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lunes, 30 de marzo de 2015

En cada movimiento




Decía Empédocles que con la tierra vemos la tierra, pero prefiero matizar la expresión y decir que con la tierra vemos la vida y la muerte, las sombras y el reflejo en el espejo que tiene el marco verde, la luz y la noche verdadera, el silencio y la continuidad.

Las nubes y los pájaros reflejan la impaciencia en cada movimiento.

Hoy ha vuelto a salir Filón de su escondite. Sigue clamando al cielo pero no le hago caso. El 13 siempre antecede al 34.


Con las manos mojadas



A veces el rostro de las personas varía. Suele manifestar engaño y mentira, suele preceder a una transformación.

Ahora miro la foto del poeta que ha dejado de ser poeta y siento miedo, y rabia, y desesperación. Ya no es el que fue, o mejor nunca ha sido. Nadie toca la luz con las manos mojadas.

Solo deja de ser quien nunca ha sido.



viernes, 27 de marzo de 2015

Luz artificial




Al anochecer los pájaros descansan. El seco golpe de agua del caño en el pilón se vuelve monotonía. Enciendo las farolas a las ocho, siempre a la misma hora. Fumo un cigarro en la oscuridad y piso el césped descalzo, comienza a estar fresco en este tiempo.

Las salamanquesas huyen cuando aparezco, se acercan a la luz artificial que alimenta sus necesidades.

Hoy leo a Remy de Gourmont. Disfruto.

Amanece con el sonido de los pájaros.


domingo, 15 de marzo de 2015

Lope


Siempre amanece con el 1 entre los dedos. Intento acostarme mirando al 55, o al 13, o al 27, o al 34, pero el 1 desea hacerse notar y adquiere el protagonismo del instante: el tiempo que se tarda en dar una vuelta al anillo.

Esta mañana hacía frío. Un golpe rugoso en la frente despejaba las dudas, la virtud del extraño es esconderse, la realidad del justo es el silencio. Por más que se intente, aquello que merece la pena es muy limitado. Las personas sacan conclusiones y emiten sentencias que definen como certeras aunque estén equivocados. Nadie conoce la realidad como los pájaros o las nubes. Ningún mortal es exacto, ni cabal, ni siquiera inocente. Son muchos los motivos de la desviación hacia la causa propia.

La única verdad es seguir siendo considerado, y equitativo. Sigo leyendo a Lope:

Entiendo lo que me basta,
y solamente no entiendo
cómo se sufre a sí mismo
un ignorante soberbio.


lunes, 2 de marzo de 2015

La jaula blanca


La pequeña bombilla de la lámpara de mesa acompaña en silencio a la llama de la vela. Se crea un equilibrio que solo rompe el humo del tabaco cuando golpea las hojas del cuaderno marrón. Limpio las gafas. Bostezo de vez en cuando. En las últimas semanas he dormido poco: la Zambrano, Perdona la franqueza, la conferencia sobre Platón y lecturas. Me apasiona preparar en el caos las lecturas. Acudir siempre al centro desde el borde del eje.

La jaula blanca con un gorrión sobre el tomo sexto de las Obras Completas de María. Nada se mancha, ni siquiera la tapa brillante con ojos de alimento.

Muevo los anillos. El 13 era inicio, ahora acudo al 55. Levanto la cabeza y compruebo que Pérez Galdós sigue a la altura de la vista. Tomo la jaula blanca por el aro superior y traslado al pájaro de un lugar a otro.

Abro la puerta y el pájaro no sale, se acurruca en la base para seguir creyendo. Para seguir siendo pájaro.

Hoy el movimiento de sus alas ha apagado la llama de la vela. La pequeña bombilla sigue encendida. La virtud de la armonía radica en poder vislumbrarla, nunca en la obsesión por su grandeza.


martes, 27 de enero de 2015

Entendimiento




Los 21 poemas inéditos de Neruda que se acaban de publicar son irregulares, no acaban de convencerme. Muchas veces es mejor dejar lo que está y no abrir el armario de la distonía. Al final siempre acompaña la alteración.

Con Marga me ha ocurrido algo similar. Es mucho más atractiva la realidad que el entendimiento.

Ambas obras llevan en su tripa imágenes a color, son bellas ediciones, de un similar grosor. Estarán orgullosos los hacedores. Los nombres que figuran en la cubierta venden solos o mal acompañados.

¿La realidad? No, el entendimiento.

Sigo con la Zambrano, la aparición en unos meses de un nuevo volumen de sus obras completas sí es un acontecimiento.

Odio cada día más la poesía empalagosa, la que está construida con cincel y martillo, la que no tiene sangre, solo lleva palabras, palabras, palabras.

Decía Menéndez Pelayo: Entre todos los dones del ingenio humano quizá no hay otro más excelso que el de crear una reproducción total y armónica de la vida. Y la vida no es siempre bella, ni artificial, ni armónica. Su creación ya es un logro en sí, pero fiel reflejo de la realidad. ¿O tal vez del entendimiento?


domingo, 18 de enero de 2015

Lechugas




Vuelvo a leer poesía. Han resultado, estas semanas de esparcimiento, una agonía verdadera. Ya recojo lechugas, hojas de roble, cebolletas, acelgas. Dedicaba más tiempo a contemplar el huerto que a vivir.

En la literatura contemporánea existen los poetas y los no poetas. Los segundos no me interesan en absoluto, aunque figuren en críticas de suplementos o en listas de obras vendidas.

Pero dentro de los poetas hay dos divisiones claramente constatables. Por un lado están los poetas auténticos, aquellos que se cuentan con los dedos de una mano y sobran dedos, por otro los poetas que se suicidan utilizando recursos ajenos para ser contemporáneos.

En realidad este tipo de poeta no desarrolla su voz personal, la necesaria, la verdadera. Desean a toda costa (por eso toman prestados recursos de éxito) ser reconocidos.

Leo un libro y anoto en las guardas los autores que se reflejan en los versos. Ya hay garantía que hablarán de esa obra y citarán a unos y a otros.

El suicidio, el suicidio del poeta. La ausencia de su propio ser, sin dejar de ser, para ser otro.

Reconozco que las lechugas están exquisitas, los recursos ajenos y la experimentación nunca llevan a la contemporaneidad, perjudica la propia obra.