Un poema de Mediodía en
Kensington Park (2015) en la antología Streets Where to Walk is to
Embark. Spanish Poets in London (1811-2018), editada por Eduardo Moga y
traducida por Terence Dooley para la editorial Shearsman Books. Muchas gracias.
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lunes, 18 de noviembre de 2019
lunes, 19 de junio de 2017
martes, 17 de febrero de 2015
Un sueño que empieza en mediodía
29. Un sueño que empieza en mediodía
Es mediodía. El
parque se alimenta de sus hojas, los designios que suelen ser misterios, las
jornadas que no figuran en el calendario. Es diciembre. El suelo apenas blanco
por un hielo malvado y este frío, este gastado frío que rompe aquel perfume de
la felicidad. Juana aparece ahora, es la tía de mi padre. Cuando tenía tres
años organizó una boda. Desde entonces yo sigo siendo el novio. Un patio de
naranjos y pilistras, una anciana de riguroso negro, y un moño blanco y seco.
La novia con muñecas y un babi de colegio. Y entonces me di cuenta que había
llegado el arte. Era diciembre, misterioso y sincero, como son los diciembres.
Siempre es lo mismo, la silla en la ventana y una sombra que canta si no somos
amigos.
Envidio mucho a
Juana, su buena voluntad y el deseo de forjar una ilusión que muere por su
nombre. Mientras se apaga el día, la forma de una rama me recuerda a la novia. Sus
ojos de estaciones y una dulce pregunta que sigue en mi cabeza: ¿Quién eres?
Mi amor no tiene
inicios, estos zapatos negros de charol dañan el alma. Se marcha el mediodía y
el parque va sembrando los himnos de la vida. Los cantos de sirenas se quedan
con mi mundo, también por estas cosas hemos de dar las gracias. Según dicen los
sabios, suele ser en diciembre cuando la duda se convierte en poema, y aprendes
de nosotros. El poema es un sueño que empieza en mediodía.
Cuando marcho hacia
casa un foco extraordinario ilumina el camino. Admito que he jugado indefenso, imaginando
pájaros y luces. Nunca seré este hombre adecuado, ni aquel torpe resumen que
unos padres soñaron una vez, en un diciembre frío.
(Mediodía en Kensington Park)
(Ilustración: La boda, por Pablo Pámpano Vaca, 2012)
jueves, 5 de febrero de 2015
Mediodía en Kensington Park
Mediodía en Kensington Park ya está disponible en las librerías.
La obra lleva una cita de Lagarto amarillo y Jorge Ruiz. Por ello
aconsejo que se lea mientras se escucha esta canción.
domingo, 11 de enero de 2015
Mediodía en Kensington Park
Comienzo
a corregir las pruebas de Mediodía en
Kensington Park. Se me saltan las lágrimas. Debo parar. Hoy dedico más
tiempo a los pájaros y a las nubes que a mi propia persona. Y eso está muy
bien. Dejo aquí un fragmento del capítulo 10.
Las personas mayores nunca paran de
hablar. Y lo suelen hacer para saber que viven, no quieren estar solas, y es
esa propia voz la que les otorga su representación y compañía. Es solo la
alianza, la confederación de estados mutuos. Pero también es su condena, el
comienzo del fin, el camino que empieza a dejarnos vacíos.
lunes, 22 de diciembre de 2014
domingo, 21 de diciembre de 2014
jueves, 13 de febrero de 2014
martes, 27 de diciembre de 2011
EN invierno renacen los desvíos. Hay que tener cuidado. Crees que la libertad es el verso y que la luz de las velas ilumina el mediodía. Es un error. No puedes tener hambre, ni frío, ni miedo, ni sueño. Atacan en cualquier momento, aunque duermas viendo la nieve.
Un desvío es una botella vacía, un vaso que se rompe al caer, una servilleta mojada, un pájaro sin alas.
Busco el río. El nacimiento de la mansedumbre. Releo Mediodía en Kensington Park. Suprimo los desvíos. No hay mapa del tesoro que lleve a los matices, es por eso que acudo a Platón. Si te pido que me cantes al oído no te conformes con tararear. Estoy contigo para que me cantes. Vale la de las minas, la de que en el salón había velas para ver, la de pasión.
No me gusta la poesía que se escribe ahora en Andalucía. Solo viven del cuento, de la historia, del pasado. Imitadores de lo absurdo, la mente se llena de desvíos.
He tenido un sueño. Todos los políticos se han suicidado. El marco de fotos sobre la chimenea se ha movido con la noticia. En el cristal un pájaro golpea. La encina o el olivo. ¿La encina o el olivo? La esencia y la verdad.
El naranjo de Sevilla es la apariencia. Las palmeras de Cádiz la vergüenza. El madroño la rabia.
Tengo cinco acebuches. Un raro ejemplo del confuso laberinto. Ocurre que en su tronco no existen los desvíos pero tampoco habitan los matices. Un perro, ladrador y distante, arroja la tierra y se hace un hueco. La abertura del alma.
Nunca escribo en invierno. Corrijo y leo. El cuadro de Neville es testigo de cargo. El conde de Berlanga del Duero amaba los colores. He admirado, sufrido, creado y ahora, precisamente ahora, fijo la vista en las luces de las velas, los oficios de la libertad. Nunca hablo conmigo mismo. Es cursi.
domingo, 25 de septiembre de 2011
miércoles, 29 de junio de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
40. (Por el centro del parque)
Una duna se mueve como lo hace un verso, sin premeditación. Va dejando que el aire le otorgue una reserva acomplejada, sin poder desvelar las contraseñas. Suele ocurrir de noche.
Siempre es mediodía en Kensington Park. Mientras el mundo gira y los ángeles aman, hay una luz que viene y nos convence a todos. Es la luz del misterio, es la propia verdad que nos lleva hasta el sitio, al lugar de la duna. Espacio transparente donde los hombres leen y se crea la poesía. Y en ese instante mismo, tenemos diez minutos para hacernos momentos. Hay silencio. Una mujer pasea en bicicleta y se observa la vida a cámara muy lenta. La sangre de los cuerpos fluye con armonía, se respira diciendo que gozamos de esencia, de la justa verdad, de una sobria expresión sin resultado exacto.
Siempre es mediodía en Kensington Park. No me aparto del centro para seguir tan vivo. Sentado en ese banco te esperaré sonriendo, mientras duren los tiempos podré amarte desnudo, sin nada entre las manos, más que un libro de Parra y una rosa amarilla que en Londres he buscado.
Siempre es mediodía en Kensington Park. Llueve un secreto que no desvela nadie, y la duna se mueve. La duna es la poesía. Un corazón de arena que el viento determina. Y entre todos los versos, hay una luz helada, la ignición de la palabra siempre en la cultura. El amor de nosotros, los mismos.
Siempre es mediodía en Kensington Park. Suele ocurrir de noche. La duna va avanzando por el centro del parque.
lunes, 25 de abril de 2011
39. (Un sueño que empieza en mediodía)
Es mediodía. El parque se alimenta de sus hojas, los designios que suelen ser misterios, las jornadas que no figuran en el calendario. Es diciembre. El suelo apenas blanco por un hielo malvado, y este frío, este gastado frío que rompe aquel perfume de la felicidad. Juana aparece ahora, es la tía de mi padre. Cuando tenía tres años organizó una boda. Desde entonces, yo sigo siendo el novio. Un patio de naranjos y pilistras, una anciana de riguroso negro, y un moño blanco y seco. La novia con muñecas y un babi del colegio. Y entonces me di cuenta que había llegado el arte. Era diciembre, misterioso y sincero, como son los diciembres. Siempre es lo mismo, la silla en la ventana, y una sombra que canta si no somos amigos. Envidio mucho a Juana, su buena voluntad, y el deseo de forjar una ilusión que muere por su nombre. Mientras se apaga el día, la forma de una rama me recuerda a la novia. Sus ojos de estaciones y una dulce pregunta que sigue en mi cabeza: ¿Quién eres?
Mi amor no tiene inicios, estos zapatos negros de charol dañan el alma. Se marcha el mediodía, y el parque va sembrando los himnos de la vida. Las canciones de Ana se quedan con mi mundo, también por estas cosas hemos de dar las gracias. Según dicen los sabios, suele ser en diciembre cuando la duda se convierte en poema, y aprendes de nosotros. El poema es un sueño que empieza en mediodía.
Cuando marcho hacia casa, un foco extraordinario ilumina el camino. Admito que he jugado indefenso, imaginando pájaros y luces. Nunca seré este hombre adecuado, ni aquel torpe resumen que unos padres soñaron una vez, en un diciembre frío.
domingo, 24 de abril de 2011
35. (Este tiempo lo entierra)
He cerrado la puerta sin esperar que vuelvas. Debo acudir a Bloomsbury House, y debo hacerlo solo. Bajo las escaleras despacio, espero verte recordando los ojos que se pliegan distintos. La muerte arranca al hombre su alegría, pero miro mis manos. Un temblor de memoria es como el viento físico. Cuesta mucho abrir el portal de la casa, la corriente de aire y esta puesta de sol, precisamente ahora, impiden al corazón su apertura. Si ha nacido el amor este tiempo lo entierra. Unos bancos de piedra y ese olor a cocina me acompañan al metro. Se acaba la saliva y la sed la he buscado, es un deseo de rabia que tienen hoy las cosas: las creencias, las sombras, las alucinaciones. Cuenta la historia que se llamaba Marta. Hoy es tu cumpleaños, y mi primer regalo ha sido una llave cansada que ayude a hacerte fuerte. Una llave distinta, compatible, que abra todas las puertas, los corazones rotos, la memoria del alma que se consume ahora, mientras estemos juntos.
Si estuviera escribiendo lo haría con versos huérfanos, el tamaño del llanto logra quitar la sed. Arranco de la niebla una dulzura, y el cristal como la vida, se ilumina. Te recuerdo muy bien, un día alzó los brazos, y ese día fue persona. Dice la ciencia que se llamaba Guadalupe. Las cartas sin respuesta si me quedaba quieto. O el banco de madera donde me refería, eran las narraciones que adquieren importancia. Censuraste mi mundo, estas manos recientes y hasta el brillo verdoso que desprenden mis ojos.
He vuelto, una luz se ilumina junto a la chimenea. Relata la verdad, se llamaba Loreto. Me han temblado los labios pensando que has llegado. Pero no descansabas. Un día te enterraron. Hace ya treinta años.
sábado, 23 de abril de 2011
31. (Una nube con forma de poema)
Hay días en los que el aire falta. Intento respirar a ritmo de campanas pero no me doy cuenta, lo que me falta es un poco de ti, un poco más de luz. Pero la luz molesta si entra en línea recta. Suelo bajar persianas o correr las cortinas, creando un ambiente íntimo, un refugio perfecto que permita a las sombras acampar a sus anchas. Los veranos solía encerrarme, desnudamente, evitando que ese rayo dañara los secretos del alma. Ahora soporto un poco más la herencia de la luz y sus conjuros. Pienso en la luz como pienso en la verdad. Hay que decir que no, y perder la patria, la casa, el mundo. Hay que dejar el corazón y pasar las hojas como pasan las puestas de sol, oscureciéndose un poco.
Una nube con forma de poema ha cubierto al sol temeroso. Es una nube alejandrina. Por arriba es muy blanca, y mientras bajas la vista, se va haciendo más gris hasta confundirse en el cielo. Debemos refugiarnos, han cerrado los bares y las farolas tardan más de la cuenta en encenderse. Es una premonición, un desconcierto. La diferencia que existe entre una nube alejandrina y una nube endecasílaba, es la misma que existe entre un hombre y un verso.
No me canso, soporto el frío con carbón y vino. No molesta la luz. Anochece. Sigue faltando el aire aunque te tenga cerca. ¿Estás ahí? Debes decir algo, que también nos cansamos los que tenemos hambre.
viernes, 22 de abril de 2011
27. (La dirección de tu mirada)
Dices que estás cansada de besar sapos, y no consigues nada. Mientras alces la voz de esa manera llamarás a la vida por su nombre. Sin poderlo evitar sonrío. He pensado olvidarte para dejar que vuelvas. Esquivo la dirección de tu mirada para hacer corazón, sin enterrarme en ella. El impulso afectivo de la tarde se ha ido, han llegado las sombras. Y van haciéndose nuestras, recorren todo el rostro para decirnos algo.
Mi ventana es muy blanca. Las nubes van pasando sin manos, aunque todo lo arrastran. He recordado el testamento que Diego y Luis hicieron algún día. Estoy en manga corta y el cristal está frío. Ladra el perro en la habitación de al lado. No me canso, me fundo en una luz, donde la vida afirma. Llueve. A lo lejos los árboles se hacen mayores, el misterio acaba nublándonos la vista.
Si alguien te necesita no debes darle un beso. A tu lado las noches son de oficio, y en el armario guardo, con toda exactitud, el leve roce, los relojes apagados donde circula el miedo. La taza está vacía, contigo soy capaz de detenerme al borde de la naturaleza. Damos un paso adelante y dos atrás. Jugando al escondite te he buscado hasta dentro del armario, y debe ser igual, estabas con un sapo.
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