Mostrando entradas con la etiqueta Homenajes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Homenajes. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de enero de 2010

¡Lo fui dejando, lo fui dejando...!



Siempre he dicho que odio a los abogados, a los banqueros y a los funcionarios. Un odio visceral. Algo así como tomar un plato que no gusta. Pero lo cierto, es que acabas comiéndolo.

El otro día no tuve más remedio que almorzar con mi abogado. Muchas cosas pendientes de un hilo, y al final minuta y pérdida. ¡Lo de siempre! No sé para qué nos comemos la cabeza con ello si siempre acaba igual.

Puestos, están en su sitio, en su lugar. Y si es así, será por algo.

El mío es muy gracioso. Derrocha alegría. Es pijo, culto y sibarita. Viste bien (como un abogado), come bien (como un abogado) y va equipado con los artilugios tecnológicos más precisos para desarrollar su ejercicio (como un abogado).

Si le preguntas, ¿Ramón, qué tiempo va a hacer hoy? Te dice, serio y compungido: “Mi Ipod dice sol, pero la Blackberry todo lo contrario”. Entonces no sabes qué pensar.

Me comentó también que los Reyes le habían traído un E-book, y como es tan listo el “gachó”, ya tenía una web pirata con más de quince mil libros de descarga oscura.

¡Cómo son los mamones!

Y la comida acabó con un chiste. Me dice “Sabes aquel que dice…” Y le corto de raíz, “No”. “Pues bien -prosigue-, un señor en un juicio por haber asesinado a su mujer. El juez le pregunta, ¿Y cómo es que ha asesinado a su mujer tras veinte años de matrimonio? Y el condenado responde, Señor juez, lo fui dejando, lo fui dejando”.

Un abogado es un funcionario del destino, de tu destino. Y entre ellos y Cádiz, me quedo con María, la Yerbabuena.



(Dedicado a mi abogado Ramón Carbajal)

viernes, 15 de enero de 2010

¡Todo el mundo no puede ser de Cádiz!



El Gaditano no saluda: Te dice “¡Illo que paza cabeza!”.

El Gaditano no se cae: Pega un carajazo.

El Gaditano no se enamora: Se enchocha.

El Gaditano no trata de convencerte: Te embolica.

El Gaditano no se lanza: Se embala.

El Gaditano no da besos: Te come la boca.

El Gaditano no bebe mucho: Se pone ciego.

El Gaditano no te da la espalda: Te manda a tomar por culo.

El Gaditano no acaricia: Magrea.

El Gaditano no se baña: Se pega una ducha o un flete.

El Gaditano no se alimenta: Se pone púo.

El Gaditano no te golpea: Te mete un zambimbazo o un mascazo.

El Gaditano no tiene amantes: Tienes dos o tres chavalitas.

El Gaditano no tiene ganas de hacer pis: Se mea.

El Gaditano no sufre de diarrea: Se caga vivo.

El Gaditano no corre a toda velocidad: Sale follao.

El Gaditano no duerme: Se quea frito.

El Gaditano no se ríe a carcajadas: Se parte el culo.

El Gaditano no te pide que lo lleven: Pide que lo acerquen.

El Gaditano no es un tipo tranquilo: Es un empanao.

El Gaditano no hace algo mal: La caga.

El Gaditano no pierde el tiempo: Está mamoneando.

El Gaditano no dice voy y vuelvo: Dice en un plis plas.

El Gaditano no habla claro: Te lo dice to a la puta cara.

El Gaditano no se toma una taza de café: Se echa un cortao.

El Gaditano no está nunca cansao: Está reventao.

El Gaditano no ve a una chica fea: Ve siempre a un chocho.

El Gaditano no se enfada: Se mosquea.

Cuando al Gaditano no le sale algo bien: Le están mentando.

La Gaditana no ve a un tío bueno: Ve a un pepinazo.

El Gaditano no es cualquier cosa: Es un ser único y extraordinario.


(Dedicado a mi amigo Ildefonso Díaz, gaditano de La Línea)

jueves, 17 de septiembre de 2009

Una carga es una gloria






Una carga es una gloria, y un tormento es una bendición. No se trata de una lectura evangélica, ni siquiera de un sermón dominical sin misa rociera. Es un hecho real y certero.

Toda carga y tormento hacen que estemos bajos. Son una putada en realidad. Supone un cambio en la vida. Sin darnos cuenta, de un día para otro, todo cambia. Todo fluye, nada permanece igual.

Recordamos el pasado, lo que hasta ayer era vida, ahora entra en un círculo del que intentamos salir. Es difícil. Nos cuesta. No queremos creer que algo ocurre.

Pero la fuerza nos invade. Nos levantamos todos los días con esa ilusión entre engañosa y evidente. Y como un maestro del bricolaje, nos decimos “Todo tiene solución”. Y a veces, muchas, se cumple.

El sentido es nuestro, ponemos la gota sin que el vaso nunca colme. Y el amor, por encima del horror, nos recupera.

Una carga es una gloria. Y saldremos adelante, desde luego.


(Homenaje a mi buen amigo Emilio Calatayud y toda su familia, que en estos días sufren con gloria una delicada enfermedad de su mujer Azucena. Un fuerte abrazo.)