jueves, 11 de abril de 2013

¡Bahhh!




MIENTRAS escuchaba al zorro blanco pensaba en el embelesamiento de los poetas de ahora. Ya lo dijo Platón en la caverna. O Parra al teléfono. Y todos los demás que nunca mienten ni discuten.

El peligro es un acto que aparece después del desayuno. Decir la verdad tiene su precio, el mismo que desprecian los no sinceros cuando utilizan el yomimeconmigo como acto de fe. Como silencio falso que nunca condiciona. Sí, amo la poesía, odio a los poetas. La circunferencia del círculo es proporcional a su grandeza, y círculos hay pocos, los justos, los valientes, los que nunca mienten ni se agitan el miembro para congratularse.

La noble mentira es el falso pasado, aquello que poseen los ignorantes. Dejo a un lado las manías y hasta las instituciones. No se salva ni una. Cultura barata de las instituciones. ¿Pactos? ¿Trópicos? ¡Qué falsa es la vida! Aquel que escriba un verso y se acerque al zorro blanco vivirá para siempre, el que prefiera a la persuasión para corresponder, vivirá como nace: sin la templanza de Platón.

Decía Juan Ramón en Ideolojía: La humanidad está montada (toda) sobre un frágil andamiaje de infinitas mentiras pequeñas. Pero, amigo, ¡cómo resisten estas pequeñas mentirillas reunidas!

Y prosigue el poeta de Moguer: La mentira está en la verdad como la verdad en la mentira. Porque, o por eso, el mundo es al mismo tiempo tan verdadero y tan falso.

Todo está en tus venas, en la sangre del pequeño zorro blanco que se repone en las caídas y busca el aire en la desesperanza.

El pequeño zorro blanco, aquel que ya no se refleja en el espejo que tiene el marco verde, es eterno, las cosas relativamente bellas. Hay que equilibrar, armonía. ¡Armonía! ¡Harmonía! Platón sonríe desde el porche de la entrada. Ha encontrado a la comadreja que se escapó y la tiene entre sus brazos. La besa, la acaricia, la abraza contra sí. ¡Armonía!

Y dijo Parra: ¡Bahhhhhhhhhhhhhhhhh! –Pero muy largamente-.