En primer lugar, debe ser de un talento
extraordinario, porque la virtud no acompaña fácilmente a las inteligencias
lentas; luego, debe tener un empeño que le incite a la búsqueda de la verdad.
La comparsa no pasea por las calles, aparece en la palabra. ¿Estilema
o ridículo? Si tu amor por la literatura es verdadero: fidelidad; si solo
buscas que se fijen en ti y hablen de ello: chirigota.
La excelencia de la palabra es virtud, es amor al silencio y a la
soledad. Lo demás es maniqueísmo.
La armonía por el valle, que escribiera Leopardi. Suena el Capriccio Diabolico (Omaggio a Paganini) Op. 85. Y en ese
instante: Frecuentemente me despierto
huyendo de mi cuerpo. (Plotino, Enéada
cuarta).
Aquellos que siembran almas, dejen de hacerlo, la huida no es ascenso
ni descenso, es conocimiento.