sábado, 19 de febrero de 2011

Los ostiones del vituperio



Le llamaban el Mourinho de los ostiones. Vivía en la Viña, en la calle San Félix. Se sentaba en la puerta de casa en un banquito de madera. Siempre iba con una gabardina que tenía más mierda que la pantalla del portátil de la churrería Manteca.

La palangana repleta de ostiones a sus pies. Con la navajilla tenía un vicio de arte. Y no le faltaba la clientela. Lo visitaban hasta los científicos del Viagra para conocer su secreto. Dos ostiones abiertos con la fina hoja, cinco euros. Y se garantizaba el cumplimiento. Las parientas lo compraban para sus compañeros. “A mi Pepe le doy los ostiones y noche loca de vituperio”.

Un día le hicieron una oferta irrechazable. Por descubrir el misterio de sus ostiones le daban una barbaridad. Y aceptó. Les entregó la gabardina.