martes, 17 de marzo de 2020

Día 3



Anoche tuve un sueño. En él aparecían las personas que habían provocado esta pandemia en el mundo. Y lo más sorprendente es que ellos se habían vacunado hacía meses contra el virus. Son los mismos que llevan décadas destruyendo los valores morales, los que intentan generalizar la degeneración, son unos poderes que, por un momento, resultaron visibles en mi sueño. Transparentes.
Un nuevo día. Igual que los anteriores. Poco o nada ha cambiado, la rutina en silencio que se rompe a los ocho con los aplausos. Espero que el mundo cambie, que nos abandonen los pesimistas, que hagan lo propio los optimistas, que solo permanezcan en él los decepcionados. Cioran escribió algo así, o parecido, esto que indico no tiene mérito. Pero es lo que pienso en la propia decepción.
Leo El Quijote, no solo me entretiene, sino que me alimenta. La diferencia entre entretenimiento y alimento es grande, es decepcionante. Evito cualquier lectura contemporánea. Cuando tomo un libro actual entre las manos se me aparecen los rostros de aquellos que han provocado esta pandemia, esta degeneración, esta inversión de valores hacia el optimismo y el pesimismo, cuando lo que realmente importa es la decepción.
Hoy llovía. De forma desigual, pero llovía. Salí a pasear con la excusa de comprar y seguía lloviendo. Cuando alguien me habla escucho su voz de forma diferente, con eco, como si esa voz habitara en un segundo o tercer plano, y el tono, ese eco, tuviera consonancias metálicas. La voz también decepciona. Los optimistas publican en las redes. Publican en las redes. En las redes. Decepcionan.
El silencio es el inicio de nuestra decepción.