martes, 22 de mayo de 2012

El aire de la espontaneidad


EN los momentos de la espontaneidad, cuando llora E. o canta N., en ese justo instante, la unión es la comunidad de la razón de la palabra. Uno toma decisiones que no gustan a nadie. Se anulan los viajes, dices no a los músicos, rompes los cuadernos marrones repletos de esperpentos de poemas, vendes los libros de poesía que recibes y son malos por naturaleza.

En la comunidad investigar es un descubrimiento. La cadera se ha roto definitivamente y, aunque puedo andar a contratiempo, todo es contra, nada es tiempo.

Calmo la sensación de dolor con la cicuta de la contemplación. Observar, meditar, ver. Después de la tormenta llegan los muertos. Vienen con sombras aladas. Me separo del suelo estando enterrado en la tierra. Me han regalado una vela muy grande que arde en la mentira. En la noble mentira.

Se acercan los topos con sus hocicos picudos y feos. La retórica es un diálogo que persuade la vanidad. Ser poeta es un fin sin medios. Si te sirve de algo, he escuchado por el altavoz los nombres de unos necios que dicen que firmarán los ejemplares de la mediocridad. Quienes practican la verdad se divierten con la falsedad de llamarse, de ser, de no ser, de la contrarréplica.

Un crítico moderno me aconseja la lectura de El Banquete. Le indico que El simposio, junto al Fedro, forma parte de la histeriagrafía. Somos legendarios, inútiles escapadas de humo. El espacio que permanece entre la realidad y la justa persuasión.

En los momentos de la espontaneidad lloran los acebuches. Desprenden una flor amarilla como el verso de Espinosa Vargas, como las bragas de Berta, de la pobre Berta. Todo está manchado de amarillo.

Soy feliz en los momentos de la espontaneidad. Cuando la compañía me sobra. Las llamadas dejo morir en el teléfono, y los amigos, ah los amigos. ¿Amigos? Mentiría si no dijera que voy despacio, que sigo sentado en esta silla azul, descolorida, que aparento estar tranquilo, que sigo temblando, que el aire que respiro es el aire de la espontaneidad.