sábado, 7 de julio de 2012

Los reflejos de la belleza


LEOPARDI admiraba la creación sin consuelo. Aquella que se realiza en el conocimiento de su propia limitación. Y esa búsqueda nos lleva al infinito, a su divisa, a la majestuosidad. El infinito es el centro del bosque. Sus puertas abiertas admiten a la muerte oculta, al consuelo escondido.

Hoy me he sentado en la hierba a contemplar la tarde. Permanecen los pájaros, los insectos, los árboles, las flores y sus colores. Tengo que elevar la cabeza para ver a las nubes. Pero nunca molesta, condiciona la propia esencia.

Entre todas las cosas visibles en la naturaleza se ha de alcanzar la luz, la tierra y la amenaza. La creación es el acto armónico que comienza en domingo. La amenaza es la palabra. Pero en el acto puro. En la limitación y transparencia.

Los poetas no son iniciados, son contempladores, admiradores, figuras armónicas. Limitados y finitos. Reales. Hay que ser consecuente para entrar en el centro.

Una estrella en el alba viaja del Catch Club hacia la realidad. Novalis sigue buscando el infinito. No encuentra sino cosas. Es su espacio imaginario, en su palabra, la creación indudable.

La palabra se edifica si has llegado al domingo. Justo en el mediodía. Mes de diciembre. Allí deslumbrarán los reflejos de la belleza. Solo en ese instante.