lunes, 5 de noviembre de 2012

Dudas



EL arte no puede ser justificado, la poesía menos. No debemos rectificar, ni igualar, tampoco probar con convicción ajena los actos de los otros. Es un error. No podemos defender, si asumimos lo ajeno perderemos lo propio.

La evidencia es un grado formado por virtudes y cambios. Está repleta de dudas, las mismas que llevaron a los poetas a su propia desesperación. Definitivamente todo es mentira, la duda es la comparación de lo bien hecho.

He retirado el vinilo de Platón del centro del laberinto. Lo he llevado a casa. Allí podré escucharlo cuando quiera y como quiera. Tomo el primer volumen de sus obras completas en papel que trajo Ana, Platón nos desespera.

La justificación, el error, las dudas. Atribuimos conceptos de unos a otros. La lectura es necesaria, la lectura es evidente, pero hay que saber leer. Hay que reconocer que la lectura nos genera más dudas. Dudas positivas. Dudas al fin y al cabo.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Los otros mucho menos



ESCUCHO a Mozart, en vinillo. Hay ruidos de fuerza que nos hace inocentes, no hace nosotros. A lo lejos sigo oyendo la voz de Platón en la distancia. Estoy en el laberinto, dentro, pero no puedo llegar a su centro. Es imposible.

La imitación nunca será conocimiento, ni siquiera poesía. La imitación es la vulgaridad, la teoría de la reminiscencia. En Zambrano, Colinas, incluso en Juan Ramón existe ese grado de imitación que nos aleja. En Rilke, en Leopardi, en ellos se observa esa imitación a Platón que nos ha confundido durante toda la eternidad.

Platón sigue hablando en el centro del laberinto. Oigo sus palabras secas y extenuadas. Son repetitivas pero correctas. No es sabiduría es naturaleza. La misma conexión que mantienen los críticos de poesía con los gusanos naranja de la infelicidad.

Doy un salto muy grande. Puede más la curiosidad que el desconcierto. Vuelvo a saltar. Se pretende estar presente con las publicaciones y éstas son el componente del error. Silencio y soledad, ajeno al mundo, ajeno al mundo literario, me repito mientras sigo saltando, quiero ver a Platón.

En un arrebato de rabia cruzo entre el romero. He pasado a la zona de la lavanda. Huelo a mirto. Platón se oye más cerca. Vuelvo a dar un salto pero nada. Araño mis piernas y los brazos cuando cruzo entre la lavanda. Estoy cerca del centro del laberinto, muy cerca. El mirto es más voluminoso, hace más daño a la piel. Mucho más daño. Me arriesgo.

En el centro del laberinto no estaba Platón. Era una imitación. Un vinilo con su voz da vueltas y vueltas. Ahora escucho a Mozart. No está Platón. Todo es mentira. Todo es mentira. Todo es mentira. Nada es lo que parece ser. Ni siquiera Platón. Los otros mucho menos.

Cadena Ser (4/11/2012)


CADENA SER ("A vivir que son dos días") (4 de noviembre de 2012).

Escuchar AQUÍ.


Humo negro



CUANDO llegas al centro comienza todo de nuevo. No has encontrado nada. Debes adentrarte en el laberinto, aquello que impide el paso y te ejercita. Solo una persona se encuentra en el centro del laberinto. Se llama Platón. Nadie más lo ha conseguido. Muchos lo han intentado. No han tenido suerte.

Hay que ver el daño que le han hecho a la literatura española los críticos afamados, los que se lo creen y los que escriben. Han levantado catedrales sin cimientos y han profanado su propio nombre en vano. ¡Serán imbéciles los ignorantes! Uno muy carajote comenzó hace años a remover la esencia de la poesía española, y creó su propio manifiesto, un cúmulo de hacedores de versos que no sabían escribir poesía. España se llenó de mierda entonces.

El laberinto es bellísimo. Romero, lavanda, mirto, menta. Plantas aromáticas que forman figuras geométricas. A una altura considerable, unos dos metros. No divisas nada. La voz de Platón se escucha a lo lejos.

El suelo del laberinto siempre está seco. Las hormigas, las cochinitas, los escarabajos, habitan en él. Hay gusanos que se arrastran como esos críticos de poesía. Son naranjas, viajan despacio debido a su enorme vanidad.

El laberinto es la búsqueda, la esencia. Como el llanto de un niño que no puede dormir en la madrugada. El laberinto es la línea de la analogía. La superposición.

Enciendo un cigarro, aspiro. Expulso el humo frente a las plantas del laberinto. Fumo para descubrir que en España no existe la crítica literaria, lo que hay es humo, humo negro y bisiesto.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Es Platón



NO hay mayor belleza que la contemplación de la naturaleza. Es el verdadero centro, el final de la búsqueda indudable. Los pájaros, las nubes, el verde en sus tonos singulares y diferentes. Amo el agua, odio el aire. Descubro el fuego en la mera observación.

Son los orígenes del sentido primero, la naturaleza en una integridad sin diferencias.

Amontono la leña para el invierno junto al porche. Allí habitarán los animales que buscan en los troncos un refugio, un escondite. Mancho las manos de un tono inusual, casi negro y marrón. Contrasta la verdad con la mentira del aire. ¡Falso aire!

La agenda de los teléfonos con la foto de Nacho, un ángel negro sosteniendo flores, arde en la chimenea. No hay humo. No hay nada. Apenas se divisa la contemplación junto al calor del hogar.

Miro la naturaleza. Alejo los males y las pastillas. Escucho un sonido permanente. Es la verdad, el centro. Es Platón.

miércoles, 31 de octubre de 2012

"Teoría de las Inclinaciones" en Papel Literario


Leer AQUÍ.


Ljubljana




ORDENO las cartas de Ljubljana. Son inmensas. Están cargadas de desesperación. La voluntad del hombre supera todo cuanto manifiesta.

Sobre la mesa de cristal he dejado los nuevos ceniceros. Son de madera. Uno azul y otro verde. Cuando apago el cigarro en ellos se eleva el sabor de la simple verdad. Ya no hay conocimiento, ni centro. Me aparto de aquello que rodea al círculo. Busco los pronombres, abandono los verbos.

La poesía está cargada de gremios. En ellos no hay futuro. Ni siquiera presente. El poeta dejó de ser artesano para convertirse en mercenario de sus propios versos.

Son casi cuarenta cartas fechadas en un espacio temporal corto. Tres años. La falta de respuesta motivó el abandono. Es la ley de la meditación. Lo intentas pero acabas cediendo.

¡Mercenarios! ¡Inútiles mercenarios! Al final no podréis acabar con la violencia, ni con el infierno, y mucho menos con las cartas de Ljubljana.