miércoles, 21 de mayo de 2014

Condena




Mientras suena Corelli recuerdo las palabras que escuchaba los lunes de Loreto. Acudía al instituto y ella me esperaba en un viejo banco de madera. Esa primera hora, incluido un café, nunca se hizo eterna. En clase se sentaba delante. Olía su cabello y a veces se volvía con una sonrisa que duraba un instante.

Hablábamos de vida, solo de vida. No existía nada más ajeno a los momentos.

Subo el volumen del tocadiscos para tener más presente a Corelli. Saúl me recrimina, está cansado hoy.

Llueve. El ruido insistente del agua en las tejas asusta a los insectos. Permanezco sentado en el sofá con Alianza y condena. Es curioso, alianza y condena.



Astilleros




Lo último de María




No existe la muerte




Tras la ventana, decías a mediodía: No existe la muerte. Y te creí. Conjugué todos los verbos en presencia de Luzbel, engañé al rabilargo al final del camino y dejé caminar en la tierra a las hormigas y en el aire a las arañas.

Si Loreto está presente no existe la muerte. Acaricio el anillo. En los bordes ennegrece, en su perfil brilla. Apuro el último sorbo de hielo antes que se derrita. No existe la muerte. Repito la expresión mientras pienso en el pasado, que no existe.

El reflejo de la luz de la lámpara evita que corrija el poema. Hay ausencia de luz.

Bienaventurados aquellos que se llaman poetas, de ellos es el reino del infierno. El cielo, como el pasado, no existe.


domingo, 18 de mayo de 2014

El rabilargo




Con derecho a tanteo




El hombre desconoce si mañana dejará de llover o, en cambio, la tormenta más fuerte de la historia sacudirá de ofrendas su destino y el tiempo. No existe el azar, es un engaño. Todo cuanto acontece está ya escrito.

Hasta ahora he jugado al tanteo. He pedido las cartas y con ellas llegará la verdad aunque otros la eviten. Las conservo. Las acaricio y les hablo esperando que un día me respondan.

Las arañas me pican. Los pájaros ya no tienen miedo. Las hormigas no corren. Un rabilargo inmenso se ha posado en la mesa del porche. Ha comido un poco de pan y me ha mirado, no ha emprendido su vuelo.

Sigo leyendo a Claudio en su presencia. Sigo leyendo a Claudio. Sigo leyendo.