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miércoles, 23 de mayo de 2012

Teoría de las inclinaciones




Teoría de las inclinaciones (Cadión, The Feelings, The Face)
Segundo libro de Fábula.

Los Papeles del Sitio, 2012


Pedidos: editorial@lospapelesdelsitio.com

lunes, 5 de marzo de 2012


El dios de la poesía es un dios hombre. Fue el que vivió conmigo una gran temporada, bebía los MM y leía los libros que dejaba en el porche.

El dios de la poesía era un fastidio, animó al jardinero a replantar mimosas y se iba en las tardes para dar los paseos.

El dios de la poesía amaba a Parra y don Nicanor resucitaba todas sus intenciones. Admiraba a Leopardi, a Juan Ramón, a Rilke, de Novalis pensaba que era un poeta sin noches, de Pound recordaba la silla, de Eliot sus gafas, de Colinas su pelo, de Rosales María.

Me ayudó a poner nombres a los insectos, nombres literarios. Aprendió a entenderse con la lavadora al igual que lo hacía con los rabilargos. En el huerto sembraba y recogía. Esparcir es soñar, ceñir es disponer.

Son los cuerpos celestes, las estrellas, los astros. Fue Anaxímenes quien habló de las nubes expresadas. La expresión nunca será espesura y en el bosque, en su centro, nos espera la niebla. Es una condensación densa, vivaz, acertada. Si miras más allá descubrirás fantasmas. Son las sombras de dios que vuelven con lo húmedo.

La poesía es ese anillo que una vez nos pusieron para sobrellevarnos, solo tenía tres años y era de caramelo. Dejé la pelota junto a la muñeca fea y corrí, corrí. Nunca salí corriendo. Me escondí en la azotea de Marqués de Comillas. La voz de la tía Juana iba gritando un nombre que supuestamente no era el mío. Arrugado tras un trastero en alto miraba de reojo, no quería que me hallara.

He mirado mis manos y he visto aquel anillo. El de la boda. Era 1967 y estaba en la azotea de Puerto Real, en la misma cubierta de 1982 en Moguer. Solía repetir dios que la vida se presenta dos veces, y debes recordar, y debes permitir que te recuerde. Con los actos que surgen viene la superficie y con los sueños la nieve.

Esa tarde en la azotea tenía frío. Nunca se apartó de mi cuerpo la sensación de esa temperatura.

Se hizo tarde, anochecía. Las estrellas, los astros, los cuerpos celestes llegaron sin decirlo. Tenía miedo, tres años y mucho frío.

Hoy ha venido dios. En Roma, 1984, mes de diciembre. Hace mucho frío. Es tarde. Dice Nacho que corra. Nunca salí corriendo.

martes, 14 de febrero de 2012


NUNCA nada parece tanto, ni tampoco todo. Nada importa poco. Todo es tan falso como los orificios de la tierra que provocan ausencias. Todo lo que rodea al hombre sensato es mentira: sus amigos, conocidos, eyaculadores. Todo es nada.

Suelo argumentar, en los casos de suerte, que todo me interesa, aunque la realidad sin ser distinta lo niega y contradice. Ni creo nada ni nada escucho. El amor, como las margaritas, para otros. La cercanía, como los astros, para los anormales. La falsedad, que siempre es sincera, para ustedes.

Si alguien se acerca huyo. Si llama por teléfono cuelgo. Y si me besa utilizo el champú de hierbas aromáticas.

La realidad es ficción y todo cuanto dices es mentira. El único interés la permanencia y dentro de este bosque, rodeado de encinas, la vida se ve de forma diferente. Sobran las estaciones, los desnudos, los bodegones y las composiciones de argumentos fingidos.

Las brujas no son sombras, son mantas que van cayendo en los cuerpos de los hombres degenerados. Y esa es su enfermedad, el énfasis.

Hay personas enfermas. Títulos y subtítulos. Cunas y sepulturas. Muertos y vivos. Correspondencias, vistas, nada, todo. La palabra es razón. La razón es palabra, una palabra que nunca será hueca, una palabra que es todo y nunca será nada. La música de Mozart, la poesía de Novalis, la pintura de Gainsborough, es la razón poética, la del verso hecho carne. La razón primorosa, la razón de las inclinaciones. Es Fábula. En el fondo nada parece tanto. Es la razón de la palabra.

domingo, 12 de febrero de 2012


LLEVO toda la tarde hablando con un pájaro. Me preguntó por Fábula y mostraba interés. Dice que sus amigos le escuchan mientras cuenta las historias. Es un pájaro listo. Me ha insistido en La vida alrededor. ¿Debe ser el comienzo? Le respondo afirmativamente. En La vida alrededor hay textos de los años ochenta, claves, símbolos escondidos, fragmentos que aparecen entre frases y párrafos. Sí, La vida alrededor es el primer volumen de Fábula.

La Teoría de las inclinaciones también presenta ese aspecto genérico y extraño, por decir desconcierto, desatino o desigualdad. El comienzo es necesario, imprescindible. Hay que crear la atmósfera para respirar el centro. Libre de la tormenta es esencia más pura. Y a partir de esta obra las demás justifican.

Vuelvo a llamar tu nombre. El hombre y el poeta gritan por la mañana. El beso a mediodía. La mentira es extensa si sale de tus labios.

Sigo contando al pájaro las anécdotas frágiles de un niño que no deseó nacer, ni vivir, ni morir. Tampoco soportó el remedio, la causa de escribir y la humedad de la tierra en el centro del bosque.

Hoy mi alma ha llorado. La razón es poética si el hombre es complejo, único, palpitante. Es la complejidad; el color amarillo de los muertos me recuerda a ese tono marrón de los cuadernos. Y entre todos los símbolos hay un poema de Góngora tallado en esta encina. Balbuceo los versos sin la originalidad del cordobés aunque, si me soportas pájaro, te contaré una historia que no sabes. Un día en la escalera, subía a la azotea, un anillo brillante me esperaba. Era la boda, la conciencia, era la complejidad, la puñetera maldición de escribir un poema.

martes, 24 de enero de 2012


LA muerte no puede celebrarse, al igual que la palabra es ese soplo de vida que no pasa con el tiempo. Ahora estamos arriba. En la noche, en el sueño, siempre estamos en lo alto. En la luz más primera, sin abismos, con música.

La palabra se lleva conseguida. La creación es telúrica. Solo sube si existe, solo si se ha acabado.

La poesía es vida propia, es aislamiento, es un canto del centro, un sacrificio que se consigue en una unión. La voluntad de ir buscando la belleza y no pararse nunca. Es la verdad, sentirse vulnerable frente a nada y hallar la raíz escondida. Es la aparición.

De día vive la tierra y de noche la altura. Pero debemos ascender con la palabra en extensión, aquella que ha sido ejercitada.

La música viaja antes que la conciencia. Cuando llegas te espera con notas, melodías. Eso es la subconsciencia, el movimiento del alma en la palabra.

La tercera inclinación se define en promesas, en inscripciones sabias. La palabra permanece, y eso es revelación.


jueves, 19 de enero de 2012



TODO se hace grande. No hay vida después de la vida. Nada sobra y todo falta. Cuando murió mi padre descubrí que los matices se podían adquirir con el esfuerzo. Tras el fallecimiento de mi madre aparecen los desvíos con un rostro impasible.

Esta mañana el tiempo: la música, el cuaderno, las reliquias de aquellos anticuarios que dejaron de hacer lo que se ha hecho. Todo desaparece y es rutina. Y nuestra capacidad se debilita por momentos.

Somos irrenunciables, completos, limitados. La palabra es origen, la música es palabra. No podemos mirar más allá de las luces, ni comprender que una nota es el mejor poema de todos los escritos.

La tercera inclinación se funde con la primera, y a la vez en la segunda. Es Fábula. Sin música no hay poesía, pero existe la palabra por encima de todo el universo.

lunes, 19 de diciembre de 2011



ENCERRADO el cielo siempre es blanco. El ciclo de las estaciones es un dios escondido, la alegre claridad de una pregunta y la sabiduría exacta de la tierra. Repaso la Teoría de las Inclinaciones, estoy cambiando mucho en las pruebas de imprenta. Cada palabra hace que acuda a Fábula, y allí, como decía Rilke en la elegía sexta (Duino), “De pronto me atraviesa / en el fluir del aire su sonido apagado”.

De Fábula han salido capítulos enteros, ideas, recogimientos. Por ejemplo encontré un verso de 1984 (“Han cesado los tiempos en el agua”), el viaje a Selborne, la Escuela de Gramática de Steyning, las carreras de Ascot, los poemas de Córdoba de julio de 1985.

Todos los niños tenemos nuestra estrella, y a ella acudimos en busca del origen. No hay que poseer un estado febril, un corazón solitario o la calma creciente. La estrella nos abraza. Sin tiempo ni palabra el hombre es floración en su destino.

He acudido a la higuera. Va perdiendo sus hojas. Allí, junto a su tronco, estaba Luperca recostada. Le he llevado alimento, he leído las normas de la convivencia y he puesto las distancias. “¡No debes causar daño a la tierra!”, le he repetido en varias ocasiones mientras bebía la leche. Ha levantado la cabeza con ojos de asesina y ha seguido comiendo.

Los árboles me guardan de los vientos, de la impotencia, ellos son esplendor. Tan solo por la forma se conoce el origen. La higuera está apartada de la casa. Sus raíces son amplias, visibles, mesuradas, henchidas. La esperanza es el interior que separa mis libros de la higuera.

El cielo blanco oscurece y sonríe. He omitido detalles. El misterio es la gloria.

viernes, 16 de diciembre de 2011



ES la tercera inclinación (The Face) la que indica que la poesía y la música se encuentran fusionadas en un entorno mágico y soberbio. Es la tranquilidad. La noche de las noches. La respiración de la respiración. Es la verdad auténtica.

Lento respira el mundo en mi respiración.
En la noche respiro la noche de la noche.

Los versos de Colinas son inmensos, infinitos. Aquella noche en Roma, tendría apenas veinte años, y unos poemas leídos ante un público extraño. Motivos era el único argumento. No había más. La ilusión de una Fábula que empezaba a redactarse y el mundo respirando en la noche.

Nada se permitía y nada era conveniente. Una luz en Moguer y mucho JRJ. La única vida. Observaba el blanco de las casas de manera distinta. Y a las nubes les daba un gran protagonismo, hasta hablaba con ellas.

La azotea había supuesto el gran conocimiento, y el anillo, en la ciudad de Rómulo y Remo, era la consecuencia. La mitad de una verdad es siempre el episodio. Un violín mojado comenzaba a sentirse. Nacho Cano se empeñaba en hacer fotos por todas partes. Era The Face.

El bajo sonaba hueco. Después llegó la Custom y Sharleen. La encina, los rabilargos, dios y los calabacines del huerto.

Quiero mandarte un beso y te escribo una carta. Enviar y poder. Las grandes cualidades. Dentro del hombre se encuentra la poesía, y más adentro aún está la música, en el fondo del alma tenemos la insistencia. Es la veracidad.

Con la tercera inclinación sigo hablando, contigo mismo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

99 (Noventa y nueve)



El mercado de La Merced y el de Sonora están muy cerca. Prefiero fumar un cigarro paseando y mirar a lo lejos el Palacio Legislativo de San Lázaro. Un mejicano con aire de suspiro intenta venderme una calavera. Entre la luz del coche que no sirve para nada y la mariposa encuentro poca conexión.

Cada una de las elecciones que permite la vida es una inclinación. ¿Ley natural o fundamento? Nos faltan tantas cosas que apartamos la conciencia de los actos. Fumar el cigarrillo, buscar las fotos, elegir entre todas las acepciones de calavera. Vemos, aprobamos y elegimos, siempre lo peor, que decía Ovidio.

He terminado la admiración, la identidad, el enfrentamiento. Un único desconcierto y no falta nada. Es un error pensar en el desorden. ¿Admirar es perplejidad? El mundo se hunde por culpa de las definiciones.

Don Nicanor no es un fantasma, ni una sombra, es verdadero, real, cuantificable. Un verso es un alcance que no logras atrapar, es un intento, una instancia, un acceso. La caricia del tiempo con una gota de lluvia, el olor a tronco de encina.

Nunca debes cambiar los problemas por la suerte, la satisfacción no circula por las venas. La forma natural es movimiento, el camino hacia la muerte.

He roto todas las fotos en la cafetería del Museo de la Caricatura. Me ayudó un tal Víctor Gabriel. Vuelvo con las manos vacías y el corazón repleto de servicios.

En el avión con un lápiz y una hoja hago espirales, son laberintos. Cierro los ojos. La mirada blanca de Juana, la humedad del mirto, el café, los tres gatos, la luna y las estrellas, la golondrina que se acerca a la mesa, la ropa tendida entre dos árboles.

¿He aprendido a soñar? Alcanzaremos la magia con las cosas humanas. Las cuerdas del bajo están desafinadas. La poesía acabó con el estado del culpable, como todas las cosas de la vida.




© Fotografía: Jasamaphoto.

lunes, 24 de octubre de 2011

85 (Ochenta y cinco)



El diario anónimo de Valente es lo mejor que he leído de Valente, incluso que su poesía. Las cosas aparecen en su justo momento, con su debida medida y con razón. Es ahí donde la palabra supera al entendimiento.

La palabra contiene inteligencia. Tuve que acudir en varias ocasiones a Dante y a Borges para poder dormir con equidad y hablar con propiedad. En ese diario anónimo existe una grandeza que Valente guardaba, era la incertidumbre. No aspiraba a conclusiones, tan solo a testimonios. Como en una cosmogonía personal, la idea separaba la realidad del vicio.

Suena Mozart. Habla Arquelao de las homeomerías. Es la noche la cumbre de la expresión del lenguaje, los primeros momentos empíricos (también pienso que simbólicos).

La “domadora de dioses” de Homero, es la noche anónima. Para Aristóteles es el primer término. Las cosas aparecen en su justo tiempo. Y el no ente existe igual que el propio ente. Origen de las cosas. Así la no noche existe al igual que la noche. Y nada es anónimo. Todo debe ser cambio, contrario, desconcierto. Por eso acudí a Dante y a Borges.

En el principio fue la noche, luego vino el diario, más tarde lo anónimo. La unidad mínima justifica los límites.

Pasa algo similar en la rutina. Todo es igual, nada está dividido. Observas fijamente las cosas, algunas andan lejos, otras cerca, pero todas están en la mente. Aunque el mundo se disperse haremos lo mismo mientras tengamos que hacer lo mismo.

La rutina es el vacío, pero también una derrota que llena el tiempo. El principio de las inclinaciones está representado por el desconcierto. Es el principio primario, aunque exista la rutina.

Valente ha escrito un diario anónimo. Ha manifestado su extraordinario conocimiento del misterio, pero el misterio no es existencia. El misterio no es alegoría, no es inclinación ni desconcierto.

domingo, 23 de octubre de 2011

84 (Ochenta y cuatro)



Por fin ha florecido el mirto. He esperado muchos meses con mimo y con deseo. Como en la poesía, el trabajo ha dado sus frutos. Las musas pueden aparecer pero no son verdaderas; engañan, condicionan, apetecen. La flor del mirto es bella, pequeña y directa. Cuando no se puede escribir se lee. ¡Hay tanto que leer! La corrección es creación, pura esencia. La musa es el perfume, el trabajo, y la corrección la existencia.


Vuelvo a la Custom. La he dejado unos meses. La creación es trabajo. La lectura es trabajo. La sombra de sus cuerdas sobre la mesa gris impide el castigo. Si la experiencia poética es la expresión del vacío, debemos llenar de algo la pura esencia. Una visita, una foto, un laberinto, en el centro del bosque. Todo parece cierto y nada es verdadero. Un sonido amargado y unas notas sin sueños. Es la fortuna de los atareados, la primera versión de un desconcierto.


Corro hasta el laberinto. Busco una entrada. Intento descubrir la diferencia que existe entre la esencia y la existencia, entre la alegoría y el mito. Junto a la encina grande están los gatos. En el tronco, se encuentra Platón. Tengo que buscar otra puerta que arroje los criterios. El registro aparece una vez en tu vida, y debes amarrarlo. A partir de ese momento, en ese justo instante, trabajas el registro como si fuera una esencia, el infierno de Dante. La consecuencia de ser y ser principio. Corro entre los listones y me pierdo. Así es la poesía. Lo que no ves no existe.


Un camino de árboles, similar a las jóvenes promesas, hace perdernos. Aparecen desvíos, quietud, falta la profundidad. ¡Tengo que salir! La dirección deja de ser un símbolo, se convierte en misterio.


Una edificación, moderna pero antigua, se presenta en el paso. Es la verificación, la hondura. El derecho a ser, por un momento, justo, equilibrado. Está trazada en líneas igual que las palabras de Valente. Palabras herméticas y justas. Pero solo palabras. La verdad del poeta se encuentra en su trabajo. Las palabras llegaron más tarde.


He pasado dos guerras. Aún me quedan miles. Palmeras, la bellota sobre la encina grande. Tengo el camino y no encuentro la puerta. Las fotos no me sirven. Sobre la mesa México, Barcelona, Madrid, Londres. La lucidez siempre es entendimiento. Hay voces y fantasmas, dicen que ha vuelto JRJ. Una tórtola turca se ha posado en el naranjo. Quiere llamar a sus compañeros. Nadie le sigue.



El aperitivo lo tomo con Barrie. Dice que hay una puerta. La boca de ese pozo nos acerca hasta el centro. El cielo es raso y remoto. No llueve. El pozo es luz, ingenuidad, paciencia. Es la creación de Dante, entendimiento. En el pozo los versos que no sirven se arrojan desde abajo. No debes sentir miedo, la caída es vacío, pero también victoria.


El segundo plato, el importante, lo recibo con Francisco Imperial y sus grandezas. El poeta es la suma de la mortalidad. Lo dice TRR. Lo dice con fundamento. Imperial sonríe. Atiende a las palabras de Tomás, mastica el alimento y deja sobras. ¿Hay que creer? ¿Hay que adornar? Se limita a señalar la boca del pilón, donde habita la rana. Es la entrada más pura. Debes cruzar el agua, la propia mortalidad, y vivir en el hueco. Ya dentro el laberinto es muy confuso. Verdadero y exacto. La suma del saber, querer, morir y rescatar. La destrucción nos habla del humor.





Hay un nuevo animal. Ha aparecido mientras tomaba el postre en la terraza. Despacio, con cautela, observó los peligros y las insinuaciones. Es un pájaro extravagante. Nunca le atendí antes. Dentro del laberinto los seres son extraños. El criterio, como las sombras, es la definición de tu registro. Si algún día hallares el tuyo propio agárralo con fuerza, no dejes que se marche. Aunque veas los caminos, el propio centro del bosque, es más importante que atiendas a sus súplicas. Ellas son la verdad y debes trabajarlas. Un día, otro día, diez mil días. Toda la vida buscando una verdad y al final te encuentras solo. Es la ley de las inclinaciones.


Dentro del confuso laberinto, las fotos nos engañan. El sombrero, la barba, el perfume en la carta, los niños a los que nunca quise. ¡Madre si me escucha, perdóneme! ¡Lo siento! Nada parece todo. La nada nunca existe.


Salgo del laberinto con Barrie y con Francisco. Ellos me han ayudado a encontrar la salida. El libro de Valente lo he dejado en el centro, bajo el libro de Dante. Veo el gran tronco marrón de esa encina que aporta bellotas puntiagudas. Al fondo de la escena está el espantapájaros con forma de girasol. Como en Libre de la tormenta, exactamente igual. El poeta trabaja, el poeta crea, el poeta realiza. Me encanta el olor de la flor del mirto. Han sido tantos meses, he esperado un tiempo y al final ha florecido.





Todas las instantáneas han sido realizadas en Siltolá.




© De las fotografías: Jasamaphoto, con la ayuda de Barrie y de Francisco Imperial.

viernes, 30 de septiembre de 2011

64 (Sesenta y cuatro)



Los clásicos son infinitos. Los clásicos alimentan. He perdido las ganas de leer literatura contemporánea.

Voy sumando un libro a la montaña de las obras pendientes. Procuro hacerlo de manera ordenada. La montaña es mágica, como el lagarto o el pájaro. Hay aristas de colores marcadas por un tiempo pasado. Como en la tierra, lo efímero se muere.

Quisiera disponer de un poco más de tiempo pero avisan las sombras. Es hora de estar preparado.

¿Tiene razón quien descubre o quien encuentra? Borges descubrió a Chesterton como el Quijote hizo con Dulcinea. Y el hallazgo no es remanso de paz. El silencio dejó hoy de convencerme. Es una falta de misterio. Un sacrilegio.

¿Dónde está la intelectualidad? Mencionar a tres o a cuatro autores artificialmente y decidir que lo bueno es lo efímero y lo malo es lo trágico. Virgilio no era así, ni escribía así. Barrie y Meredith dicen que acabaron por volverse locos.

Lo culto en España quedó anclado en el siglo XVII. Hoy he visto su manifestación. Y reírse de los matices es como devorar la cabeza de la Medusa. La grandeza no se mide en conciertos, se comprueba en sinfonías. Y la música, no lo olvides, es la tercera inclinación.

La grandeza del silencio está determinada por la autosuficiencia. Pero resulta que el impostor suele acarrear los trastos que los otros desechan. Así encontrarás tu casa repleta de mentiras, de libros falsos y de una imprimación que nubla la mirada.

Yo prefiero a las sombras, los espectros que siguen siendo fieles, fantasmas del pasado que reconocen la autenticidad, el desconcierto. Así vivían los clásicos, a la sombra del mundo. Las ganas de leer a los poetas se perdieron de pronto y en silencio. No hay gustos personales, hay defensa de lo propio, y un error, un miserable error te ha delatado.

He puesto hoy otro libro en la montaña mágica. Fue escrito por Cervantes. En él se habla de una tal Dulcinea, conocida también como Aldonza Lorenzo.

jueves, 29 de septiembre de 2011

63 (Sesenta y tres)



Escribo para poder llenarte la cabeza de ilusiones, recuerdos, destinos. Virgilio reconocía que todos encontraremos alguna vez las palabras mágicas, esas que nos traerán la luna. Un lagarto muy verde se ha plantado a la entrada. Por más que le hago aspavientos permanece inmóvil, quieto, sosegado.

Me alegra que vayan creciendo literariamente mis amigos, los que realmente llenan, los originarios. Otros, como el lagarto, ni se alteran. Un movimiento súbito de la cabeza del reptil es un proceso de admiración, un sentimiento.

Disfruto con cada noticia que me llega. Las poesías completas de Jesús Aguado, las presentaciones de TRR a Juan Cobos Wilkins y Guillermo Carnero, el tablero de sueños de JMJ, los ensayos de Antonio Colinas que podían permanecer inéditos y contienen una riqueza lírica e intelectual de mucha altura.

Cada uno de estos conocimientos facilita la existencia diaria. Son como palabras mágicas que me acercan a la luna. Y es que la luna viaja hacia la tierra y permanece un tiempo, el que necesitamos. Podemos pisarla, tocarla, respirarla. Por cada hecho ajeno aprendemos de nosotros.

Los buenos amigos son osados, como los buenos poetas. Poseen atrevimiento, resolución. Lo imposible existe. En una ocasión, y mientras un poeta realizaba un viaje en barco, otro le preguntó por el secreto de su lírica. A lo que respondió con tres términos necesarios: el tono, la aptitud y la distancia. Aquellos mandamientos de respeto al prójimo también nos enriquecen.

La aptitud se consigue con actitud. El lagarto seguía tomando el sol en el porche. Los ojos ya estaban medio cerrados. Y el color verde se iba tornando en grisáceo.

Un pájaro muy grande ha dejado una sombra inmensa junto al lagarto. Sus ojos dificultaban la comprensión. Los engaños se ocultan mientras cierras los ojos.

No desprecies a nadie. Nunca. No eres quien para hacerlo. Otorga bendiciones y obedece a tu instinto. Lo bueno huele bien. Lo malo, con respeto, viaja hacia el silencio, el lugar donde la luna muestra su cara oculta, la que nadie conoce. ¿Lo has olvidado?

El amor todo lo vence, también lo dijo Virgilio, pero el amor como las inclinaciones se manifiesta en tres versiones diferentes. Vuelvo hacia el lagarto, me he descuidado y se ha comido un matiz.

sábado, 17 de septiembre de 2011

51 (Cincuenta y uno)



Nadie puede ocultar sus acciones. Nada puede esconderse si está hecho. No se da cuenta a nadie, debes luchar contigo. Si llamas a la puerta siempre abro, a no ser que puedas atravesarla con tu sola mirada.

Hay días que me sorprendo. Ando sentado con un libro, conversando con Barrie o con Meredith, o matando hormigas, y de pronto tu sombra resplandece en el cuarto. Como una aparición. Nunca supe realmente que los ángeles negros pasaran por delante con su olor singular. Canela y jazmín.

Amanece. Las cortinas arrestan la luz de la mañana. A pesar del reflejo no consigo ver nada. Extiendo la mano para tocar un poco a Satanás pero no puedo. La justicia del tacto es la mentira. Inténtalo. Acaricia tu espacio, entre el aire y el engreimiento dejarás para otros las virtudes.

Limito un azul eléctrico y una carta a poetas, siempre prefiero a Dante. Se han abierto las puertas, el corazón no necesita de costumbres, requiere acciones. Creía que aquello que no se podía ver no era creíble, y resultó una excusa, no dar la cara a nadie. ¿Para qué necesito el afecto si mis inclinaciones me nutren? La vida es un engaño, una botella medio llena y sin precinto.

Amanece de nuevo. Hoy sale el sol dos veces. En esta ocasión los muertos han partido de la cocina. Se dirigen al porche. Dejan un rastro de flores a su paso, son flores pequeñitas, de colores. Tomo algunas pero no huelen. Nada es lo que aparenta.

Debo pedir a mi madre el bolso rojo de las fotos. Tiene gran cantidad de ellas. Casi son infinitas. El viento golpea mi rostro cuando corro. Respiro. Buscar, seleccionar y observar. Es la lectura. Cuando los niños mueren todas las cajas blancas ocultan sus acciones. Me rebelo con Beatriz. Contra ella. Sin ella. La Portinari nunca dejó de ser una mujer cortés.

Hay un verso de Pablo que se clava en el vientre. Arde. Es pronto para llamarle. A veces, cuando leo algo que estremece llamo, reclamo, solicito. Doy las gracias por ello, y en su defecto, abrazo al primer ángel negro que pase por mi cuarto.

Si llamas a la puerta siempre abro. Debo hacerlo. ¿Lo entiendes? Odio la vida y todas sus costumbres. Acciones de mentira y despilfarro que secuestran los matices. Beatriz no se aparta de mi cuerpo. Este ángel me atraviesa, con la sola mirada.

sábado, 6 de agosto de 2011

La vida alrededor



Una mañana de estas tendré que soñar más de la cuenta. Para ello tomaré prestado de un rincón el libro de tapas oscuras al que siempre acudo y me sumergiré en el sueño. Aunque sea un instante tendremos suficiente. Seguro que si tú tomas el mismo ejemplar, tu memoria y su sueño te llevan a distintos horizontes, a enormes caminos de madera que recorren el cuerpo y la mente.

Y resulta que el libro nos acoge, nos gobierna, nos aplaude. Leer es vivir. Cada libro nos enseña que la vida y los sueños están en él.

viernes, 5 de agosto de 2011

Libre de la tormenta



En los sitios visibles me siento junto al árbol. Miro al cielo, busco a las estrellas y saludo a los pájaros que siempre me visitan. Cuando soy invisible prefiero los garajes subterráneos, su frescor y silencio. La ingravidez del aire. Debo esconderme ahora, la vida me entristece. Las personas que habitan me distraen, me confunden, hacen que esté molesto. ¡No podíais iros todos! Un puñado de libros y nada más. No necesito más.

jueves, 4 de agosto de 2011

The Feelings



La diferencia entre la mala suerte y la sonrisa es el sentido común. Hay que vivir con coherencia. Maldito, bastardo, loco, calificaciones que apartan al más cuerdo de la verdad. Y resulta que se vive en una impostura manifiesta. Y no hacemos nada. Escuchamos, lamentamos, asentimos, y ahuecamos el ala, no vaya a ser que nos tachen de algo que no queremos asumir. Nuestra vida es falsa, completamente fingida. Y con miedo, mucho temor a la actitud lógica.

miércoles, 3 de agosto de 2011

The Face



Después de los naufragios siempre llega Leopardi. Acudo al libro amarillo de Colinas y a la misma página. La ciento sesenta y siete. El pastor deja de ser errante. He quemado las manos con el cristal de la chimenea. Arden. He sentido un brote de calor.