domingo, 20 de junio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XLIII)



Hoy dios ha izado la bandera de la muerte en La Caleta. No estaba Juanito “El Ardentía” y ha tenido que apañárselas solo con la cuerda y la altura. No tiene vértigo, tiene vergüenza, dos cojones bien puestos y ganas de hacer las cosas medianamente bien.

¿Errores? Todos los del mundo, como todo el mundo, pero nunca se esconde. Ni se tapa los oídos cuando le hablan, ni aparta la mirada en los bajos momentos.

Llora Cádiz. Es la crónica de una muerte anunciada. Ni Saramago resucitando en Lisboa hubiera hecho cambiar el destino del viento de levante.

Antonio Muñoz, vete con la fruta de tu madre, y llévate a unos cuantos contigo. El paro y la miseria se multiplican en los autobuses de la segundabé en la Playa de La Victoria.

Sobre el mástil dios ha dejado una paloma encima de la calavera. Hasta los chinos cierran negocios en Cádiz. ¡Faltan güevos!


viernes, 18 de junio de 2010

Jesús Cotta y Juan A. González Romano

Cadión (Elogio de la Irreverencia XLII)



Nath ha venido a visitarme. ¡Cómo suena mi Custom! Se ha enterado que he perdido la media vida que me quedaba y ha hecho una visita.

Aunque mañana duerma en Madrid, el sábado estaré en Londres. Dice ella que he tenido mala suerte, y le respondo que la vida es el síntoma del odio. Todo por hacer y nada por dejar.

Una circunstancia es una aproximación y entre dos actos sólo queda el misterio. Aunque dios reprocha mis actos yo los apruebo. Odio la palabra valores y no permito que se repita el término en hechos esporádicos.

Poesía es sinónimo de placer y cuerpo de elemento. Venir de México a España sin escala es la fase de un neutro. Todo lo permitido es deuda aunque lo contraído se retorne al mismo fin. Debo decir adiós a muchas cosas.

Y aunque faltan palabras en el diccionario (ya se enterarán ustedes), la visita se agradece.

Me jode no tener una nevera para ofrecer hielo. Pero un whisky sin hielo sabe a gloria, derrocha eternidad.

¡Malditos mosquitos! La conquista se deshace como el agua. Y el whisky caliente aporta el calor que otros otorgan. Siento el dolor en la lengua, en los labios.

Está más gruesa. Ya no guarda régimen. La carne es el producto del pecado, y en demasía apenas se soporta. ¡Mira que soy desagradable!

De esa media vida apenas queda un cuarto. La justa medida del desengaño. La que no impresiona y reconoce. ¡Mucha suerte Ángel Mendoza! ¡Mucha suerte Tomás R. Reyes! Es la suerte quien nos proporciona ejecución.

Ahora debo dormir. Y no respondo. Escucho pero no oigo. Determino. Una visita que esperaba pero no imaginaba.

Todos duermen. Mi casa no es la casa de dios. Somos un estado laico. México sigue siendo de los cabrones.


jueves, 17 de junio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XLI)



Hay que establecer una diferencia entre los poetas del mundo y los poetas mundanos. Los primeros suelen ser personas normales que soportan la carga del verso en sus espaldas. Los segundos son ordinarios de lo absurdo.

Una sobrecarga de tensión a 380 ha destrozado la media vida que me quedaba. Los electrodomésticos han pasado de ser del mundo a ser mundanos. Hay que tirarlos. ¡Qué absurdo!

Me preocupó el césped. Ya se han arreglado las electroválvulas y pueden seguir recibiendo su porción o fragmento de agua. Un aporte para evitar la sequía. Que me quede sin tele da igual. ¡Para lo que hay que ver!

Estar en el mundo es casi eterno. Y eso que dios oye hablar de sobrecarga y sale corriendo. Como si su vida estuviera compuesta de fases y de neutros.

Cuando ocurra otra vez lo mismo los técnicos han establecido un sistema para llevar a la tierra la subida de tensión. La pobre tierra soporta, mundanamente, todo lo que sobra en exceso. A veces hasta recibe versos impropios y ordinarios.

He recibido el segundo libro de poemas de Olga Bernad. Una joyita envuelta en versos limpios. Una obra de arte propia de los atareados. Se ha superado, Olga se ha superado. Hasta dios ha tomado el libro entre sus manos y ha dicho con el tono de Jurado: “¡Esto me gusta más que lo que he leído hasta ahora!”. Y tiene razón, las caricias ya son historia.

Un poeta del mundo debe comunicarse con los poetas mundanos, aunque sea en lenguaje de signos o en morse. Nunca se entenderán y el proceso estará incompleto.

Los poetas del mundo son fases, y los mundanos neutros. Pero por favor hasta 240 soportamos, un poco más nos determina siempre.


martes, 15 de junio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XL)



Dice dios que puede aparecer y desaparecer cuando, donde y como desee. Le he pedido que acuda a algún acto en mi lugar y sonría. Pero por favor, le he rogado que no hable. Tiene ese tono de voz entre Jurado y Gamoneda, que a veces asusta.

Hoy he corrido hacia los pájaros. Estaban destrozando los tomates. La vida del hombre se reduce a reír, correr y aconsejar.

Me perdí en la A-472. Iba para la A-477, pero un corte en la carretera hizo que nos desviaran. A la derecha y a la izquierda de la A-472 sólo hay girasoles. Un prado verde, amarillo y rojo. Las amapolas incipientes dan el toque multicultural.

Lara se parece una barbaridad a Cristina Rosenvinge. Y ambas guardan una semejanza con Guadalupe Grande. ¿Hace veinte años, tal vez? Y veintitrés también. La correspondencia epistolar de absurdos. Escribir y escribir para no recibir una respuesta. Ni un mero silencio escrito en folio en blanco.

La música de Lara no se parece en nada a la de Cristina. Lo comercial no quita lo valiente. Recuerdo tantas cosas, en tantos momentos, que he pedido a dios si puede retroceder el tiempo, hacernos regresar a La Rábida.

Dice que no. Perdió su poder cuando decidió bajar al mundo. Pisa el suelo y huele a húmedo.

Los poetas aparecen y desaparecen como el agua en julio. Aunque la realidad dice que el poeta de agua mineral nunca sonríe.


lunes, 14 de junio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XXXIX)



Es pésima la envidia en la literatura. Muchos apuntaban y escribían sobre ello en los últimos días. Creo que se está produciendo una transformación importante en la sociedad. Ahora los envidiosos son más envidiosos.

No estoy conforme con los artículos de diferentes medios, como el de El País, este fin de semana sobre la nueva poesía. Están cerrados. No hay aperturismo, no hay opción a lo evidente. ¿Será la envidia? Evidente envidia. La ocultación de la realidad es un mal poético. Tanto crear, alabar, cantar y generar, para quedarse anclados en la imprecisión.

Por fin he mantenido una conversación con dios sin prisas. Estaba cansado. Muy cansado. Me reconoció estar bien, tranquilo. Bien alimentado y entretenido. No se arrepiente para nada de haber venido a vivir conmigo, aunque –argumentó- soy un mal compañero.

Dejó la eternidad para bajar al mundo, estaba hasta los mismos de las que él denomina “cazadoras de pitos”. Llegas al cielo cuando es la hora de la verdad, y les recibes con agrado, haces de anfitrión. Presentas a los más cercanos, les acoplas y resulta que ven en él un poder inusitado y un atractivo divino.

La envidia otra vez. Esas “cazadoras de pitos” no saben que en la eternidad no hay sexo. Y si lo saben les interesa más el poder que el placer.

Cansado de sufrir “acoso” eterno buscó a un delincuente de la palabra. Y acabó como acaban los simples, con la evidencia de la envidia.

Es un tío genial, este dios tiene golpes de Gil de Biedma. Es tan arcaico que a veces me pregunto de qué hablará con el pastor de las ovejas. Lo comento y me dice que las ovejas ni hablan ni desean el poder, y desde luego no escriben poemas.


viernes, 11 de junio de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XXXVIII)



España está muy mal. Fatal diría yo. Entre tanta desidia y mayor ausencia de recursos, lo que nos queda es esperar, o tal vez visitar esa isla desierta y quedarnos permanentemente, hasta la muerte, en la misma.

Hemos dado un paso atrás de veinticinco años. Ni uno más ni uno menos. Es una vuelta a empezar. La tuerca se nos ha quedado en los bolsillos.

Dicen los expertos, que Rajoy en la Moncloa también tendrá sus tropecientos asesores, consultores y equinoccios. Aquellos que ahora alaban la píldora deben tener salidas dignas, y donde está la mejor dignidad sino en el propio consentimiento.

España se hunde. Y lo hace con las miserias propias de un país retorcido, acabado y falto de credibilidad. Esto ya no es lo que era. ¿Qué culpa tenemos todos de la gestión de un inepto? ¿Cómo es posible acabar así, y en este tiempo?

La solución en sus cabezas, en sus personas, y en sus bolsillos. Los ayuntamientos no tienen para pagar, las comunidades no tienen para pagar y nuestro sistema financiero soporta la deuda de un país sin recursos y sin vida.

Tal vez sean las últimas reflexiones de un gaditano en La Caleta. Las últimas, por no decir las mismas que acabaron con nuestros propósitos de enmienda.

Yo ya tengo la isla, y allí me quedaré, sin internet, sin miserias y con calabacines como puños para poder comer verdura y pajaritos (con arroz están geniales).

España agoniza, las últimas bocanadas están regulando nuestro asentamiento mientras permanecemos impasibles, improbables, in eternos. Una verdad como un proverbio, y un sentimiento generalizado de desesperación. Morimos sin que nadie sea capaz de asegurarnos si quiera el sacramento.

La isla, muchas islas, o la misma, para nuestra verdad, la única existente en el camino. Veinticinco años son muchos, y esto huele a podrido.