Al final recibí plantón. Fue sonado, por cierto. No se presentó dios a la última cita.
Le esperaba como palabra, como deseo. Y dios es eso, lo que cada uno necesita en cada momento. Cuando lo solicitas no aparece y cuando no lo necesitas te indican con palabras que vas a ser condenado eternamente a los fuegos del Averno.
Los mendigos lo buscan. Los necesitados lo reclaman. Y dios nunca aparece. Esa palabra desafiante de amargura, triste como los camerinos del Falla en carnavales.
¿Quién eres realmente? No dudo de tu existencia, aunque dudo de tu certeza, de tu ingenuidad y de tus movimientos.
¡Menudo plantón! El abrazo acabó en paseo y la conversación en desatino.
Le esperaba como palabra, como deseo. Y dios es eso, lo que cada uno necesita en cada momento. Cuando lo solicitas no aparece y cuando no lo necesitas te indican con palabras que vas a ser condenado eternamente a los fuegos del Averno.
Los mendigos lo buscan. Los necesitados lo reclaman. Y dios nunca aparece. Esa palabra desafiante de amargura, triste como los camerinos del Falla en carnavales.
¿Quién eres realmente? No dudo de tu existencia, aunque dudo de tu certeza, de tu ingenuidad y de tus movimientos.
¡Menudo plantón! El abrazo acabó en paseo y la conversación en desatino.
