lunes, 15 de septiembre de 2014

Corbatas




Desde hace algunos meses entrego a mis hijos mayores las corbatas que dejé de usar. En las últimas semanas les he regalado relojes, gemelos y otros elementos del vestir masculino. No uso nada, no utilizo nada.

Recuerdo el poema Balance. Lo tengo grabado a fuego en la cabeza e intento dulcificar lo amargo de la vida, pero es imposible.

Un periodista cultural consulta a unos poetas sobre la poesía de alguna provincia andaluza. Y cada cual respondió a su propio entendimiento, a su propia sabiduría. La edad de oro de la poesía andaluza dejó de existir hace años, ahora casi todo es rancio y empalagoso, de hace un siglo que dijo el más avispado.

Hay poesía andaluza que huele a naftalina, a ropa vieja, un perfume de Mercadona.

Reparto mis pertenencias mientras encargo estanterías a un carpintero para llenar el pasillo de libros. Apenas queda hueco para la propia vida, apenas queda nada.

El acto de donar es sinónimo de presente. El hecho de imitar es pasado, y el pasado no existe. No hay poesía innovadora en esas provincias andaluzas. No hay que sorprenderse. El olor a tiernos recuerdos nunca será futuro.


sábado, 13 de septiembre de 2014

El vaso del dolor




El corazón es el vaso del dolor. Lo dejó escrito María Zambrano. Todo cuanto permanece se ofrece, se manifiesta, es otorgado en la necesidad.

En los últimos meses he conocido la revelación de la palabra a través de la claridad, de la luz. Las personas no cambian, como tampoco cambian sus aptitudes. El cabrón seguirá siendo cabrón hasta el fin de sus días. Y el amor nunca les llega. El vaso del dolor se contrae.

Signos, figuras parecen así ser como gérmenes de una razón que se esconde para dar señales de vida, para atraer. (Zambrano)


jueves, 4 de septiembre de 2014

Filólogos




Los malos filólogos hacen todo lo contrario a lo que deben: consiguen que se odie la literatura.