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domingo, 20 de septiembre de 2009

El pastelito rosa y otros recuerdos de la infancia






He comentado en alguna ocasión que la vuelta a la infancia en los poetas es sumamente difícil y complicada. Querer plasmar en unos versos esa etapa de tu vida resulta terrible.

De la infancia recuerdo muchas cosas, y las describo en texto. Principalmente porque Franco tuvo la culpa que el pastelito rosa nunca tuviera nombre. Entramos en una pastelería y pedimos un petisú, un palo de nata, un borracho, un tocino de cielo, y… un pastelito rosa. No lo llamamos de otra forma. Franco odiaba tanto a los maricones, que cuando el pastel salió del armario mantuvo como nombre su propia descripción. ¡Qué mala suerte tuvo el pobre pastelito rosa!

Y ¿qué me dicen de los dibujos animados de nuestra generación? Nos enseñaron a llorar, a ser duros, a descubrir la realidad, la maldad, la puta vida en general. Ahora los jóvenes ven peleas, carreras de coches, las wiis, mandos a distancia, mariconadas en general.

En nuestra época era complicado. Descubríamos la vida con los dibujitos ya que nuestros padres nos decían realmente poco.

Con Marco entendimos la mala leche que pueden tener las madres. El pobre fue de Italia a Argentina en busca de su madre. Su padre se quedó en Italia, en la taberna. Marco cuando llegaba al pueblo perdido argentino donde había estado su madre, ésta se acababa de ir. Siempre se acababa de ir la muy jodida. Y el pobre solito y desconsolado. ¡Qué mala era la madre de Marco!

Con Vickie el Vikingo descubrimos el mundo de la droga. Se metía dos o tres rayitas de coca, y ¡cómo no le iban a salir las ideas! Tenía la nariz el pobre siempre roja e irritada.

Con Mazinger Z nos acercamos al mundo del amor postizo. Esa Afrodita A, con dos enormes pechos de silicona, que todas admiraban. El boom del postizo surgió en nuestra generación.

Y con la abeja Maya comenzaron los síntomas del machismo y la explotación sexual. Mientras el flojo del zángano Willi dormía y permanecía tumbado, la pobre Maya trabajaba y trabajaba con cuidado para que la malvada Tecla no se la comiera.

Lo de Heidi fue un horror. Recuerdo tantos y tantos engaños y crudezas con esos dibujitos que no quiero ni pensarlos. Pedro se la beneficiaba en el monte, y después tuvo que llevar a Clara en sillita de ruedas por todas partes, hasta que ésta se levantó. Pero ¿no era inválida? ¡Qué va! Nos engañó a todos. Y el abuelito liado con la señorita Rottenmeier. Ese perro Niebla enrollado siempre con Copito de Nieve. ¡Qué serie! Eso sí que era un culebrón venezolano de los de Boris.


sábado, 12 de septiembre de 2009

Una mijita de cuento y unas risas (Homenaje a Jorge y Amelia)



1. Ridao está en Zahara. Se casa su hermano Jorge esta mañana. Cuando llegó, empezó a llover. El levante ha desaparecido.

2. Lo del caracol ha dado mucho juego. Pero ocurre que se come todos los melones del hermano de Cotta.

3. González Romano sigue haciendo horarios en Coria.

4. Miradme al menos, sigue en Malta. Dicen que la Guardia Maltesa le ha quitado los puntos del carnet.

5. Julio quedó impactado del programa de TV. Aún sigue impactado.

6. Alejandro busca el coche en un colegio muy grande.

7. Juanma ha vuelto a la radio, y ahora profesa al Manteca.

8. El Capitán ha dejado de odiar. Le encantan las endibias o las endivias (ambas son válidas).

9. Ranzzionger conserva todos los síndromes de la sínode.

10. Ha vuelto el levante a Zahara. Ha dejado de llover. Vivan los novios.


lunes, 3 de agosto de 2009

El hortelano



El hortelano, era un gilipollas. Vendió su parcela (que la hicieron urbana por cierto) a cambio de paz y tranquilidad. Menudo cabrón.

Había intentado hacer un huerto ecológico entre tanto árbol, y le salió rana. Los bichos se comieron su cosecha, él no quería nada de sulfatos ni abonos, y acabó como acaban los tiesos, como una mojama.

De ahí que se comprara un perro, al que ordenó y mandó, el famoso dicho. Y el pobre perro ni comía (tenía que cuidar y acabar con los bichos) ni dejaba comer.

Se quedó sin cosecha, el buen o mal hortelano. Para su pena, y dicha.


domingo, 2 de agosto de 2009

Come pero no deja comer



Lope de Vega ya nos enseñó los amores desconcertantes, en sus desconcertantes sonetos, entre Diana y Teodoro. Pilar Miró llevó la obra al cine. El perro del hortelano, da para mucho. Pero no quería ni hablar de Lope, ni de la Miró, sino del dicho.

Dicen que el perro del hortelano, ni come ni deja comer. Pero eso no es cierto del todo. Ni del todo ni de parte.

Veamos. Si el perro comiera y dejara comer no sería el perro del hortelano, no sería perro. Si en cambio no come, pero deja comer, sería imbécil. Y si come, pero no deja comer, sí sería un buen perro.

No sé si lo habéis entendido a la primera. Para ser perro debe ser, y en primer lugar ser un buen can, que come, pero nunca deja comer. Así, es en su integridad lo que esperamos de él. Dejar de ser, es perder su condición canina, y por tanto existiría imaginariamente en la mente de aquellos que han forjado pura literatura, pero nada más.

Cuando utilizamos el dicho y lo aplicamos a una persona para referir una actitud, lo estamos haciendo equivocadamente. Ya que esa persona, al dejar de comer dejaría de existir.

Por tanto la expresión correcta sería: “El perro del hortelano, que come, pero no deja comer”.

Esta carga de talentos se ha producido hace unos días en una discusión entre un perro y un camaleón. Mientras el camaleón argumentaba el porqué de sus cambios de color, el perro le explicaba orgulloso que tenía un dicho popular, pero estaba equivocado. El camaleón se puso rojo, dio media vuelta y se marchó cabizbajo.