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jueves, 10 de enero de 2013

Sí existe el laberinto



DEL laberinto no queda nada. La casa es normal y han vuelto los pájaros y las arañas. Las bellotas siguen en el suelo. Tengo que recortar las ramas de las encinas que lindan con la fachada. Doy un inmenso paseo por el césped que se amarillea con el frío y retiene la humedad de la oscura tarde.

No hay ningún recuerdo del laberinto. Arrojé a su centro todos los libros y los cuadernos que quedaban. El espejo con marco y el reflejo de la ventana.

Me tumbo a descansar y cierro los ojos. He vuelto a llamar a mi madre. No responde. Mientras ella no esté dejaremos de ser, no estaremos nunca. Le suelo hablar bajito, con un tono ruiseñor y dejativo. Espero un torrente hueco de la ciudad de los muertos que no llega.

Nos cansamos los hambrientos, aquellos que buscamos el alimento en las esquinas, en las azoteas, en los porches. Hemos dado de sí y aquí permanecemos. Ahora estoy tumbado sobre la fría cama de las sábanas húmedas.

La muerte es la falsa cultura, la cultura falsa que diría el rabilargo, todo lo antepone al criterio de sus plumas. Pero la vida es la contaminación, el envenenamiento.

Vuelvo a la infancia. Allí si está mi madre. El laberinto se ha trasladado del porche donde están el pilón y las plantas aromáticas hasta mi vida, hasta mi cabeza.

miércoles, 9 de enero de 2013

No queda nada



NO hay ausencia de paz, hay energía. Me oculto de todos y de todo. Prefiero la soledad al desencanto y ya no concedo ni un rato a los intrépidos. ¿Para qué debo hablar? ¿Hay algún motivo que determine las cuestiones primarias? Dudo de todo lo que escribo y de todo lo que hago. Cada actuación pasa por el loquero y por la cabeza de Pérez Galdós.

Eso es la incertidumbre, la indiferencia o la templanza. He dejado de saber cosas de vos, las promesas han quedado en el cajón con la ira. La nostalgia viaja con la veracidad.

Dudar de sí es magnífico, lo dijo Juan Ramón, y Rilke, hasta Leopardi culminó con indeterminación aquello que creaba. Sigo con la querencia. Desde 1983 viene conmigo puesta, y con Nacho y su cámara (¿o era su guitarra la que hacía las fotos?).

La pena, el aire, las razones. Es tarde. He comenzado a destruir la entrada al laberinto. Pido permiso a Luzbel para subir y me concede una hora al día. En ese tiempo arranco plantas aromáticas y voy destruyendo el pilón.

Apenas quedan libros ni cuadernos marrones. Todos ardieron en la chimenea junto a la leña de dios.

Preparo el viaje, papeleos e historias que determinan una vida. Elijo los bastones que llevaré a Hispanoamérica. Serán apoyos íntegros. Serán como un cuadro inacabado cargado de óleo. Un cuaderno marrón que arde en el infierno.

No hay centro, ni nubes, ni pájaros. Se han marchado todos. Solo destruyo la entrada a la vida. He expulsado a los poetas de la puerta y he colgado un letrero:

NO QUEDA NADA
TODO ES MENTIRA

martes, 8 de enero de 2013

La flor de lis



JUSTO en el instante que se apaga la vida todos somos mortales, nos convertimos en las reliquias de aquellos que dejaron de ser y siguen siendo. Hay una botella verde debajo del cuadro de Pérez Galdós, no está llena. El recipiente nos ilumina con el reflejo de la lámpara de mesa.

Hoy he paseado con I. Ya tenemos a A., E. e I. Faltan justo dos letras para completar las vocales. Y sin ellas las consonantes dejan de tener sentido, ni instante, ni promesas.

No te obligues a hacer, ni tengas la confianza de lograrlo, no ofrezcas tu agradecimiento en algo que puede condicionar media vida. No lo hagas.

Apenas veo si no uso las gafas. He confundido a Parra con Perrault y a Nietzsche con Heidegger. Lo que no se soporta se promete, y así pasas el tiempo convirtiendo juramentos en insinuaciones. ¡Quién fuera dios y hombre al mismo tiempo!

Satanás me ha reñido de manera muy puta. He proclamado una revolución poética en el infierno, en el centro del infierno. También tienen los ángeles recursos. Aquí los marcos de los espejos son marrones, como los cuadernos. En el infierno no hay verdes, ni dos verdes iguales. Todo es negro y marrón.

El almuerzo de hoy, un libro de Boccaccio, una Biblia hebrea y el tratado de Moriarty, ha llegado con una servilleta de motivos del solsticio en tonos marrones y verdes. Existía un fondo blanco que ha condenado el negro.

He plantado una flor en el infierno. La flor de la poesía y la belleza, pero dice Natalia que debo arrancarla. Se ha cansado de verla. Todos somos mortales, hasta la flor de lis. 

lunes, 7 de enero de 2013

Donde empiezan los actos



TODO es mentira. El laberinto, el reflejo en el espejo que tiene el marco marrón, aquellos que aguardan a la entrada junto al pilón, las sombras, el ángel negro sosteniendo flores, las nubes, Satanás que prepara el desayuno y deja planchadas mis camisas, las encinas y el acebuche de la piscina, la azotea de Moguer, la tía Juana, el anillo, las arañas de casa, el rabilargo, Francisco, el árbol de dios, el porche y su mesa repleta de libros de Parra, de Platón o de Rosales. Todo es mentira.

Se nos olvidó comenzar por donde empiezan los actos y pasamos de largo la contemplación. Describíamos el vuelo de los pájaros, la lucha constante con los insectos, pero dejamos de ser un tiempo. El tiempo. El espacio es un dedo que se mueve sin imaginación.

Ahora todo es distinto. Por más que saludo o hago amagos de cariño el aire es la señal de la equivocación, como un indicio. Entonces vuelvo a acudir al loquero para pedir un tratamiento eficaz contra la incertidumbre.

El poeta dejó de ser un tiempo. Es una realidad. Y lo hizo sin espacio. Fue en el justo momento en que creía en él. Y uno debe vivir en silencio y soledad, sin responder al mundo, comenzando las cosas por donde empiezan los actos: el espacio.

Todo es mentira. El tiempo y el espacio. Los actos, la belleza, la vanidad y la contemplación. Las leyes fingen. Los hombres aparentan. Los poetas simulan.

¡Qué no daría yo por morir y estar vivo otra para contarlo! ¡Qué no daría yo!

He tomado el matiz, aquel que entró por la ventana y se escondió bajo la cama, y lo he echado de casa. Llamo a los desvíos, lo hago fuertemente. Para vivir hay que bajar al infierno y hay que quedarse abajo.

domingo, 6 de enero de 2013

Los armónicos



LAS diferentes virtudes que ha de manifestar el poeta en búsqueda del centro indudable suelen venir acompañadas de una ruptura con la armonía. Como un desconcierto, la verdad siempre está articulada con ritmos e imitaciones.

Peligra la estabilidad, los principios, pero es el único camino. Lo idéntico será razonamiento.

La presencia de la naturaleza en el proceso es necesaria. La contemplación es la unión del alma con la naturaleza.

La separación de la utilidad y la inutilidad es el primer paso del proceso. El más doloroso y sincero. El desconcierto lleva a la soledad y la soledad al silencio.

Los frutos, el centro indudable, nunca serán vistos en vida por el poeta. Somos rebeldes, justos y útiles. La poesía se concentra en el centro indudable, y es allí donde un juicio verdadero dará cuenta a los necios, a los valerosos y a los armónicos.