martes, 8 de octubre de 2013

Era de Mallorca




Espero sobre la silla, frente a Pérez Galdós. Levanto la mano y hago un gesto compasivo y elemental: ¡Puta vida!

Sigo esperando. Doy un sorbo al café y acaricio mi cadera izquierda. Busco a ese amigo con el que sueño y dudo. Leo a Platón por el amor a la seguridad, y a Parra por el consejo que es virtud, a Juan Ramón por el amor a la poesía.

Wiesenthal se encierra para escribir el Rilke definitivo. Nos guarda la luz que es misterio.

Pequeña, pequeña, pequeñísima. Me escriben, me llaman. Ya no respondo a las insinuaciones. El mundo me resbala, la poesía ajena me hace reír, la verdadera me acojona.

Y aun así espero. Seguiré esperando. Lo siento si no comprenden. Saúl responde con un acercamiento, el número 13 con una copa.

En la cajetilla de tabaco quedan tres cigarros: uno lo entrego a Satanás, otro a Gil de Biedma y el último lo enciendo. No lo disfruto. Apago pronto el cuerpo. Recito las Mariposas negras de Ropero y el verdadero hombre de Mariscal ante un público exigente y prohibido.

Dudar de Juan Ramón es negar la literatura. Opinar de la certeza es como negar al negro de Cela. Se apellidaba Llompart. Era de Mallorca.

 

domingo, 6 de octubre de 2013

La cara sucia




Esta mañana los gatos han bailado a mi lado. El negro, el de la cara sucia, ha rozado la cola con la pierna y he sentido un prudente escalofrío.

Platón consideraba que todas las cosas nacen de sus contrarios. Y entre ellos existe un doble proceso generativo que posibilita el paso de uno a otro. Así entre un agasajo y una ofensa se encuentra la alabanza y la humillación.

Para que exista la poesía deben estar presentes los contrarios relacionados entre sí por el deseo y la verdad, por la razón de la palabra auténtica.

No te quedes con aquello que no te pertenece. Los siniestros no poseen el doble proceso y eliminan aquel que nunca les conviene.

El indolente número 88, aquel que murió a manos de otros indolentes, indicó en su agonía: Aléjate de los siniestros. Y lo cierto es que eliminé el rastro de todos aquellos que eran incapaces de aceptar la dualidad en el alma, en la propia alma. Busca lo correcto, nunca lo conveniente. Lo conveniente es mundano, erróneo.

¿Los signos de violencia del indolente número 88 eran realmente manifestaciones de odio o de repugnancia de sí mismo?

Nunca existirán dos opiniones iguales en poesía. Lo que para unos es alabable en otros resulta chocante o incorrecto. ¿Dónde radica el punto medio? En la armonía, en la calibración de la justicia y en la propia humildad.

Los indolentes que atacaron al número 88 no dieron tiempo a la defensa, ni a la palabra. La simple expresión de la mirada hizo desaparecer el cuerpo diminuto de un indolente que venía con prisas y misterios.

He preguntado a Saúl, en diversas ocasiones, por este hecho concreto. Se limita a leer a Aristóteles y a defender la filología. Hoy Saúl tiene la cara sucia.

 

Stand by




jueves, 3 de octubre de 2013

Me has pillado dando vueltas al recuerdo




Siento el movimiento (Diego Cantero)

P




El único indolente que entendía de poesía, el número 13 que en realidad era el 4, al que solía llamar P (010), hablaba de coherencia. Aprovechaba la mínima comunicación para manifestar su interés en el aprendizaje de la posición más lógica, lo consecuente es lo originario y el poeta debe caminar por el mismo camino durante toda su vida.

Cualquier alteración, despropósito o insolidaridad con la misma coherencia personal llevará al poeta hacia la no poesía, a la ruta engañosa ajena a la razón de la palabra auténtica.

Siguen ardiendo las líneas de las manos, toco las piedras e invito a P a un diálogo coherente.

La armonía mantiene y sustenta los acordes. Sin conveniencia, sin engaños, sin vanidad, con el único alimento correspondiente. Sin imitación ni agrupamientos.

Llega Diego y se sienta junto a P. Ambos compensan la poesía con la mesura del entendimiento. Sostengo las alteraciones. Mi cuerpo mantiene el equilibrio en la rama de la encina. Caen bellotas de las ramas más altas, esquivo y observo como se desprende la palabra del acto.

P no se cansa. Habla, recita los versos de Parra con afecto y devoción. No es más que un indolente.

 

Diego en Libertad 8: "Quédate"




martes, 1 de octubre de 2013

El designio




Dejo de admirar las bellotas en el suelo. Siguen corriendo las hormigas por el filo que separa la tierra de la losa. Buscan un alimento como el frío, una intención. Desde arriba los insectos aparecen minúsculos.

Cuando somos pequeños nos traen y llevan de un lugar a otro, empujan nuestra vida mientras vamos tumbados o sentados. Después elegimos la esencia o la pureza, la vanagloria o el descrédito. Si se acerca el final de nuestra vida volvemos a sentarnos, otra vez nos llevan. Dependemos del acto de la misericordia ajena para ser accesibles.

Y da igual quien haga presión en nuestro cuerpo, las estirpes existen y todas se relacionan en el centro de la misma unidad: el orden de la razón. Observaba a una sudamericana llevando a una anciana en silla de ruedas. La señora ha vuelto a nacer. De muy joven sus padres movían el carrito con su cuerpo.

La comprensión es inteligencia. Si la poesía es trascendente percibirá la realidad, sin, en cambio, es impetuosa dejará de mover las articulaciones.

Imágenes, fantasías, verdades, sucesos sin explicación que a la vista de los seres humanos quedan en nada. Sigo observando las hormigas, sus actos, mueven a sus seres heridos y los ocultan de la vista del peligro. ¿Alimento o socorro? Una intención, tan solo es un designio.