viernes, 31 de julio de 2009

Médico de las palabras



Hoy me han confundido con un traumatólogo. “Oye, ¿tú eres traumatólogo, no?. Pues no, indiqué serio. Fue en la playa, hace unos minutos. Hoy me he ido con mis hijos a cenar a la playa. Se estaba de miedo, hace unos segundos he vuelto.

Un traumatólogo es un médico. “Entonces, ¿no eres médico?”. Me ha vuelto a preguntar una señora joven. “Es que me duele la espalda?”. Y por aquello de la deformación profesional yo he entendido la espada. El filo de la espada. “Pues no. Soy médico de las palabras”. Y me he quedado tan ancho.

Después me he arrepentido, cuando ella, sonriente, se ha acercado y me ha dicho “Menos mal, Javier. Una señora de 72 años ha tenido un problema grave, y le he dicho, no se preocupe que conozco a un traumatólogo. Y menos mal que no sabía cuál era tu piso, si no, te la mando”.

Un piloto de Iberia, un asesor, un contable, y un traumatólogo de las palabras, además de un corredor, en la playa, a las tantas de la madrugada. Se hablaba de toros, de futbol, de niños, y de vida. Pero no de vida literaria. No comprenden.

Un mundo es un desconcierto. Y una vida es un misterio. Aunque seas médico. Médico de las palabras. Que curas con estrofas, las heridas del alma.


jueves, 30 de julio de 2009

A la morena



Soy un horror, no tengo remedio. Mi hijo mayor (dieciocho años) me odia, me imita, me quiere. Nos hemos escapado un rato de la vida. Nos hemos liberado. Hemos cenado muy requete bien. Hablar con tu hijo mayor es como hacer novillos. Lo dejas todo para última hora.

Y ahora estoy tranquilo y solo. Leo diversas entradas que no me gustan. Tan repelentes como ellas. Otras en cambio me atraen una barbaridad. Esto es un coto cerrado de caza. Y me he quedado sin cartuchos para la escopeta. La escopeta nacional. Los hay iguales, siempre escriben lo mismo. Y por muchos seguidores-anónimos-lame culos, nada de nada. Literatura de la bazofia, o no sé qué ven algunos en ellos. Tal vez, que están porque son, y son porque están, y por eso, deben ser. Y no son. Nunca serán. Morirán extasiados, abandonados de la vida y sus miserias.

Pero no me reprimo. No puedo reprimirme. Las justificaciones que me hacen algunos me las traen al pairo, o mejor, a la morena. A la morena que he visto en bikini, y no me veas.

¡Serán desgraciados! ¡Acojonados! ¡Desagradecidos! Lo que hay, no puede haber otra cosa. Y desde luego nunca serán, porque no son. Nunca han sido nada. Nada de nada.


miércoles, 29 de julio de 2009

Ilustración Familiar



Paseo por las calles y escucho los ruídos, todos y cada uno. Las voces que no me hablan pero que vivo. Un señor grita, la ventana está abierta. La televisión muy alta y hasta la música de los anuncios anuncian a los transeuntes. Una joven cuenta a sus padres lo que ha hecho hoy. He escuchado hasta los cubiertos arañando los platos de una tardía cena.

Es madrugada y sigo acompañado de esas voces que evitan mi soledad por la acera. Sigo silbando. Las manos en los bolsillos, y a veces un pitillo en los labios. Hace calor todavía.

No dejo de pensar, no dejo de imaginar el interior de cada escena. Es una revolución industrial doméstica, la ilustración familiar. Y sueño, llego a mi destino y me tapo. A pesar del calor tengo frío de esta vida.


martes, 28 de julio de 2009

Es gratis



Hay días que descubres que lo tienes a tu alrededor tiene mucho valor. No le has dado su sitio, su lugar, y descubres que llegó la hora de hacerlo.

Piensa por un momento que cuando criticas o envidias, lo que haces es definir tu propio entendimiento. Eres la persona que debe estar allí, o que debe tener algo. Eres tú, siempre debes ser tú, aunque no los seas.

El valor de tu alrededor está en ti. En la naturaleza. Valora, aprende, gratifica. Y sobre todo sonríe, que es gratis.

Y llegará el día en el que puedas valorar, con objetividad, el propio ser.


lunes, 27 de julio de 2009

Mientras me vas dejando al descubierto



No creas que escribo para dios. Aunque dudes, y a veces confundas las personas, y pienses que una entrada se dirige a quien tú crees. Y maldigas tu investigación y tu curiosidad. Y digas que te metes donde no te han llamado siempre. No. Nunca es así.

Lo que escribo es tuyo, es para ti. Sí. No pongas cara de torta. Ni de sorpresa. Es tuyo. Siempre. Hay que ser un poco más inteligente, y cuando decía lo de la inmadurez me refería a lo mismo.

Tengo que hablar contigo. Debo decirte cosas. Siempre es lo mismo, y descubro que hay que hablar. Hay que decir. Debes tenerlo claro, porque lo voy teniendo, ¿o tal vez no? Es muy difícil acertar mientras me vas dejando al descubierto.

Desde luego, mis amigos suelen ser gente honrada, créetelo. Háblame si tú quieres. Ordeno y mando nunca.

Pero no te confundas, nunca te confundas. No ha bajado la libertad aún y ya me llamas. Será que el tiempo es corto. Será que mendigas las palabras y el único bien que me domina es el dolor.

No tengo más remedio que seguirte, no vivo sin ello. Y ya no es tiempo, es verdad.


domingo, 26 de julio de 2009

Lo Superfluo



Una gran historia es la vida de una persona. Los hay que tienen extravagancia, otros en cambio suelen salir airosos siempre, y algunos disminuyen su fertilidad con el engaño y la pasión consternada.

Esta es la historia de los engaños que vivimos, o mejor sería decir, con los engaños que nos hacen vivir. Con la Gripe A todo es un problema. Tenemos miedo, pánico, incertidumbre. Lo que no queremos recordar es que en el siglo pasado, y en este, miles de muertos han sucumbido por las pandemias de gripe. Y ahora, algunos laboratorios fabrican con encargos multimillonarios millones y millones de vacunas, amén de haberse cargado el turismo en México. ¿Qué nos hacen? ¿Qué sabemos realmente?

Todo es una farsa, una gran farsa. Es la política del no querer y no saber. Obama tuvo que pedir disculpas de un comentario ayer. Y pidió disculpas a la prensa, no fueran a tacharlo. ¡Qué farsa! Nos engañan con circunstancias irreales que nunca hemos vivido y por las que nunca hemos pasado.

Ocurre lo mismo con la Literatura. Nos engañan. Nos falsean nuestros entendimientos con creaciones fáciles, de las que dicen los “críticos” gloria bendita de ellas. Y cuando acudimos a su encuentro nos llevamos un gran chasco. ¿Puede ser así? Claro, siempre es así. Nos hacen ver lo que no es, nos recomiendan el interés. Y discutimos tan solo de lo superfluo.


Enrique Barrero