lunes, 17 de mayo de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XXIII)



Descubrir que has fracasado como hombre es una sensación extraña. Una mezcla de Gil de Biedma y Antonio Gamoneda. Comprobar lo que has tenido ocasión de hacer, lo que podría haber sido y lo que ha sido. Y ha sido mucho pero también nada.

El fracaso es la sensación del perjuicio. Una indemnización sin recibo de vuelta. Volver a lo mismo de manera gratuita y hacer constar las sombras. Nunca sale el sol si es primavera.

La creación es un fracaso constante. Nadie puede pensar lo contrario. Hacerlo sería desmesurado. Sería como entender a Platón sin argumentos.

La creación es fracaso. Y el fracaso enriquece. Porque llega un momento que deja de ser fracaso. Es virtud, tono, armonía, ritmo.

Mientras el hombre asimila su funesto ser, la creación se enriquece del fracaso para hacerse grande. Eterna.

Y dicen que es poesía (eso cree dios). Lo siguen comentando. Se escuchan las campanas que anuncian ese malogrado sin sentir, sin vivir, sin ser.

Una verdad es grande cuando se ha hecho pequeña con anterioridad. Creer lo contrario es un error. Y el fracaso es necesario para vivir y sobre todo, para crear.


viernes, 14 de mayo de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XXII)



Amanece y se pone con el sol


Esta crisis nos mata. Nos hunde. Salimos a correr para despejar el fondo e intentar conservar la forma. El ritmo acaricia la leve brisa de la mañana. El tono es constante.

Si avanzamos en ritmo es posible que los lectores no consigan graduarse la vista. Si modificamos el tono las líneas horizontales pasan a ser verticales e incluso, pueden molestar los árboles del campo.

Ha saltado un conejo. Puede ser una liebre. Ni siquiera ha mirado. No se ha dado cuenta que los pasos en el asfalto eran constantes.

Las pisadas de dios estremecen el arcén.

Hay que tener ritmo y tono en la cabeza, como si de una melodía se tratara. Vivir con ello. Amar con ello. Shakespeare nunca fue capaz de asimilarlo. Otra opción. Era otra opción, pero no acertada.

En esta época del año las aves dominan el cielo. Hay unas, con la cola azulada, que se dejan caer en el aterrizaje.

Es un vuelo tan suave que su visión nos enriquece, nos determina.

La forma es bellísima, el fondo repleto de contenido (nada amplio por cierto), el ritmo leve y el tono constante.



Pues no nos vengan con que eso es poesía

miércoles, 12 de mayo de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XXI)



La forma determina. La forma nos delata. La forma del tradicional lenguaje poético cae en su propio error. La forma se acaba y el fondo prevalece. ¿Qué es un fondo sin forma? ¿Un fondo sin forma real, y meramente artística, puede llevarnos al engaño?

La mayoría de los poetas cuidan la forma. Están faltos de fondo. Hacer coincidir forma, fondo, ritmo y tono supone el clímax lírico, la verdad.

Cada día que pasa veo menos. Si acerco a mis ojos unas letras pequeñas veo nubes. Visión nublada, poesía cansada.

Dios utiliza gafas de lectura. Ha exprimido tanto a Parra que confunde su forma con el fondo.

Dos topos pequeños han muerto en la piscina. Se han ahogado. Como un mal poema han oprimido su forma en el fondo de la piscina.

Y ahora quiere jugar al ajedrez. Se ha quitado las gafas, dios ha dejado las gafas sobre la mesa. Me ha ahogado. No ha valido el jaque pero ha impedido que mueva ficha.

En la vida moderna no se juega al ajedrez. Ni se utiliza la forma del tradicional lenguaje poético. Se imita. Se corrige. Se ahoga.

Recuerdo “Después de la muerte” de Gil de Biedma. Recuerdo versos. Los vasos de vino (blanco) junto a la piscina y la apagada explosión de tu cuerpo en el agua.

Como dos topos ahogados. El poeta y dios se miran. Hay distancia, falta el tono.


Cadión (Elogio de la Irreverencia XX)



La verdad es el cúmulo de ofertas que nos presenta y regala la vida. La verdad es el recuerdo, la poesía que deja de escribirse y siempre permanece. Un encuentro definido por la creación sin contar con ella para realizarse.

La supresión de los comentarios personales en el proceso de creación es acertada, es rigurosa, pero no es verdadera. El artista no puede ocultar su rigor y su experiencia. Utilizar el idioma, el lenguaje como vehículo, deja paso al desengaño. El idioma es el medio y es la esencia.

Todo lo demás se corrobora. La teoría de Parra sobre la histeria y la frustración es completamente cierta. Eso es la poesía. ¿O tal vez la antipoesía?

Poesía es antipoesía y viceversa. Es verdad.

Dice el callista de Tomares que un amigo abre un nuevo bar en Sevilla. Muy cerca de donde trabaja Julio, más cerca de donde vive Romano. El establecimiento se llamará Cadión.

¡Menudo honor! Comenta dios que ya tendremos un lugar para regar la eternidad. A unos cuarenta kilómetros de casa, de la isla, pero un lugar verdadero.

La experiencia determina la creación y la experiencia tiene que ser contada. Es la verdad.


lunes, 10 de mayo de 2010

Cadión (Elogio de la Irreverencia XIX)



Dicen que dios es amor. Amor infinito. Y es el amor lo que destruye al hombre. Tal vez por eso se haya afectado tanto.

Reconoce que creía haber leído “Es la mujer la que destruye al hombre”, pero no, es el amor. Entiéndase el amor como algo eterno e inmutable. Entiéndase como se quiera, aunque sólo existe una forma posible en el amor.

Eusebio me acaba de regalar el libro dedicado con la “H”. No la puso intercalada. Ya existen suficientes conciencias intercaladas como para delimitar la ignorancia con una justa palabra muda.

Pero en esta ocasión no era la palabra justa. Era un añadido, un pegote de letra, bien legible por cierto. Caligrafía de cuerdos o ignorantes. Caligrafía de cuadernillos antiguos.

Siempre he defendido al remedio como una de las causas más importantes de la creación. Ocurre, que el remedio existe hasta que deja de ser remedio y se convierte en rutina. No bajemos la guardia. El cansancio lleva implícito un proceso.

Después de dar todo en una vida, que es eterna, y decidir poner en barbecho su existencia (se ha venido a vivir conmigo), resulta que dios duda. Pero la duda enriquece al poema. La duda determina su grandeza, la duda hace eterno al hombre.

Conformarse en el remedio y en la duda. Así vivimos. Jadeamos esencia. Reproducimos verdades.

Lo he cogido del brazo y hemos dado un paseo por Siltolá. Al llegar le he dicho:

“El poeta es un simple locutor. Él no responde por las malas noticias”
.


Cadión (Elogio de la Irreverencia XVIII)



He tenido mala fortuna, mal ángel –como dirían algunos-. Dejé un libro encima de la mesa del comedor y al llegar por la noche, a dios le ha afectado. No para de repetir una frase de la antología de Parra. Y la repite de nuevo, es una obsesión.

Tienes el apellido de tu padre, y sigues viviendo de él. Poeta hombre o poeta mujer. Mal nacido. Ignorante. No puedes construir dos frases con sentido y publicas poemarios que papá o mamá recomiendan. Un día no muy lejano en la presentación de un libro tuyo, un desconocido te solicitó una dedicatoria. Se llamaba Eusebio, y le has colocado la “H” a ese nombre. ¿Y escribes poemas? ¿Eres capaz de articular una simple conversación indeterminada?

Me está cansando y poniendo nervioso la dichosa frasecita de dios. ¡No tuve que haber dejado el libro!

En el proceso de la creación no intervienen muchos factores, aunque creas lo contrario. Factores escasos, pero mucha alma, sentido común y remedio.

Se han muerto las mimosas. En su lugar he plantado un abeto y una falsa pimienta. ¿Habrá suerte?

No perdamos la suerte, pero tampoco dejemos que crie malvas. La fortuna es un bien escaso desconocido.

Se ha acercado dios a mi despacho, y en voz baja ha repetido la frase:

“Es el amor lo que destruye al hombre”.