sábado, 17 de octubre de 2009

Antí-todo





¡Escúpeme tierra!



He dicho alguna vez que este Cuaderno es irreverente. Y lo es por lo que escribe su dueño. Exclusivamente. Hoy hablamos de algo y mañana decimos lo mismo con otras palabras. No queremos oír álogos bonitos. Ni deseamos engañar a nadie.

Últimamente, y debido a cuestiones que omito, he descubierto que los poetas somos unos miserables. Miserables en grado sumo. Odiaba a muerte a los funcionarios, pero ahora también odio a los poetas. Me odio a mí mismo. ¡Es la vida joder, es la vida!

Mis razones tendré para escribirlo, mis motivos tendré para decirlo. Argumentos al fin y al cabo que no justifican nada, exclusivamente lo que pienso.

¿Nunca habéis pensado eso de trágame tierra? Pues yo digo, ¡escúpeme tierra! Pero hazlo ahora, que mañana es tarde, y ayer demasiado pronto.

Una película de amor inanimado. Una ventaja decidida en la suerte. La lluvia que cala la fachada. Todo es falso, egoísta y miserable.

Hasta mañana pues, que el dolor de cabeza supera esta dieta blanda que me hace delirar. Pero en conciencia.


viernes, 16 de octubre de 2009

Se busca a Pepe Cala






Se busca a Pepe Cala. También llamado José Cala Fontquernie.


Si alguien lo ve o habla con él, que se ponga en contacto conmigo.


Dieta blanda



¡Qué mala suerte! Mi estómago está como el colador de la leche de vaca. Sí, donde se queda la nata. ¡Qué asquito, la nata de la leche!

Herido por todos los días del año, y por todos los años de la vida, esta parte baja duele, molesta, condiciona. ¡Maldita la hora que declararon inútil total al poeta!

Entro en un restaurante. De los buenos. Y digo, una sopita y un pescado en blanco. Y de beber agüita clara, mineral y de marca conocida, que la Solares sólo sabe a agua.

Y así pasan los días. Las bellezas me miran, y dicen, “Angelito, tendrá malito el estómago, el niño”. El niño, ¡joder con el niño de barbas! Y de postre, una mentita poleo, verde oscurita, que ayuda en el baño.

Esto es vida. ¡Esto es vida! ¿Esto es vida? Estoy de la sopita boba hasta el huevo de avestruz, y del pescaíto en blanco hasta la armeja de Ridao (¿de Ridao? lo siento José Miguel, si pones “almejilla” en Google, el primero en salir, un servidor, usted en cuarto lugar).

Mientras unos sueñan con lo que deseen soñar, para qué vamos a exponer aquí cuestiones privadas que respeto, yo en cambio no dejo de pensar en un buen plato de lentejas, un solomillo de buey y unos erizos cojonudos. Regados por ese vinito fresco que quita el sentío.

En su lugar me lamento con dieta blanda. ¡Y tan blanda!


jueves, 15 de octubre de 2009

Ex Corda



Llevo todo el día pensando en el huevo de Cotta. La verdad. No puedo remediarlo. Que un amigo se opere de un huevo (aunque sea el del juicio) me pone nervioso. Y entre revueltos y revueltos Ridao se come todas las almejas del mundo, o del mar. Las “armejillas”. Ha saltado la rana en el viejo estanque, chops, ha saltado de nuevo.

Romano se empeña en inmortalizar a unos personajes arcaicos y gustativos, que darán mucho juego a su Cuaderno. El “profe” promete. Y lo hace tanto como el viejo estanque. Jurado dice que Obama es Obama, y que el premio conseguido no se lo merece ni a la derecha ni a la izquierda. Es negro.

Y entre negro y mulato, nos quedamos con la mulata de la presentación de Siltolá que quitó el aliento a más de uno, como la ceniza de los muertos.

Muchos amigos me han pedido en alguna ocasión que coja mi barco y los lleve a alta mar, para poder arrojar las cenizas de sus familiares. Así no los controla nadie. Y echar los restos del muerto entre las olas, además de poético, satisface.

Una vez, un día de oleaje, al desprendernos del cuerpo desmenuzado, una inmensa ola golpeó el casco del buque. Con tan mala fortuna que en mi ojo acabó una mota de ceniza de huevo de fallecido. La reconocí por el olor a descomposición extrema. Otra vez pasó lo mismo, pero la ceniza que se posó en mis labios era de pezón de jovencita doliente.

Cuando me baño en La Caleta y trago un poco de agua me digo: “¡Qué estómago tienes Menéndez!”


¡Qué se jodan los feos!



Todo lo que sabemos y todo lo que decimos nos supera. Nos hace deambular, nos distorsiona. A veces alguien descubre que a su vida llega un invitado, pero el descubrimiento se realiza exclusivamente por correo postal.

Dicen los seguidores de este Cuaderno que muchas veces no escriben álogos porque no entienden las entradas. ¿Hay algo que entender? ¿Hay que comprender para dejar un álogo?

En cambio descubro que elementos curiosos y términos de tres al cuarto han provocado una centena de visitas. ¡Qué contradicción!

Una verdad no podrá ser nunca olvidada. Al igual que un murciélago desarrolla su visión nocturna, la escritura es un camafeo en el pecho de una dama. Bello y efímero. Siempre acaba en una caja de joyas inoperantes.

Querer. Decir. Leer. Comprender. Ese es el fundamento de la blogaduría. Ocurre que el tiempo avanza tan rápido, y las tecnologías superan a la propia creación. En 2.018 el e-book ganará al soporte en papel. Eso dicen los expertos. A nosotros nos cuesta. Pero ¿quién iba a decir hace unos años que los seguidores de este Cuaderno no entendían las entradas?

Mientras tanto, ¡qué se sigan jodiendo los feos!


miércoles, 14 de octubre de 2009

Nostalgia de Joyce



Siempre pensé que B.E.C. era un partido político irlandés. Unas siglas agresivas, una cara larga al comentarlo con los amigos, una falta de aliento o un remolino salvaje.

Los fugitivos se precipitaron en su actuación. Yo no envío miradas, hago cosquillas y tengo que confesarlo.

Delante de mi casa ha parado hoy un camión. El paso es estrecho y era una mudanza. Alguien que cambia de vida. Voy a lo justo. No quiero cambiar más de lo que puedo. Tu sonrisa no es mansa, es deprimente. No hay notas sociales en las paredes, tal vez en los buzones.

Aún así quiero estar seguro de todo lo que hago, de todo lo que digo, de todo cuanto escribo. Te entrego las llaves de mi vida para que abras, para que tomes un fragmento. Es muy fácil reírse, y muy difícil el llanto. No soy incomparable, tal vez efímero.

Por eso digo B.E.C., y lo repito, B.E.C. No se te ocurra Besarme El Culo.


martes, 13 de octubre de 2009

Carnaval de Cádiz: En defensa del Cuplé






En los últimos años, y debido principalmente al carácter más competitivo que artístico, los autores de las letras del Carnaval de Cádiz no le dan el valor que merece, tiene y necesita el cuplé.

Hablamos de los coros y las comparsas. Las chirigotas van por otro lado. Se debe saber que en las chirigotas los cuplés tienen más valor para el jurado que los pasodobles. Y el tono jocoso y divertido de las letras de estas agrupaciones (chirigotas) hace que tras una actuación no se modifique ni el tono, ni el mensaje, ni siquiera su propia esencia.

Pero nos preocupan realmente los cuplés de las comparsas y los coros. Su puntuación es menor que la del pasodoble o tango respectivamente, y por tanto los autores dan menos importancia a ellos.

Baste hacer un recorrido musical del último año y escuchar pasodobles enormes en las comparsas (el de la Muerte de Juan Carlos, el del Crucifijo de Quiñones) y tangos magníficos en los coros (Cumple ya cincuenta o Bienvenidos a todos, ambos de Julio Pardo y Antonio Rivas).

No me gustan los cuplés que se hacen ahora. Rompen la barrera del arte, dan menosprecio a la agrupación, y por mucho que los seguidores rían, aplaudan o griten en la calle o en el Falla, están muy lejos de la calidad literaria y artística que el Carnaval de Cádiz merece y tiene.

Los autores de las letras (y de la música) de coros y comparsas deben tomarse más en serio los cuplés. Y aunque sean eso, cuplés, levantar el listón del puro arte, para beneficio de todos. Música a tono y letra aún más a tono. La risa no está reñida con la seriedad, ni con la calidad, y mucho menos con el arte.

Diría que han rozado la vulgaridad los cuplés de los últimos tiempos. Y aunque no otorguen tantos puntos, el Carnaval está por encima del jurado, por encima del reglamento y por encima del propio Cádiz. En sí es Cádiz.