miércoles, 25 de septiembre de 2013

Acaba manchándose




De los indolentes aprendí que la poesía no se pone por el este ni sale por el oeste, que la poesía se escribe en todos los países, que ella se aprende universalmente –como diría Juan Ramón-.

De los indolentes descubrí que existen los siniestros, que intentan reducir nuestra visión al mínimo, que los círculos cerrados son erróneos y las fabulaciones imprecisas, distantes e ineficaces.

De los indolentes comencé a valorar el verso libre, a justificar la ética por encima de la estética, que la poesía que no te levanta de la silla ni es poesía ni nada, tan solo un ejercicio ajeno a la indolencia.

Cuando dudo consulto, si esa interrogación se convierte en principio no creo, y fabrico justificaciones para acercar a dios a lo preciso.

De los indolentes concebí que quien menciona el “yo” no me representa ni hace lo propio con la poesía española contemporánea. Lo coetáneo deja de ser justo, sin silencio ni soledad, sin moralidad.

Sale fuego de nombrarte mientras los gatos arrecian sin cola la interpretación. Enciendo el cigarro. Pienso. Quien escribe o habla o resucita con un “yo” no me merece.

Fumo para joder la pintura del salón con el humo. Acaba manchándose.

 

martes, 24 de septiembre de 2013

Una equivocación




Solo observo siniestros. Como si las pupilas retuvieran imágenes sombrías y falsas. Hoy estaban en Arcos, en Jerez. Los círculos se estrechan.

Los siniestros han engañado a la poesía contemporánea. Aquello que merece la pena y es verdadero, lo ocultan. Solo hablan de ellos, de sus correligionarios, milicias de berenjenas. Mucha estética y poca ética. Son como el reflejo de Cosmopoética, nada se fundamenta, ni hay peso ni literatura.

Que en Arcos de la Frontera no ha nacido un poeta como Julio Mariscal Montes es una verdad tan grande como un templo. Aunque los otros no poetas de Arcos intenten tapar lo mejor de su obra aún inédita.

El falso dios me engañó. El falso indolente indujo a la apariencia. El gato sin cola fue una ilusión.

Vengo a decir que lo siento. Tengo ya muchos motivos. Llamo a Satanás. Acude con premura. En la cama mantiene el hueco de salvación pero está asustado. Los poemas de Parra le escandalizan.

¿Dudas? ¿Sigues dudando? Mira a tu alrededor. Si alguien habla de sí, de su obra o de sus actos, es siniestro. Aléjate del mundo, la vida es mentira. Una equivocación repleta de falsedad.

Vengo a decir que sin dios todo está permitido.

"El libro de los indolentes (1. El encuentro en Camarinal)"



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lunes, 23 de septiembre de 2013

Los números primos




Siempre quedará el índice en la página errónea. Debemos convencerlo que su lugar es otro, junto a los números primos.

Cuando una bellota cae al suelo los insectos aprovechan la fragilidad para atacarla. Las pequeñas hojas de encina que bajan de las ramas sirven para albergar pequeños habitantes. Se pegan en el piso, cuesta tanto moverlas que acabas de rodillas arañando las losas y las llagas.

Hoy la tierra es un índice, sin números ni agua. Hoy la tierra fabrica su propia antigüedad.

Platón es la figura que refleja la sombra, el humo de Anaxágoras, la proporción Heráclito. Dice don Nicanor que olvide a Saúl y le respondo con un verso:

A veces sueño que moriré despacio.

Busco el índice del contrato. Señalo lo pasado, destaco el presente. Tacho el futuro, junto a los números primos.

 

domingo, 22 de septiembre de 2013

Sin sistema




Hoy han pasado de largo los pájaros. No han bajado la cabeza para observar las verdes bellotas del suelo. He recordado a Ovidio y a Platón. Aquello que no es podrá llegar al caos, pero nunca al sistema.

Inventaron un sistema para amamantar mutuamente a sus semejantes. Y lo cerraron. No permiten ni cambios ni energías. La vida es una farsa, una comedia grotesca, una tramoya.

Piso las bellotas. Su crujido salpica las losas y atrae a las hormigas. Saco con la mano un sapo que ha caído al pilón. Acaricio su piel suave. El sistema es una desorganización.

Si aparece la luz bajo la persiana. Si el amor llama a la puerta echo el pestillo. Si el cariño, el calor o la bondad se plantan delante, me doy la vuelta. Todo queda en nada pues nada es suficiente.

Bebo agua. Agua fresca. La música termina sin descubrir los matices aunque vuelvo a reproducir las pistas.

Busco a Saúl, al indolente número 13. No están. Han dejado de ser. Paseo por el césped con el cigarro. Miro los pájaros que vuelan en lo alto, junto a las nubes, y que no paran en casa para descansar. Limpio las casitas verdes y las blancas de las encinas. Introduzco un poco de alimento en cada una de ellas. No bajan. Vuelan.

Esta noche he dormido bien. Me levanté a las seis y salí a pasear con el bastón. Los gatos iban delante, a una distancia prudente. Miraban para atrás pero no hacían otra cosa.

 

No es el mío




Nadie podrá ceder. Nadie podrá creer. Nada me inspirará. Me despido de todos los indolentes y de todas las personas. Alejo al gato y al pájaro. Considero que he hecho el imbécil con la errónea compañía, en la contemplación de la misma naturaleza que a nuestros ojos apenas se desvela.

Enciendo y apago la luz. El reflejo deja ver a los insectos junto a la pantalla de la lámpara. Hay bellotas en el suelo del porche, bellotas por todas partes.

Se marchó el gato. No ha vuelto a aparecer. En cambio si un pájaro canta y se posa con descanso en alguna encina, le disparo y cae fulminado en el césped. Deseo matarlos a todos. Los vivos y los muertos. Incluso disparo a aquellos que ya han caído inertes.

No merece la pena esta vida, ni el contrato, las amistades son falsas, la familia es un gran error, consecuencia de nuestro propio fallo. Las amistades fabrican afinidad y despecho. Dejó de existir el respeto, y las insinuaciones.

Márchate. No se te ocurra quedarte en absoluto.

Ha caído un sapo en la piscina. Lo tomo con las manos y lo arrojo al skimmer. Pongo allí otra pastilla de cloro y muere. Se retuerce mientras agoniza. Viene Saúl y soy violento con él. Lo expulso de casa. Le arrojo todos los libros de la estantería amarilla. La dejo vacía y desnuda. Nada ni nadie me inspira. Este mundo que corre no es el mío.