidad, y le abucheo. ¡Escusas! Tiempo. Todo es cuestión de tiempo. Repite desairadamente que aún le quedan muchas cosas por contar. Manifestaciones de un error, de una culpa. Único culpable de esta creación.

Los reptiles se comen los higos. Han dejado seca la higuera y aún no están dulces. ¡Se lo comen todo! Le he vuelto a repetir aquello de que tenga cuidado con la paloma, no vaya a ser un bocado exquisito. Y me ha vuelto a mirar con ojos de cobarde. Con ojos de poeta vanidoso. Con ojos de rabilargo.


miércoles, 14 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LVII)



Hay que ver lo que Julio Ariza se parece a Vicentico. Una barbaridad. Pero claro, quedas con Vicentico para tomar una copa y descubres que Julio es más hombre, más inteligente y más humano.

Un argentino y un español. Uno que busca a la niña de todas formas “para tener algo contigo”, y otro que rezuma humanidad por los cuatro costados.

¡Hay que ver lo que Julio Ariza Conejero se parece a Vicentico!, ¡coño! Una barbaridad.

¡Cuánta razón y qué grande es Fito! El de siempre, el de toda la vida, el sencillo, el hombre, el calvo, el pequeñito. Ese que ha escrito que “esas te quieren porque tienes lleno el bolsillo”, nada más y nada menos. Mucho más y poco menos. Con el bolsillo vacío, ¿te quiere alguien?

¡Qué vida más jodida! Lo de Fito viene de dios. Estoy hasta los mismos. No para de decir y repetir, y manifestar su justificación sobre la mujer. Las víboras. Las serpientes.

Una serpiente engaña a otra en el paraíso, y el culpable, aquel que paga todas las culpas, el hombre, el mismo que viste piel de oso y calza cocodrilo del 45. El gilipollas.

¿Y la manzana? Pues me la comí a bocados, a bocados carnales y sentidos.

Busco las entradas del 2009, de esta fecha y posteriores para ver si veo la luz, una señal que determine lo bajo que ha caído David. El de la María. Le digo que Chenoa no gusta, no gusta a nene. Y responde que me aguante, que en Cádiz hay que mamar.

¡Cómo está el patio hoy! ¿Y ayer? ¿Y mañana?

Desde siempre hemos dicho suficiente. Lo justo y necesario. Y Nath no dice nada. Lee, escucha, comenta y desespera. México es grande, y te quieren mujer, mucho. Te quieren mucho, eres quien siempre han querido que seas. Nath, la única. La pasional, voz de Nath y personalidad de vida, sentimientos y fuerza. ¡Qué grande eres, mujer!

¡Cuánta grandeza determino! Este es el arte de distinguir a los cursis, a los poéticos y a los anticuados. Aurora, Silvela queda a años luz, con la verdadera vida.

¡Cuánto más tiempo pasa menos sentido le encuentro a la vida!

Salvador, mi amigo Ibiza está en Londres. Me dice que es una ciudad interesante, y le respondo que interesante no, necesaria. No hay vida sin Londres.

Toda pasión amorosa es pasajera, es, como la poesía. Una puta mierda. Y ahora quiero vender mi vida al mejor postor. Se vende, for sale. Al mejor postor, mejor apóstol. Está barata, cuarentona y media.

Con el material que tengo de cantantes, monto un número de Siltolá del quince y medio. Literatura y música. Música y arte. Vida. Y mi María, La María, por medio, y grande.

Hasta siempre Cadión. Hasta nunca. Este dios me tiene que contar la tela de la mujer antes de nada.


martes, 13 de julio de 2010

Todos los Pueblos



Todos los pueblos que en España están pidiendo
lograr un día su independencia,
deben saber que nosotros
ya estamos viviendo esa experencia.

Yo soy de Cádiz un país independiente,
no tiene nada que ver con el resto de España,
compruébelo sino en televisión,
todo el mapa con nubes
menos aquí, que siempre hay sol.

Tenemos nuestra propia idiosincrasia,
otra forma de vida y otro lenguaje.

Tenemos por lo visto mucha gracia,
toda España se ríe con nuestro "aje".

Tenemos unas playas envidiables,
las mujeres más guapas,
pero también hay mucha miseria,
mucho paro y mucho atraso.

Hay problemas de vivienda,
aquí está la cosa chunga,
tenemos los bolsillos llenos de telarañas,
y si "España va bien",
está claro entonces que nosotros,
nosotros no somos ya de España.



Pasodoble "Todos los pueblos", de la chirigota Los Pofesionales (1999) de El Love.

lunes, 12 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LVI)



Estos periodistas españoles no tienen vergüenza. Hasta cinco de un mismo medio hablando del pulpo de los cojones. Que poca imaginación, que poco tino. Periodistas, los que se hacen llamar periodistas y los que cobran por escribir o hablar de tonterías. ¡Este es el nivel de nuestros medios de comunicación!

Total, dicen que son dos días, y que esto no se repite en ochenta años. ¿Será verdad? No sé ustedes, pero de lo que leo en los medios no me creo nada, nada de nada. Los periodistas son unos gilipollas.

Mañana, desgraciadamente todos tendremos que levantarnos con las mismas facturas y las mismas cargas. Un campeonato del mundo no nos libra de pagar la hipoteca. Aunque, de verdad, me hubiese gustado que el mundial hubiera durando, digamos, un par de años más. Nuestro problema no es económico, es social, es conciencia global. Y algo hubiera arreglado.

Menos capullos del nacionalismo, aunque para capullo un servidor, que defiende a ultranza la República Independiente de La Viña, allí, junto a La Caleta, cerquita.

Tengo que encargar una bandera con los colores de La Viña. Azul y amarillo. En líneas verticales. ¡Eso es independencia!

Digo a dios que me detalle y responda a mi consulta. "¿Mujer?" Y responde.

- “Si fuera mujer, no me verías como me ves, ni siquiera con cuerpo femenino, lo más probable de serpiente, pero de eso hablaremos otro día, que hay mucha tela que cortar. No hay mujer que no sea víbora”.


viernes, 9 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LV)



Cada vez que voy a casa de Abel abro (no Abelardo) despacito la cancela, miro a la derecha, a la izquierda, al centro, y la cierro rápidamente. Es Choco que viene disparado hacia mí. ¡Qué miedo! Un perro ilustrado con carita de ángel y dientes de león. Más bueno que el pan bimbo, pero un perro al fin y al cabo.

Cualquier descendiente Feu acude en mi ayuda y ata a Choco. Entro midiendo los pasos, comprobando que la cuerda nunca llegará a causar problemas a mi integridad física. Ya en el porche de vez en cuando dirijo la mirada hacia el canino. Pero está allí, en su sitio, tranquilo. Levanta las orejas mientras muerde una hoja de palmera.

Sabe que estoy, sabe que le tengo miedo, y creo que se preguntará, “¿Quién es el capullo este que hace que me amarren?”.

Luego vamos al Chispa. Comida y charla. Llama Bonilla. Hablamos de muchos, Iwasaki, Barbeito, D’Ors, Aquilino, Pilar Pardo, Mendoza, Bolaño, Pedro Sevilla, Antonio Moreno, y también (ahora sí) de Abelardo. Entre otros que dejo en el camino entre el bocado a la presa y el cogollo sequerón. Junto a nosotros las fuerzas vivas de Valencina, el cura y la tercera edad.

Ya en casa cuento a dios la anécdota de una morena vestida de corto. Con trajecito (no puede definirse de otro modo) sin mangas, tapándose desde el pezón hasta el rabadillo, cortito cortito, como un retal, mejor retalito. Va a la máquina a comprar tabaco. Introduce unas monedas. Todo el Chispa enmudece. Se agacha a recoger el cambio y el paquete, y ¡sorpresa!, deja entrever la eternidad.

Uno de los mayores de la mesa de al lado, hombre grueso, suelta una carcajada que es acompañada por aplausos de los allí presentes.

La morena un bombón relleno, y el novio rojo como la escarcha. Ahora dios sonríe también. Y me hace pensar, me hace pensar mucho. Toco mi barba y mis cejas, y le hago dos preguntas.

- “¿Por qué dios es hombre y no mujer? ¿Qué hubiera ocurrido si dios hubiese sido mujer?”


miércoles, 7 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LIV)



Hay veces que no queda más remedio que pasar, pasar de largo o de corto, pero pasar. Si mantenemos esperanzas o expectativas en algo o en alguien solemos perder el norte, el sur, el este y el oeste.

No están las cosas para perder, aunque tampoco están para ganar. ¿Hemos analizado fríamente el beneficio de la propia duda? ¿Hemos generado incomprensiones o tal vez las hemos creado?

Un elemento discordante puede resultar provechoso mientras sepas sacar punta a tus principios. Y ese elemento se suele volver en tu contra, siempre.

Veamos, hoy leo a D’Ors, porque me gusta, me parece gracioso y escribe bien. También leo a Bonilla, por las mismas razones, y además aporta un poco más de chispa. Y leo a Feu, que completa la historia con su perro que se llama Chispa (¿o tal vez es Choco?).

Pasar es bueno. Deja lo que no gusta, abandónalo. No es comprensible y suele traer problemas implícitos. Y esto sí es siempre.

Decir lo que uno cree y lo que uno piensa es problemático, pero debe ser la verdad. A nadie le gusta que le digan feo, pero si lo eres asúmelo.

Por decir la verdad se reduce cojonudamente la agenda de tu móvil, el listín de teléfonos y hasta dispones de más huecos en las estanterías. Los libros malos, véndelos. Hay todavía librerías de viejos que compran a buen precio. Sobre todo si se trata de primeras ediciones. Primeras y únicas (alguna sorpresa encontramos).

Lo demás es tu vida, y sin generación espontánea.


martes, 6 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LIII)



Los poetas son como las rubias. Si se tiñen de rubio dan el pego, pero al cabo de los días van apareciendo los cabellos originales, de color oscuro. Entonces ya no sabes si escriben o recitan. Si ríen o lloran.

A la vista puede resultar atractivo. Al oído también. Apenas escuchas lo que dicen, sólo te fijas en los cabellos y en la belleza exterior.

Hay poetas de este país que se han realizado innumerables operaciones de cirugía estética. Tengo tantos nombres en la cabeza que hasta dios recuerda a algunos. Incluso los conoce. Más de uno ha pasado por Siltolá.

No es malo recomponerse, lo terrible es superponerse.

La operación de pechos es comparable al poeta que pidió por los reyes una enciclopedia y un diccionario etimológico. Decía que así podía estar más actualizado, llenar sus versos de vocablos cultos, y solicitar ayuda a un tal Casares o a una tal María Moliner.

Ahora que está de moda la operación de labios, recuerdo una mujer que escribía versos. En un recital reciente sus labios eran tan horrorosos que acabó por comerse el micro. Naturalmente los intrépidos oyentes, presentes en la sala, le hicimos el favor de apartarle el elemento de los carnosos y sugestivos, pero falsos, labios.

Ni pechos, ni labios, ni siquiera un cabello rubio. La belleza interior es exclusivamente una, personal y transferible a los lectores.

En una ocasión un poeta muy feo me preguntó porqué escribía poemas. Y le respondí, “Me encantan las gambas y el jamón serrano”.


lunes, 5 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia LII)



Un día de verano cualquiera. Un momento diferente a los instantes vulgares de la cotidianidad. El calor es sofocante y la ropa se queda pegada en el cuerpo. Ni siquiera notas las picaduras de los insectos. El porte abruma y la piel se sonroja. Nunca de risa, sino de agravio.

Los agravios comparativos determinan justicia. Esa justicia mutua. Pasar calor no es lo mismo que sentir mal espíritu. Nos venimos abajo, dejamos de hacer cosas por culpa del agravio.

Hoy dice la tele que el agravio se ha plantado en las Azores, y aunque llueva en media España, en la otra media sufriremos los efectos de la ofensa, de la culpa.

Nunca ha sido tan cierto el perjuicio. Humillación, menosprecio. Debemos defender los intereses generales, los particulares serán recordados a perpetuidad.

Ahora sopla el levante. ¡Cuánto daría por un poquito de poniente! Una mijita de . Un soplío. Resarcir lo producido. Compensar los efectos provocados por un viento de muerte.

Y dios se ha tirado en el sofá con el ventilador sobre su cabeza. Le he dicho, “¡Ten cuidadito con la paloma, no se vaya a hacer daño con las aspas!” Y ha sonreído. Entre dientes ha mencionado algo así como “Cabrón, serás cabrón”.

El centro de acción del agravio es su propio dinamismo. Su estanqueidad, el sopor.

El calor limpia las culpas. Sudamos y eliminamos vergüenzas, recuerdos, limitaciones.

Ante el calor sonrisa, y mucho líquido. Un agravio deshidratado se convierte en borrasca.


domingo, 4 de julio de 2010

Suso Ares Fondevila

Ignacio Tomás

Agradecimientos (Nueve)

Cadión (Elogio de la Irreverencia LI)



He pedido disculpas a dios. Le he rogado que no se quite más la camiseta, pero me he arrepentido de la reacción de ayer.

Está claro, el colon irritable es el culpable. Él me ha realizado una regresión temporal, que para mí ha sido geométrica, diacrónica y elíptica.

Tomé un vuelo a Londres. Le he dejado solo. De momento no se marchará, estoy seguro. La regresión, acojonante. Busca el momento exacto de mi vida en que el colon comenzó a fallar, a dar de las suyas. Piensa que pudo ser por un momento turbio, por una putada que me hicieron. Pero he vuelto a mi infancia y ya mi madre me llevaba a tomar la papilla al hospital.

Úlceras, dolor y mal genio. Dolor agudo, y a veces sin sentido. Después aparecieron los divertículos sagrados con su gracia y origen.

No llueve en Londres, pero el calor se soporta. Apenas 25 grados. Se agradece el cárdigan, el púligan y el chémintong. He hecho caso a MC y he marchado (marcha, salida, divertimento). He ido al Soho. No se asusten, total si tengo experiencias irrenunciables y un colon que deprime al más pintado.

Después he tomado unas copas en Covent Garden. Tanto escribir nunca deprime. Jeremías el justiciero sigue para adelante. Espero verle el final (aunque el final esté escrito) a vueltas del verano.

He intentado entablar una conversación con una rubia despampanante. Pregunté antes al camarero, “¿La conoces?”. Y respondió, “Es la primera vez que la veo”. Un gay gracioso, me ha dicho, “Also I like the ham”. Y le he respondido, “El serrano, claro, el serrano”.

¡Qué difícil es todo! La rubia comiéndose una tortillita con una morena, y yo hablando con el gay. Echo de menos a dios. Le he pedido disculpas. Respondo a correos de Baltanás, Antonio Colinas y Mercedes Escolano. Doy las gracias a Suso Ares, por pasarse un pelo que no tiene.

Vuelvo a casa. Londres es una casa eterna. Jeremy Iustix espera. Y no quiero pedir más disculpas.


sábado, 3 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia L)



Buenas noches. Tal vez, cuando acudas al Cuaderno, haya amanecido, buenos días entonces. Es el respeto la conciencia de los tristes. Lo que pudo haber sido mientras tanto. La sencillez del canto y la verdad de quien no puede ver más allá.

Hoy dios se ha enfadado. Y lo ha hecho a lo bestia. Mientras preparaba un poco de verdura para almorzar se ha quitado la camiseta. Y le he gritado, en mi casa nadie se quita la camiseta, tan sólo si es para bañarse. Le he dicho con un tono elevado, pero educadamente, eso de “la conciencia va dentro y va por fuera”.

Que hace calor no lo discute nadie, pero odio la vulgaridad y mucho más si viene del mismísimo dios.

Me ha mandado al infierno tres veces. La primera recité poemas de Dante, la segunda de Leopardi, y la tercera los propios (por aquello de que si vas al infierno llévate tus propios versos a ver si te echan de allí). Pero no. Las tres veces fueron determinantes.

Entre el calor que aprieta y la cocina con esas verduras a la plancha, he visto el infierno como nunca. Ni piscina de whisky ni leche migada. Ni imaginación ni desconcierto.

Este dios se está vulgarizando, se hace por momentos un ser normal. Y esto no puede ocurrir. ¡Es dios coño! ¡Es dios!

Hemos retomado la palabra a lo Dante en el purgatorio. Como en la Divina Comedia, no sabía quién era Beatriz y quién Virgilio.

Por un momento he pensado que si dios se marcha para siempre Cadión se acaba, y esto, creo, está a punto de ocurrir. Se irá a vivir con el cabrero, o tal vez con el jardinero. ¡Hay amores que matan!

Fíjense, buenas noches. Retomo la palabra y preparo unos MM para la reconciliación. No quiero que esto acabe. Pero ya agoniza. El Mexican Mule lo ha tirado al porche, y el hielo picado se ha derretido.

Deseo ardientemente que amanezca. Es la noche más larga de la propia vida. Lo que podía haber sido. Buenas noches de nuevo.


viernes, 2 de julio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XLIX)



Algún día descubriremos que la verdad se puede tocar con las manos, con la nariz, con la ilusión. Pero eso ocurrirá algún día, no ahora.

Mientras tanto, es conveniente, que sigas leyendo poesía (clásica a ser posible), y si deseas leer algo más actual, a Pilar Pardo por ejemplo, a Jesús Cotta o a Tomás Rodríguez Reyes.

¿Más actual? ¿Más todavía? No hay verdad para poder leer. Aún no ha ocurrido. No hay descubrimiento, quise decir deslumbramiento.

¡No vayas tan rápido!

Deja que el levante o el poniente te azote. Es bueno para la salud literaria, y sobre todo, evita verdades.