jueves, 17 de enero de 2013

Círculo de Poesía (México)


Se puede ver AQUÍ (Pinchando la foto).

La mejor virtud



CICERÓN sigue empeñado en encontrar las cosas que les faltan a las personas para ser más felices. Tanto Bruto como los aquí presentes le aconsejamos que deje de aplacar el alma, que permita el caos y el albedrío. Que la desigualdad suele ser efectiva, al igual que el desconcierto.

Pero el de Arpino es cabezón como él solo. Discrepo. Le invito a visitar el confuso laberinto y a que descarte a cuantos se denominen amigos. La realidad es un término presente y el pasado no existe, dejó de ser.

Me angustian los males, el dolor y el desencanto. Abandono Madrid y me despido del pasado. Aquello que dejó de ser es ahora distante. Aparto la apariencia y busco la razón. También en la opinión se encuentra la pobreza, y el absoluto es una adversidad, como pretender ser feliz una noche de diciembre.

Dirijo mi vida hacia el desorden, el caos común como alimento que tanto anhelo. Camino hacia la poesía en silencio y soledad, al sacrificio que consigue el único placer. Amo cada día más a Platón, es un sabio nobilísimo. Me he acostumbrado a su voz que nunca beneficia, ejercita.

Y así ni soy feliz, ni moral, ni valioso. Abraza la impresión, la necedad es la mejor virtud de los no poetas.

miércoles, 16 de enero de 2013

Un poema en fina lencería



UN poema. Un simple y vulgar poema. Llevo semanas leyendo a Cicerón y aparece un poema en un cuaderno azul. Es el azul marino que mancha cuando sudas las manos.


NO has parado de hablar
desde septiembre.

He apagado las velas,
tomé una moneda
para lanzarla al aire:
ser o estar,
felices o instruidos,
desapego o mentira,
bien o abundancia.

Ha caído de canto.


Vuelvo a Cicerón. Aprendo más de sus contradicciones. Cuando cansa su obra recibo a Marco Aurelio en lencería, en fina lencería que confiera unidad a la propia promesa.

 

martes, 15 de enero de 2013

Dividiendo los deseos



ES tan difícil abandonar el mundo, olvidarse de unos y de otros, romper, desapegarse. Si esa es la voluntad viva el entendimiento. No hay cosa más real, no existe nada más allá de aquella afirmación.

Dejar de ser para poder ser, dejar de existir para vivir. Romper el espejo, quemar el laberinto, su centro y su templanza, las flores aromáticas, los nidos de los pájaros. Prescinde de todo aquello que te hace ser para poder estar en el infierno.

He tomado el bastón, la cámara de fotos y el sombrero. Subo al infierno. Está arriba, muy arriba, más allá de las nubes, de los pájaros, de las estrellas. El infierno es un tiempo verbal sin descendencia, un debate, una finalidad.

Como Cicerón y Epicuro, dividiendo los deseos. Acudo a una exposición de pintura, es la inauguración. Una copa de vino y algunos canapés. Después un corto sueño en una habitación con ocho camas.

Ni estudio ni cultivo la filosofía, el plato fuerte de la comida no ha resultado un alimento. Acacia, Jesús, Antonio. Siempre estaba Platón. En Madrid hacía frío, se extinguía la felicidad que nunca estaba al alcance de todos. ¡Qué malvada virtud!

Y el día que amenazó la muerte, sobrevino la huida.

lunes, 14 de enero de 2013

De Twitter



Solo entonces seremos



DESDE el aeropuerto de Fiumicino llegamos a Madrid. Ana nos esperaba en la sala donde se recibe el aire. Nacho tuvo que volver al avión, había olvidado unos presentes.

Tomamos un taxi. Ana y Nacho marcharon a casa. Volví a la pensión del Prado. Paseé por la Gran Vía respirando España. Tomé un ABC y apunté los actos culturales para comer un poco. La vuelta a la rutina. La necesidad de alimento. La desesperación.

Al día siguiente Luis Rosales me esperaba en su piso. Le llamaba don Luis aunque a él le gustaba que le dijeran Camacho, o Rosales Camacho, recordaba la infancia.

Existe una diferencia entre escribir y leer, entre el desencanto y el desapego. Se asemeja a un cuadro, a un paisaje bucólico con Homero en el centro del lienzo. Siempre está Homero, su obra y la fortaleza. La lectura clásica es el acercamiento al desconcierto, a la histeriagrafía.

He arrojado a la chimenea todos los folios y cuadernos que contienen Fábula. No me gusta hacer preguntas, ni aspiro a soñar con la mujer que amo. Simplemente posteo y me identifico con los pájaros, con las nubes. Desde lo más alto de la encina, aquella que tiene el fruto puntiagudo, respiro.

Mientras arden las páginas dejamos de ser. El papel tiene poca esencia, la celulosa provoca humo, un humo oscuro que deja de buscar el espacio pues lo posee, lo precisa.

Dejamos de ser cuando somos, cuando no vivimos en sí sino en otro. Seremos en el desapego, exclusivamente cuando somos conscientes de que todo es mentira, hasta nosotros. Solo entonces seremos.